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32 Internacional DOMINGO 5 12 2004 ABC Schröder afirma que las críticas a Rusia son, en parte, prejuicios El canciller alemán defiende la democracia según Vladimir Putin b El canciller socialdemócrata MALMENOSPRECIADO WILLIAM KRISTOL. Editor de la revista The Weekly Standard H llama a los alemanes a recobrar los valores tradicionales y, en entrevista a Die Welt se dice él mismo un patriota por defender los intereses industriales de su país en regímenes autoritarios como Rusia o China RAMIRO VILLAPADIERNA. CORRESPONSAL BERLÍN. El canciller afirma que el presidente estadounidense es un hombre muy agradable de tratar con el que pueden tenerse opiniones distintas, pero ello no impide una cooperación de toda confianza Gerhard Schröder, paladín de una oposición a EE. UU. en Irak, atribuye a George W. Bush una clara comprensión de las posiciones europeas, incluso aunque no las comparta De las críticas a Rusia y su amistad personal con Putin, Schröder asegura que en gran parte son prejuicios de una era anterior y agrega que el presidente ruso quiere en primer lugar una relación tan estrecha como sea posible de Rusia con Europa y, segundo, ha comprendido que Rusia sólo tiene futuro en democracia Sobre las nuevas armas nucleares de Rusia, Schröder no ha tenido en cambio ocasión de hablar todavía Gerhard Schröder ABC pero reduce la cuestión a una modernización de armamento En defensa de Putin, el canciller federal va hasta desdeñar las críticas por la represión de los medios no afines, mi impresión es que ese diagnóstico no cuadra De la oposición democristiana, que celebra congreso desde hoy, Schröder cree que Merkel es la única opción para la Cancillería que tiene CDUCSU, aunque Stoiber (el premier bávaro) crea que él es mejor Del debate sobre el patriotismo alemán, que pretende abrir la CDU y tan caro es a Schröder, el líder socialdemócrata da un rodeo para evitar el tabú del orgullo de ser alemán pero dice a Die Welt que me encantan mi país y mi gente, es el sitio en el que más a gusto vivo y por el que trabajo: eso es patriotismo Meter la mano en el saco Cuando viaja a China con dos aviones llenos de empresarios para lograr un éxito económico para Alemania el canciller aprovecha para dar una nueva patadita a quienes prefieren acogerse a la ayuda social en lugar de trabajar, solidaridad no es sólo meter la mano en el saco patriotismo es una cuestión de hacer, no de decir Tirando de otro de sus argumentos chocantes con su militancia, Schröder reclama unos valores tradicionales alemanes en los hogares, que no pueden impartir las instituciones. Superadas las manifestaciones que este verano le hicieron tocar su punto más bajo, el canciller dice que paradójicamente le beneficiaron al cooperar por reacción a una mejor comprensión de las reformas que pretendía su gobierno. A vuelto a ocurrir. Aquí en nuestro país parece que, una vez más, mucha gente que se crea sus propios padres morales e intelectuales, había malmenospreciado- -como diría él- -a George W. Bush. Y ha ocurrido también en el extranjero, donde los detractores y enemigos del presidente- -que es sinónimo de los detractores y enemigos de Estados Unidos- -deben de estar tirándose de los pelos y rechinando los dientes de frustración y resentimiento. Las encuestas a la salida de los colegios electorales daban la victoria a Kerry. El New Yorker le había respaldado. ¡Y aun así, esos estúpidos estadounidenses han reelegido a Bush! Qué agradable es contemplar el sufrimiento de la gente que piensa así. Y lo doblemente agradable que es la alegría que sienten los seguidores del presidente después de que esas mismas encuestas (engañosas) a la salida de los colegios les- -nos- -hubieran sumido en doce horas de ansiosa oscuridad. No hay nada tan regocijante en la vida como que te disparen sin consecuencias bromeaba Churchill. Ahora, millones de republicanos saben exactamente de qué estaba hablando. Pero deberían saber algo más. Aparte de las encuestas, las elecciones no se ganaron precisamente por los pelos. El 2 de noviembre de 2004, George W. Bush obtuvo más votos que cualquier otro candidato presidencial de la historia. De hecho, consiguió 8 millones más que en 2000. Fue el primer candidato presidencial desde 1988 en obtener más de un 50 por ciento del voto popular. Fue el primer titular del cargo desde 1964 que ganó la reelección a la vez que aumentaba la representación de su partido en ambas cámaras del Congreso. En otras palabras, los suyos se beneficiaron. Por ejemplo, los republicanos fueron elegidos nada menos que para seis escaños en el Senado, que habían sido ocupados antes por demócratas, y en todos esos estados, Bush fue muy por delante del resto de candidatos de su partido. Evidentemente, a quienes se están tirando de los pelos y rechinando los dientes no les gustará, pero nosotros a esto solemos llamarle mandato. De hecho, en cierto sentido lo consideramos un mandato más amplio y claro que los obtenidos en las aplastantes campañas de reelección de Nixon en 1972, Reagan en 1984, y Clinton en 1996. No hace falta decir que los márgenes de la victoria de Nixon, Reagan y Clinton fueron muy, muy superiores. Pero eso es debido en gran medida a que todos esos presidentes anteriores indudablemente lograron dominar la escena política con eslóganes como Mañana en Estados Unidos o Construyendo un puente hacia el siglo XXI Bush no podía emprender una campaña sonriente. Es un presidente de la guerra. De modo que ha dirigido una campaña notablemente seria y sustancial. Esta campaña no estaba exenta de defectos; Bush tuvo sus malos momentos, especialmente en el primer debate. Pero ganó en el debate general de la campaña. Y dado que ganó ese debate general- -no porque fuera visualmente elegante, no porque fuera ¡la economía, estúpido! se granjeó el derecho a dirigir EE. UU. durante cuatro trascendentes años más. La elección de George W. Bush es un logro de confirmación ideológica no muy distinto- -a pesar de las patentes diferencias en los resultados de las urnas- -del conseguido por Franklin Roosevelt en 1936. Excepto que la de Roosevelt fue más sencilla. Bush eligió el ascenso más abrupto posible. Hace un año, cuando el presidente anunció la transferencia de poder en Irak para el 1 de julio, el consenso de los cínicos de todo el mundo fue que Kart Rove había comunicado a su jefe que la política le exigía que se escabullera de Bagdad. Quienquiera que fuese alguien, en Estados Unidos y en Europa, sabía que esta transferencia de soberanía sería una estrategia de huida camuflada. Todo el mundo sabía que Rove nunca situaría a su cliente presidencial frente al electorado mientras 150.000 tropas estadounidenses seguían sufriendo bajas diarias- -y considerables críticas- -en Oriente Próximo. Sean cuales fueran los errores que ha cometido la Administración durante los últimos 18 meses- -y ha habido más que demasiados- -el presidente Bush se merece un enorme reconocimiento simplemente por mantenerse en sus trece, por rechazar el mal consejo de supuestos amigos y también de sus enemigos de salir por piernas. En esta importante cuestión de seguridad y principio nacional, George W. Bush ha demostrado ser un presidente extraordinariamente valiente. Y el pueblo estadounidense se merece también un enorme reconocimiento por respaldar y ratificar su resolución. Dejemos que los que lo cuestionan se tiren de los pelos hasta quedarse calvos. Ahora, el día después de las elecciones, no es momento para comenzar a debatir qué clase de ambicioso programa debería adoptar el presidente para su segundo mandato. Basta con decir que su ambición demostrará ser la clave del éxito. En su elegante discurso de claudicación del miércoles, John Kerry realizó un llamamiento público al bipartidismo en el Washington, D. C. de la segunda Administración de Bush. Y el presidente haría bien en aceptar la oferta; el bipartidismo es algo positivo, y el matiz es una útil y admirable elegancia política. Pero la verdadera habilidad política y los logros trascendentales que comporta exigen algo más. L audace, toujours l audace dijo Danton. ¿Quién dice que George W. Bush no entiende el francés?