Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
30 Madrid LUNES 6 12 2004 ABC En los confines de la capital, muy al sur, subsiste un barrio que hace no muchas décadas era pueblo. La escasez de oportunidades para los jóvenes, la inseguridad y la precariedad de las viviendas les llevan a dudar a sus vecinos de si realmente pertenecen a la gran urbe San Cristóbal se rebela contra su marginación TEXTO: CARLOS HIDALGO MADRID. Piso de 90 metros cuadrados, 235.000 euros. Necesita reforma Este anuncio, encaramado a la luna de un comercio de San Cristóbal de los Ángeles, olvida un pequeño detalle que no estaría de más que los compradores potenciales conocieran: la reforma consiste, ni más ni menos, en que el edificio donde se encuentra la vivienda puesta a la venta debe ser derruido completamente. Por si este barrio del sur del sur de Madrid, enclavado en el distrito de Villaverde, no tuviera suficientes problemas, la vivienda se ha sumado a la larga lista de reivindicaciones de sus 16.000 vecinos. Pese a que se trata del distrito con el precio más bajo por metro cuadrado de los 21 en que está dividida la capital- -el único que no llega a los 2.000 euros- las parejas que han nacido en el barrio, cuando se independizan, lo hacen en otros municipios de la región, aun a riesgo de que la hipoteca sea mayor que si se quedaran en San Cristóbal. ¿La razón? Los terrenos arcillosos sobre los que, al menos, 800 de sus 6.000 viviendas se encuentran construidas, que está tatuando de grietas los pisos, hasta el punto de que algunos de sus bloques llevan años desalojados, mientras actúa el Área de Rehabilitación en la zona. Los representantes vecinales confiesan que, por encima de la inseguridad, ése es el principal quebradero de cabeza de estas gentes, que desde hace unos cuatro años han visto, además, cómo la población inmigrante que ha desembarcado en la zona se hacina, a veces, en un minúsculo piso, donde pueden llegar a vivir hasta 30 personas. De hecho, la población extranjera ha cambiado de arriba abajo la fisonomía del barrio. Su incidencia en las estadísticas, siempre frías, delatan que un 35 por ciento de la población del barrio no es de procedencia española. Rumanos, chinos, dominicanos, ecuatorianos, árabes y un largo etcétera de nacionalidades están convirtiendo a San Cristóbal en el Lavapiés del sur de Madrid. En la práctica, mucho más caliente que los números, la convivencia se está viendo alterada por el contraste de costumbres, tan alejadas y tan cercanas a la vez. Para algunos, la situación no es tan asfixiante, principalmente, porque los inmigrantes se relacionan y forman grupos en función de su nacionalidad Pero, ¿se trata entonces esta paz artificial de una real integración? Para otros no está tan claro. Los españoles quedan para fumar porros; los dominicanos son los peores, porque van mirando desafiadamente; los marroquíes le echan el ojo a las mujeres y pasan drogas, y también hay ecuatorianos y colombianos afirman dos chavales de 17 años, que aseguran que éste es el panorama que pue- Un momento de la manifestación que tuvo lugar el pasado mes de octubre de observarse por las calles y plazas del barrio. Los vecinos autóctonos denuncian las continuas fiestas y borracheras que algunos de los extranjeros protagonizan, sobre todo, de madrugada. Hay rumanos que se juntan para beber indiscriminadamente, con niños e, incluso, con la cabra afirman los vecinos, quienen aseguran que, cuando llaman a la Policía, nadie les hace caso. Y es aquí donde llegamos a otro de los puntales reivindicativos del barrio: la presencia policial. El pasado verano, los agentes sociales y vecinales de San Cristóbal se reunieron con el delegado del Gobierno, Constantino Méndez, para tratar la creciente inseguridad en el barrio: peleas, atracos, agresiones, carreras de coches ilegales y, lo que es peor, la muerte violenta de dos hombres en apenas un mes. Contra todo ello, menos de un centenar de agentes de la comisaría de Usera, que es también la de Villaverde. O lo que es lo mismo, noventa y tantos policías para unos 300.000 habitantes. Nosotros somos también Madrid, pero las autoridades parece que se olvidan de eso comenta un vecino. Constantino Méndez tomó cartas en el asunto y se puso manos a la obra: aquel mismo fin de semana, más agentes patrullaban la zona. Asimismo, planteó la necesidad de se elabore un plan integral en el que participen Ayuntamiento, Comunidad de Madrid y Ministerio de la Vivienda. En la actualidad, con un equipo diurno de cuatro motos y dos coches, la situación ha mejorado, reconocen los vecinos, pero advierten de que la nueva moda es el atraco a pie de sucursal bancaria a personas mayores y, en otros casos, en el interior de los bloques de viviendas. Hace apenas un mes, una señora sufrió una paliza al resistirse a que la desvalijaran. La pasada semana, los vecinos pusieron al tanto de la situación al concejal de Seguridad y Movilidad, Pedro Calvo. Antes ya lo habían hecho con la responsable de Empleo y Servicios al Ciudadano, Ana Botella. Está pendiente la reunión con el Ministerio de la Vivienda y una segunda con el delegado del Gobierno. No somos el Bronx En los últimos meses, el movimiento vecinal en San Cristóbal de los Ángeles está tomándole un pulso a las administraciones, todas, de diferente color político. Con el lema No somos el Bronx han salido varias veces a las calles del barrio para recordarle a Gobierno, Comunidad y Ayuntamiento que ellos también existen. En uno de los últimos plenos municipales, los grupos de la oposición, PSOE e IU, instaron al Gobierno municipal a elaborar un plan de inversiones en el barrio. El Ayuntamiento respondió que ya se había producido un importante desembolso económico en el distrito de Villaverde. Y así había sido. Sin embargo, los vecinos no creen que sea suficiente y tampoco quieren que el problema se centralice en la inseguridad, que existe, sino en otro tipo de carencias, como la sanitaria. San Cristóbal cuenta con un centro de salud, en el que una planta, aseguran, está inutilizada, mientras que no existe área de urgencias. Para una situación de este tipo tienen que trasladarse a otro punto del distrito. La limpieza viaria es otro caballo de batalla. Afirman que en la zona de interbloques sólo se limpia la calle principal, y al resto se le pasa la mopa una vez al mes. En cuanto a los espacios verdes, existe la Dehesa del Boyal, de 7 hectáreas, pero bastante abandonada Un barrio de jóvenes para viejos Dos chavales de 17 años se acercan a una sede vecinal. Queremos saber qué hay para nosotros en el barrio inquieren, como caídos del cielo. Este es un vecindario con mucha gente joven, pero equipado para gente mayor. Para los jóvenes no hay casi nada comentan los vecinos. Casi nada es un minicentro cultural, un centro de empleo, un polideportivo con piscina, una cancha privada con escuela de fútbol, un polideportivo del Instituto Municipal de Deportes, unas pistas polivalentes y un patinódromo. Además, en el centro social, las actividades que se desarrollan son para gente mayor, y no se imparten, por ejemplo, clases de guitarra, como pide uno de los chicos, pese a que éste es un