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40 Madrid DOMINGO 5 12 2004 ABC MADRID UNA Y MEDIA ADVIENTO JESÚS HIGUERAS ESTEBAN omo predicar en el desierto es expresión utilizada para quienes no son escuchados, y curiosamente es allí, en el desierto, donde el Precursor de Cristo, Juan el Bautista, señala ya cercano al Mesías. El desierto es lugar donde habita el silencio, y quiere Dios que sea allí, en el desierto de nuestro silencio, donde escuchemos la voz de los que preparan los caminos de Cristo, nos anuncian su llegada y promueven nuestro encuentro con Él. Permitimos que el ruido, la prisas, las luces se conviertan en los protagonistas de nuestras navidades, como si tuviéramos miedo a encontrarnos con nosotros mismos en el silencio y allí hacernos esas preguntas que sólo nosotros podemos responder: ¿quién soy? ¿cómo estoy viviendo mi vida? ¿qué cosas son las que realmente me importan? ¿qué hago para intentar llevarlas a término? El tiempo de Adviento es tiempo de hacer desierto, de no tener miedo a esa bendita soledad que no es ausencia de nada, sino que es quietud que ofrece a Dios el lugar donde acampar con nosotros. Es en la delicadeza de la intimidad donde Dios se manifiesta, y es ahí, en el silencio interior, donde Cristo va a nacer y donde va a llegar. Es tu conciencia iluminada por la fe, la que puede hacer que tu vida tenga más sentido. Es una vida espiritual bien llevada la que puede hacer que tu vida sea más profunda. El niño Dios tuvo que nacer en un pesebre porque la posada estaba llena. Hoy desea nacer en el corazón de cada hombre, y para ello es necesario que él nuestro no se encuentre también lleno de todo lo que nos impide acoger este misterio insondable de amor. Tenemos que hacer desierto para allí no solo escuchar, sino también acoger y realizar la llamada a la conversión que exige el seguimiento de Cristo. Esta es la penitencia saludable que el Señor te pide en este tiempo de Adviento. Encuéntrate contigo mismo, no tengas miedo de oír la voz de Dios, que es una voz que te va a enriquecer y que te va a dar vida, y entonces verás que grande se manifestará el Señor en las cosas más pequeñas. C DIMES Y DIRETES ANTONIO SÁENZ DE MIERA PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN AMIGOS DEL GUADARRAMA DOS SENTENCIAS Y LEYES NATURALES ontamos entre los Amigos del Guadarrama con ilustres juristas como Aurelio Menéndez, Tomás Ramón Fernández y Francisco Laporta, pero no hay en nuestra Asociación ningún magistrado del Tribunal Constitucional. Quizás si lo hubiera habido, la reciente sentencia del alto tribunal sobre Parques Nacionales no hubiera sido la misma. No es que el Guadarrama aporte una sensibilidad especial, pero es cierto que, sin que exista una relación habitual con el medio natural, es relativamente fácil que se den sentencias como la que el Tribunal Constitucional dictó recientemente al resolver diversos recursos de inconstitucionalidad relacionados con la Ley de Espacios Naturales Protegidos. A partir de la misma, la gestión de los Parques Nacionales ¿Por qué ya nacionales? queda exclusivamente en manos de las Comunidades Autónomas, algo que en los casos de parques interautonómicos, puede llegar a plantear situaciones muy delicadas. Nada que objetar, desde el punto de vista jurídico, a la decisión de los jueces. Pero el derecho no se funda sólo en su propia lógica, sino que ha de alimentarse de la realidad social y cultural de la que nace y a la que se C dirige. Ahora hablamos de montes, de ríos, de valles, de flora y de fauna, de sistemas y ecosistemas naturales; estamos en una jurisdicción que tiene sus propias leyes y exigencias internas que no podemos olvidar. Como a muchos otros ciudadanos de a pie, amantes de la naturaleza, esta sentencia del Tribunal Constitucional me ha dejado perplejo y preocupado. ¡Para qué está el Estado! pensamos, si no es para proteger y conservar nuestros espacios naturales, parte integrante del bien común que no puede dejarse al albur de disputas territoriales o partidistas. He preguntado a mis amigos juristas si esta sentencia tenía solución y me han dicho que sí. Pongámonos a ello. Ya encontraremos argumentos naturales razonamientos que escapan de la estricta lógica jurídica, para hacérselos llegar a nuestros magistrados y pedirles que vuelvan a reflexionar sobre un asunto que tanto nos importa. Pero aparte de argumentos y de razonamientos, deberíamos invitarlos a dar una vuelta por los Picos de Europa o por el futuro Parque Nacional del Guadarrama. Verían cómo las águilas, las mariposas, los buitres, pasan por encima de las fronteras ar- tificiales del parque como si no existieran; se darían cuenta enseguida de que la naturaleza tiene que ser protegida como un todo Y de que para eso están los Estados y, más allá, la Unión Europea y, más allá todavía, el Protocolo de Kyoto, ratificado por un buen número de naciones para defender el planeta del cada vez más grave deterioro ambiental. Y frente a esas tendencias globales, la respuesta que nos han dado ha sido justamente la contraria. No podemos aceptarla sin más; los espacios naturales no son nuestros ni de nadie ignoran las divisiones humanas y, si nos ponemos serios de verdad, pertenecen a la humanidad en su conjunto. El grupo parlamentario socialista del Congreso acaba de presentar una proposición no de Ley relativa a la adopción de los procedimientos legales necesarios para la declaración de la Sierra de Guadarrama como Parque Nacional Se trata de una iniciativa meramente simbólica para llamar la atención sobre la necesidad de acelerar los trámites para la declaración del Parque. Un suave tirón de orejas a la Comunidad de Madrid, y especialmente a la de Castilla y León para que espabilen. El Partido Popular, sin embargo, irritado por lo que considera una maniobra política que trata de invadir las competencias autonómicas, ha votado, a mi juicio sin necesidad, en contra de esta iniciativa. Una pequeña batalla política, en suma, sin demasiada importancia y que podría ser para bien si, sobre todo Castilla León, entiende que esto va en serio. Y sólo irá en serio cuando se enfoque desde una perspectiva amplia, alejada de preocupaciones interesadas y de localismos.