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ABC DOMINGO 5 12 2004 Los domingos 55 El abogado Rebassa pide que la Administración pague la castración de su cliente. A la espera de una nueva condena, dice que se lo debe El psiquiatra Díaz Morfa ha castrado a tres pacientes voluntarios y asegura que el tratamiento con fármacos ha sido todo un éxito El violador del casco músico de profesión, fue condenado en marzo a 39 años de prisión por atacar a cinco mujeres en Barcelona. Alegó amnesia el tratamiento psicológico lo que deben decir y cuando hablas con ellos se presentan como las personas más equilibradas, afectivas, cariñosas, educadas y razonables del mundo. Robert Hare dice que no hay que tratar a los psicópatas pero yo no estoy de acuerdo: hay que llevarles la delantera. La única forma de saber que mienten es en los descuidos: yo escucho al bies Francisco está esperanzado en su pronta salida. En estos momentos me encuentro en una situación difícil y complicada al vivir continuamente en el pasado pero es aquí donde vivo, crezco, sueño, aprendo la existencia y sus misterios, amo, sonrío afectuosamente a quienes en mi peregrinar encuentro. Se regocija día a día mi corazón, sensible a las acogidas cariñosas; entrego al río de la vida lo más grande y entrañable que poseo sin regateos ni reservas y él me envuelve en su manto meciéndome al ritmo de su inefable melodía formada por misteriosas notas mezcladas de dolor y gozo. Necesito algo más, seguir caminando. Me siento apenado y triste al no poder demostrar que me encuentro rehabilitado, quién va a creerme, cómo puedo demostrarlo ¿El discurso de un violador? Y la respuesta de la psicóloga a la oración del monstruo es tajante: Todo esto no es más que literatura, la que habla es una personalidad de compensación que él se ha creado. Pero él tiene que ver realmente qué ha pasado con su vida: debe bajar al infierno para salir adelante. Dice que está curado y no me lo creo. No hay arrepentimiento, sólo la desesperación de la cárcel Nunca en el lugar de las penas Rafael M. S. de 32 años, en la imagen de arriba, que violó a 16 chicas en Granada en los permisos penitenciarios de que gozaba tras una condena por los mismos delitos contra la libertad sexual. A la izquierda, S. P. B. que pidió la castración para no reincidir y tras salir de prisión abusó de otras 14 niñas Una cárcel- -dice Paloma Gascón- -sirve para quitar de en medio a Francisco y a los que son como él, y eso claramente lo cumple, pero en donde no hay medios suficientes para devolverlos en condiciones a la sociedad. Creo en la castración química, pero nunca como conmutación de la pena, porque eso los haría irresponsables. Además, es un buen síntoma que alguien en su situación quiera producirse una deprivación en aras de no tener consecuencias espantosas, asumiendo que es autor de un crimen horrible y de que él solo no puede controlarlo. Recurro a una medicina que me asegura que va a ser más fácil lograrlo, que es reversible y, desde luego, con menos efectos secundarios que violar a una niña y volver a la cárcel Esto para evitar la reincidencia, pero ¿se puede prevenir el nacimiento de un psicópata? Dice Gascón que lo que previene por completo es el apego que se tenga hacia los padres y que éstos jueguen y estén con sus hijos, que les hagan sentirse valiosos, buenos y queridos porque esa será la base de su éxito en la vida; pero desengañémonos: cada vez se da menos esta dedicación A Francisco nunca le dio un beso su madre. Hoy, apenas se le ven los ojos tras el parapeto acristalado del locutorio penitenciario. Han pasado casi dos horas cuando su terapeuta se levanta, y, a modo de despedida, mueve la cabeza hacia los lados, simulando el roce de las mejillas en un adiós. Y el tipo se ríe. Este monstruo con pinta de hombre normal educado y encantador tiene hasta sentido del humor. Díaz Morfa la principal razón es que en nuestro país hay un gran desconocimiento, no sólo por la clase política que dirige los departamentos de Salud, sino por los propios médicos que desconocen los avances que se hacen en una parcela científica a la que nos dedicamos muy pocos. Así que tenemos por un lado que no hay convicción política, somos pocos los profesionales con formación científica para trabajar con estos casos y que hayan tomado la decisión personal, muy dura, de estar oyendo el relato de cómo alguien le hace daño a una niña. Además, en las cárceles, y lo sabemos, lamentablemente no se cuidan muchas cosas. Allí hay muchos pacientes graves que necesitarían una ayuda. Es lamentable que las autoridades no estudien con mayor seriedad esta opción frente a la reincidencia, estando documentada científicamente En la mente del psicópata Y desde luego, sin generalizar. Como subraya Díaz Morfa, no podemos meter a todos los abusadores en el mismo saco. No es lo mismo un psicópata que el sujeto que padece un gran sentimiento de inferioridad y que bajo el influjo del alcohol viola, o el que tiene una pai- dofilia y no puede dejar de sentirse atraído por los niños Francisco, por ejemplo, no veía nada malo en apuntar con una pistola y obligar a desnudarse a la señorita que le mostraba el piso por el que él, alto, delgado, elegante, educado y con pinta de posibles, había mostrado tanto interés en una llamada telefónica previa para concertar la cita. ¡Pero si el arma era de fogueo! aún se extraña hoy, después de llevar entre rejas once años de los 46 a los que fue condenado por varias violaciones y otros abusos sexuales, entre otros delitos. Este hombre de 41 años, el mediano de tres hermanos, niño de una familia bien, bien educado, de buenas maneras, especialmente pulcro y muy mal estudiante, que siempre se creyó en el derecho de robar a su propia madre para costearse sus lujos de diosecillo- -desde zapatos de 300 euros hasta purasangres- sólo empezó a atisbar que algo malo podía haber hecho tras varios cursillos en prisión. Ni el rostro de pavor de sus víctimas, ni la rotundidad de la sentencia ni el relato brutal de sus agresiones sirvieron durante el juicio para conmover a este elemento, hoy un paciente más de la experimentada psicóloga clínica Paloma Gascón, Juan Miguel Cerrillo violó y mató en Tarragona a la niña Tamara Navas, y convivió con el cadáver en su casa que lo trata en una prisión madrileña, y cuyos honorarios costea sin la menor pega el padre del violador. Sé que ha pedido el tratamiento para acelerar su salida de la cárcel, porque eso le beneficia. Calculo que en menos de tres años estará fuera, por eso quiero tratarle todo el tiempo que pueda Gascón explica que aún tiene que sondear mucho su vida sexual, pero creo que es especialmente patética. Todavía no me lo he ganado. Además, tengo en mi contra un grave problema: los violadores inteligentes aprenden con