Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 5 12 2004 15 Los artefactos explosivos colocados en las gasolineras de Madrid estan compuestos de nitrato amónico Camino a su perdición, Lorena recorrió en taxi con una compañera los lugares de Gijón en los que un día fue feliz. Como último gesto previo a zambullirse en las frías y turbulentas aguas del Cantábrico, le entregó a su amiga un peluche. Guárdalo con todo el cariño del mundo Las últimas horas de Lorena antes de dejarse devorar por la mar TEXTO: M. GUTIÉRREZ R. LANERO PALOMA UCHA ras antes de la muerte. Una patrulla acudió a la casa de Elisángela, que encontraron vacía tras entrar por la ventana. A las tres el dueño del Sagitario vuelve a llamar al 091 e informa de que Lorena está en la playa de San Lorenzo con el objetivo de poner fin a su vida. La Policía envió otra patrulla a ese lugar, que encontró el bolso de la víctima. Tras confirmar su identidad, comenzó la búsqueda. Estaba a unos cien metros de la orilla, según el informe, y con el agua por los hombros. Los agentes llegaron a entablar una conversación con Elisángela, pero al intentar disuadirla la mujer se adentró en el agua. Los policías se quedan en la arena mientras la chica se alejaba cada vez más de la orilla. En ese momento, y siempre según el informe, solicitaron ayuda a un surfista, que se negó por el peligroso estado de la mar. Minutos después, una persona que se identificó como socorrista del Grupo Covadonga llegó a la zona y ofreció su ayuda a los agentes. Eran las 15.35. Después la Policía solicitó la ayuda de los buzos de la Guardia Civil, pero la respuesta fue negativa porque se encontraban en un rescate. También se alertó a los bomberos y a Salvamento Marítimo. Un helicóptero sobrevoló la zona a las 16.20 horas y lanzó dos buzos. A las 16.25 apareció la lancha de Salvamento Marítimo y, a las 16.30, el cuerpo exhausto de Lorena era atentido en la arena por los médicos del SAMU y en presencia del comisario. Minutos después, la joven fallecía. GIJÓN. Elisángela Barbosa Guimaraes quería despedirse de todas las cosas que fueron importantes en su vida antes de morir ahogada en las aguas del Cantábrico. Cuando llegó a la playa de San Lorenzo con Sara su amiga y compañera de trabajo, la última persona que la vio con vida y la única persona que la acompañó en este recorrido vital, se despojó de uno de los pocos tesoros conseguidos en su corta vida, quizá el más valioso de todos ellos. Era un muñeco de peluche, posiblemente un recuerdo de su hijo de dos años. Guárdalo con todo el cariño del mundo le dijo antes de iniciar su decidida marcha hacia las entrañas del mar. La noche del jueves al viernes, Lorena trabajó como cada madrugada en un club de alterne de la ciudad. Salió hacia las seis con varias compañeras y compatriotas. Querían terminar la noche con buen humor y diversión, así que se fueron a la zona de copas de Fomento. Primero un bar, después otro y, finalmente, una discoteca que permanece abierta hasta bien entrada la mañana. Poco después de las once y media, las amigas se despiden. Lorena le pide a Sara que le acompañe. Sin darle más explicaciones, para a un taxi y las dos mujeres emprenden un extraño viaje por la memoria de la joven brasileña. ña, que hoy cumpliría 23 años, transmitía estas sensaciones a su amiga Sara mientras el taxista ponía rumbo a otro lugar. Elisángela relató cómo era su vida en aquel barrio y saboreó por última vez los recuerdos la época más feliz de su existencia. Sara seguía atentamente, aunque sin salir de su asombro, las explicaciones de su amiga. En un momento del viaje, llegaron frente a una peluquería donde la joven se arreglaba, un lugar de risas y confidencias. Lorena sabía con total exactitud Su amiga Sara que la acompañó en su último viaje, no podía imaginar que aquellas paradas eran su testamento vital dónde quería poner punto y final a su viaje. Era un sitio especial, demasiado especial para explicarlo con palabras. Las cuatro paredes de aquel modesto edificio, situado en una zona céntrica de Gijón, protegían a su ser más querido. Era el lugar al que se había trasladado su hijo después de que Lavandero se viese obligado a abandonar Gijón tras saltar a la luz pública sus confidencias a la Policía y la Guardia Civil. No se atrevió a franquear la puerta. Después de un largo silencio, Lorena ordenó al taxista poner rumbo a la playa de San Lorenzo. El vehículo se detuvo frente a la escalera 7. Las dos mujeres se bajaron del taxi y se dirigieron a la playa. Ya en la arena, Lorena le entregó el peluche a su amiga. A continuación, cogió su teléfono móvil y empezó a hacer llamadas mientras se adentraba poco a poco en las bravas aguas del Cantábrico. Los policías no me indicaban dónde estaba la chica dice el socorrista que intentó auxiliarla MARCO M. CUETO GIJÓN. Israel Fanjul, un gijonés de 34 años, socorrista del Grupo de Cultura Covadonga, fue el único que se jugó la vida para tratar de rescatar a Elisángela. Fanjul había salido de su trabajo a las tres de la tarde y se fue a correr a la playa. En su camino hacia La Escalerona, vio a cuatro policías que hablaban con dos surfistas, pero en ese momento no les dio más importancia. Fue a su regreso cuando vio algo que le llamó la atención: Uno de los surfistas se metía en el agua sin tabla y entonces vi a la chica. Pregunté a varias personas en el muro y me dijeron que se trataba de suicidar Entonces bajó a la playa. El surfista estaba de vuelta e indicaba a los agentes que la mujer no quería salir. El joven socorrista se identificó como tal ante los policías y les ofreció su colaboración. Uno de los surfistas le dejó su traje de neopreno y, al entrar al agua, indicó a los agentes que le señalaran por dónde tenía que buscar. Estuve 40 minutos sin poder ver nada. Buscaba dando palos de ciego. Además, cuando me giraba para que me guiaran desde la orilla, los poli- Resumen de una vida Te voy a contar cómo ha sido mi vida Ésa fue la única pista que le dio. La primera parada que hicieron fue en el barrio de El Coto, frente al piso en el que convivió con su ex marido Lavandero La pareja se conoció cuando ambos trabajaban en el club Horóscopo Ella ejercía la prostitución y él suministraba serpientes para el número de striptease Se casaron muy enamorados como señalan quienes les conocían, y emprendieron una nueva vida juntos lejos del mundo de la noche. Hace poco más de dos años tuvieron un hijo, un niño que no ve a su padre desde que se convirtió en testigo protegido del 11- M. Su relación se truncó, y tomaron caminos separados sin perder nunca el contacto y la buena amistad que un día les unió. El pequeño se quedó con su padre, mientras que la madre volvía a entrar de lleno en los ambientes nocturnos. La imagen de aquella casa le trajo mil recuerdos y le provocó una cascada de sentimientos. La joven brasile- cías no me indicaban dónde estaba la chica. Yo sólo los veía mirar al suelo o al cielo indicó Fanjul. Las condiciones del mar eran muy malas, con mucha resaca, espuma, corrientes y grandes olas. Prácticamente desfallecido, después de 40 minutos de lucha contra el oleaje, Fanjul pensó que era posible que la muchacha hubiera salido por sus propios medios. Le costó mucho esfuerzo llegar a la orilla. Al saber que la joven aún seguía en el mar, les dije a los policías que se debía de haber ahogado. Uno de ellos se echó las manos a la cabeza Israel reflexiona sobre qué hubiera pasado si la hubiera podido encontrar: Es difícil saberlo, porque yo ya tenía pocas fuerzas y ella seguro que estaría desvanecida. Sólo podría intentar sujetarla y flotar, esperando a que llegara un helicóptero o una lancha para ayudarme, pero en todo el tiempo que estuve en el agua allí no llegó nadie Un compañero de trabajo siguió toda la escena con unos prismáticos desde su casa y me dijo que llegué a estar a unos quince metros de ella, pero que ya estaba ahogada. Después, se la tragó un pozo