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ABC DOMINGO 5 12 2004 Sociedad 65 La señora Z muere por fin en Suiza tras su victoria legal en Gran Bretaña Un juez le permitió viajar a una clínica especializada en eutanasias Gran Bretaña, el marido de la señora Z podría ser detenido y enfrentarse hasta a catorce años de cárcel por acompañar a su mujer hasta la muerte ABC LONDRES. El turismo de la muerte ha vuelto a cobrar protagonismo durante estos días en Gran Bretaña. Ayer saltó de nuevo la polémica tras conocerse el fallecimiento de una mujer británica de 66 años, conocida como la señora Z que viajó a una clínica especializada de Suiza para someterse por propia voluntad al suicidio asistido. La paciente se quitó la vida el pasado miércoles tras ingerir una combinación letal de fármacos, que la adormeció antes de provocarle la muerte durante el sueño, según han informado fuentes de la clínica Dignitas de Zúrich donde se practicó la eutanasia. La señora Z sufría una enfermedad degenerativa e incurable, denominada ataxia cerebral, que le había sido diagnosticada en 1997 y le había empeorado en los últimos años. Desde entonces ha necesitado los cuidados de las autoridades sanitarias locales, que recurrieron a la justicia para clarificar su caso. Antes de iniciar su viaje hacia la muerte, la señora Z acababa de ganar toda una batalla ante los tribunales británicos al conseguir que un juez anulara su propia orden temporal que la impedía viajar a Suiza. No obstante, el magistrado determinó en su sentencia que será la policía la que decida si hay que tomar medidas contra el marib Cuando regrese a Navarro- Valls cumple 20 años como portavoz del Vaticano ABC MADRID. El murciano Joaquín Navarro Valls cumplió ayer 20 años como portavoz del Vaticano. Juan Pablo II le nombró director de la Sala de Prensa de la Santa Sede seis años después de ser Papa, convirtiéndole así en una de las personas de su mayor confianza. En estas dos décadas, Navarro Valls, de 68 años, ha dado un giro radical en el tratamiento de las informaciones del Vaticano, potenciando y modernizando la Oficina de Prensa, que canaliza toda las noticias sobre la actividad del Pontífice y de los dicasterios de la Curia Romana. Considerado como el laico con más poder en el Vaticano, Joaquín Navarro, ha acompañado a Juan Pablo II en todos sus viajes por el mundo y ha sido la voz de la Santa Sede en importantes conferencias internacionales. Entre ellas, participó en la Conferencia Mundial sobre Población y Desarrollo de El Cairo, en 1994; en la Confencia Mundial sobre la Mujer de Pekín, en 1995, y en la Cumbre Mundia sobre Desarrollo Social de Copenhague, en 1995. Navarro Valls dijo en una ocasión que cuando el Papa le propuso ser portavoz pensó que sólo sería para un breve periodo de tiempo. Sin embargo, han pasado veinte años en los que ha vivido de cerca los viajes, las enfermedades, los grandes acontecimientos y los momentos íntimos de la vida de Juan Pablo II. Al tiempo, ha modernizado los sistemas de información del Vaticano para hacer frente al desafío de la nueva Evangelización. La señora Z no es la primera británica que acude a Dignitas do de la enferma, de acuerdo con la legislación penal. Todo parece indicar, por tanto, que ahora es el esposo de la señora Z quien se expone a persecución judicial a su regreso a Gran Bretaña, país donde ayudar a morir a una persona está castigado con penas de cárcel que pueden llegar hasta catorce años. Sin embargo, no está claro en la ley británica qué ocurre en el caso de que esa ayuda sea aplicada al enfermo que se traslada a otro Estado. A raíz de este último caso, Deborah Annetts, directora de la Sociedad de ABC Eutanasia Voluntaria, reclamó que se reformen las leyes inglesas de forma que los ciudadanos de este país no tengan que viajar al extranjero para poder quitarse la vida en casos extremos. Según esta organización, los sondeos indican que el 82 por ciento de la población está a favor de esta propuesta. Sin embargo, el suicidio asistido es legal en Suiza, y la clínica Dignitas de la ciudad de Zúrich ya ha ayudado a más de veinte ciudadanos británicos a acabar con su vida desde que se creó en 1998. PODER PARA DECIDIR RAFAEL BENEYTO Director general de la ONG Ayuda en Acción rece millones de africanas portadoras del virus, 2,4 millones de nuevas afectadas a un ritmo de 6.000 infectadas al día, todas tienen algo en común: son mujeres. Son mujeres, jóvenes y niñas antes que cifras, números, datos y estadísticas. Son historias personales de millones de mujeres, historias jalonadas de desigualdades, violencia sexual, acceso limitado a servicios de salud sexual y reproductiva y normas sociales y culturales que las discriminan. El reciente informe de Onusida resalta la necesidad de prestar especial atención a la situación de la mujer y su creciente protagonismo en la extensión de la epidemia en lo que se ha venido a llamar la feminización de la pandemia. En el África subsahariana el 60 de las personas infectadas y 3 de cada 4 jóvenes con el virus son mujeres. En esta parte del mundo, las mujeres son T dos veces más vulnerables a la infección por VIH que sus compañeros varones. En el Caribe, la segunda región del planeta con las tasas de prevalencia más altas, las jóvenes tienen el doble de probabilidades de sufrir contagio. Precisamente y no por casualidad, el mapa del sida coincide con la línea de la pobreza, y son las mujeres las desfavorecidas entre los desfavorecidos. Las que carecen de más derechos en unas sociedades que les niegan la capacidad de elección en el ámbito privado, en las relaciones sexuales. Sociedades que las sitúan ante el virus sin protección ni decisión. Los roles tradicionales en muchas sociedades, incluida la nuestra, ponen a las mujeres, y no digamos a las niñas, en una situación muy débil en las relaciones con los hombres. No se les dota de las habilidades necesarias para ne- gociar con ellos ante ciertas situaciones que puedan provocar la transmisión del VIH, o para conseguir que su pareja utilice medios de prevención como el preservativo. También tienen mucho que ver los hombres en la persistencia de prácticas culturales que facilitan la expansión del virus, como la herencia de las mujeres por familiares varones a la muerte del marido, la exigencia de favores sexuales a las niñas por los profesores para que puedan asistir a la escuela o las diversas variantes del derecho de pernada. Esta situación requiere un esfuerzo adicional para que las mujeres participen en la toma de decisiones. Pero aquí no se acaba el enfoque de género. No basta con dar voz a las mujeres si los hombres no estamos dispuestos a escuchar. Así, debemos plantearnos que una parte importante de este trabajo debe hacerse hacia y con los hombres. La erradicación del sida debe pasar por un cambio del concepto de masculinidad y de los roles de los sexos en las sociedades. Y ese cambio es posible tal y como demuestran varias experien- cias. Los programas de prevención que ya se impulsan en países de África, Asia y América provocan un análisis de las consecuencias de estas relaciones y sirven de guía a la hora de tomar una decisión sobre aquellas prácticas sociales y sexuales que expanden el VIH Sida en las mismas comunidades. Esto, que puede sonar muy abstracto, se traduce en cambios muy concretos. Así, en Malaui, país donde la viuda en herencia es una práctica común, se han dado pequeños pasos que suponen grandes avances. Ahora, muchas mujeres empiezan a rechazar esta práctica y aquellas que no tienen otra opción por carecer de recursos, se someten a una prueba, junto a su futuro marido, para saber si son portadores del VIH. La revisión de las relaciones de género y de los roles de cada sexo no sólo es necesaria y eficaz en la prevención del VIH, sino en el respeto de los derechos de las mujeres y de los hombres de los países con menos recursos, que finalmente redundará en un desarrollo más justo y equitativo.