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36 Internacional DOMINGO 5 12 2004 ABC David Blunkett MINISTRO BRITÁNICO DE INTERIOR LA SEMANA INTERNACIONAL RETRATO DE UN PUTIN OCUPADO Rusia no es una dictadura, tampoco una democracia. Es un inmenso país en transición que juega sus cartas, como cualquier otra potencia, en el tablero de la política mundial SEBASTIÁN BASCO David Blunkett, con su perro guía, el pasado miércoles en el centro de Londres REUTERS No es nuevo que algún político deje embarazada a una amante casada, lo inusual es que reclame la paternidad, poniendo en juego su propia carrera Un amante atípico POR EMILI J. BLASCO. CORRESPONSAL LONDRES. Los problemas para David Blunkett no vienen tanto por haber mantenido una relación sentimental con una persona casada- -Tony Blair insiste en no tener en cuenta la vida privada de sus ministros- como del empeño del titular de Interior en que se le reconozca la paternidad de los dos hijos concebidos por Kimberly Quinn. La relación que durante tres años mantuvieron el ministro laborista, divorciado con antelación, y la editora de la revista tory The Spectator, comenzada poco después de que ésta se casara con Stephen Quinn, se rompió el pasado verano cuando su affair apareció en la prensa sensacionalista. Desde entonces, Blunkett ya no ha podido estar con el pequeño William, de dos años de edad, ni seguir de cerca el actual embarazo de Kimberly, su ex amante. El ministro, ciego de nacimiento y acompañado a todas partes por un perro guía, considera que es el padre de ambos y los tribunales han tenido que tomar cartas en el conflicto. El asunto, que hasta aquí per- maneció en las páginas de cotilleo de los tabloides, ha saltado a la prensa de calidad y se ha convertido en tormenta política cuando Kimberly Quinn, apoyada por su marido, ha decidido ir con todas las consecuencias a la guerra contra Blunkett y sacar algunos trapos sucios que pueden costarle el cargo. Mediante filtraciones a los medios, el ministro se ha visto acusado de abuso de poder, por haber acelerado supuestamente el visado de la criada- -extranjera- -de su ex amante, de haber regalado a ésta billetes de tren que le correspondían a él como parlamentario, de haber puesto a su servicio el coche oficial y de haber ordenado en alguna ocasión a la Policía que Blunkett, ciego de nacimiento, ha sido conminado por Blair a elegir entre su cargo o dar la batalla legal por su paternidad protegiera el domicilio de ella. Por más que algún medio asegura que el primer ministro ha pedido a Blunkett que elija entre permanecer en el puesto o dar la batalla legal por su reclamada paternidad, el titular de Interior está combinando ambas cosas con riesgo de desgastar al propio Blair, que encara unas elecciones generales previstas para mayo. De momento, Blunkett ganó el viernes una primera batalla al establecer el Tribunal Supremo que prosiga el proceso de esclarecimiento de la paternidad a pesar del aplazamiento solicitado por Quinn aduciendo estrés. El siguiente paso es la verificación de una prueba de ADN. Un test provisional encargado hace meses por Blunkett parece establecer que es el padre del pequeño William. Pero esta enconada relación puede generar nuevas informaciones comprometidas y la investigación abierta por el Ministerio de Interior sobre el visado otorgado a la criada, cuyo resultado tardará algunos días, ya ha sido juzgada como insuficiente por el Parlamento. ladimir Putin no es un dictador químicamente puro. Tampoco lo es a la vieja usanza soviética. Ni siquiera está claro que sea un dictador, así, a secas, si nos atenemos a criterios formales: en Rusia hay elecciones, una Constitución aprobada por el pueblo, un Parlamento con dos cámaras, existen las figuras de la moción de censura y el defensor del pueblo... La fachada es democrática pero, no nos equivoquemos, Putin tampoco es un demócrata a juzgar por las prácticas políticas de las que se vale, o que cuanto menos alienta, o que en el mejor de los casos tolera, en Rusia. Si no es un dictador, ni tampoco un demócrata, ¿qué demonios será Putin? Pues un posibilista. Pretender que transforme, chascando los dedos, a la Madre Rusia en un dechado de democracia después de siglos de imperial oligarquía y de décadas interminables de comunismo es, simplemente, utópico. Putin juega las cartas que tiene en la mano. No puede volver atrás, el pueblo ya sabe lo que es una urna y no lo toleraría. Tampoco puede arrojarse en brazos de las democracias occidentales sin que su inmenso país se deje el plumaje de gran potencia- -lo que aún le queda- -por el camino. El empeño por conservar a su arrimo a las antiguas repúblicas soviéticas- -Ucrania está ahora en el candelero, y Ucrania no es moco de pavo- -y los esfuerzos por mantener un saneado ámbito de influencia en el globo terráqueo no hacen por sí solos de Putin un tirano aborrecible y a eliminar. Sus machadas en Afganistán, Chechenia o Georgia, y sus movimientos de piezas en Ucrania o en las repúblicas bálticas no son, ni en el fondo ni en la forma, distintos de las machadas y movimientos de Francia en sus antiguas colonias africanas, incluso se diría que son peccata minuta comparados con las tácticas que emplean ahora los Estados Unidos en su zona de influencia, que, como se sabe, se reduce a todo el mundo: tanto este planeta cada vez menos azul como el espacio exterior. En los Elíseos y las Casas Blancas, por no mencionar otras chabolas presidenciales, deberían mirarse el ombligo- -no sea que encuentren pelotillas- -antes de hablar. Todos cocemos habas. Putin va a su bola. Como Chirac. Como Bush. Como Maroto y el de la moto. La diferencia estriba en que los occidentales hemos acordado, todos a una, que Rusia no es una democracia mientras nuestros sistemas políticos sí lo son. Cuestión de calibrado. Pero esto de la democracia es un modelo imperfecto, o puede incluso que pluscuamperfecto- -por su antigüedad- De acuerdo, es el menos malo que se nos ha ocurrido. Bien está que la Unión Europea que apenas nos une presione y declare, intervenga y se manifieste en favor de Ucrania. Los ucranianos van a estar mejor a nuestra vera que a la de la actual Rusia. Favorezcamos su bautismo democrático, suponiendo que Viktor Yúshenko se lo vaya a proporcionar. Pero no equivoquemos los epítetos con que obsequiamos a Putin, ni nos pasemos con las invectivas. El gospodin del Kremlin es como es. Un político. Un tipo, pues, muy ocupado... Como Bush, como Blair, como Chirac, como Koizumi. Lleno de trampas. V