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12 La Entrevista DOMINGO 5 12 2004 ABC (Viene de la página anterior) -No es que no me sienta acompañado por el PSOE. Así las cosas, el Grupo Socialista reacciona de la misma forma que cualquier otro partido. El cambio de la cultura del Parlamento afecta inevitablemente a los partidos. El problema radica en que si revisamos los programas electorales del PSOE y el PP, comprobamos que los dos están por el cambio de la ley electoral, la cultura parlamentaria y la regeneración democrática. Parece que hay un fatalismo, de tal forma que a la hora de entrar a definir los aspectos de la reforma del Congreso, la ley electoral y la financiación de partidos, nos paramos. -En la medida en que esos aspectos son los ejes centrales de su actividad como presidente, ¿vincula su continuidad en el cargo a la reforma del reglamento? -No. El Gobierno ha comprendido muy bien que, en un momento determinado, habrá que iniciar una reflexión con el principal partido de la oposición cuando las aguas estén más tranquilas. El Ejecutivo nos ha proporcionado un soporte material y financiero que nunca había tenido este Parlamento. Hemos incrementado un 26 por ciento el Presupuesto. Si el reglamento de la Cámara no se aprueba, al menos vamos a modernizar las infraestructuras de esta casa, que están muy mal. -Pero el rumor que había en los últimos días por los pasillos del Congreso es que podría dejar el cargo... -En absoluto. Sería un disparate. Si se dice eso, comprendo entonces lo que pasa en esta casa y la lógica de ciertas escaramuzas. Han hecho un mal cálculo. Si el reglamento no sale, me dedica- Se deben suprimir las listas cerradas para que el diputado sea reconocible ¿Qué opinión le merece la reforma de la ley electoral? ¿Cómo puede afectar al Parlamento? -Creo que se debe suprimir el sistema de listas bloquedas y cerradas. Y con ello no me meto en el ámbito de la política. Creo que España ha cambiado mucho y, como mínimo, se debería ir a un voto de prioridad, como he conocido en Bélgica. Como ejemplo, pretendo que los diputados individuales sean reconocibles como en cualquier otro parlamento europeo. He lanzado una propuesta de la cual no tengo eco. ¿Por qué no empezamos a abrir el registro de oradores individuales aprovechando un debate importante, como será en esta casa el trámite de convalidación del decreto para la convocatoria del referéndum sobre la Constitución de la Unión Europea, del que todo el mundo dice que hay que interesar a la opinión pública? ¿Qué puede hacer el Parlamento? Yo propongo que, después de que el Gobierno y los grupos parlamentarios fijen su posición, permitamos que hablen diputados individuales. En el hemiciclo tenemos padres de la Constitución europea: Diego López Garrido, del PSOE, y Gabriel Cisneros, del PP. Algo tendrán que decir, digo yo. Tenemos gente comprometida que realiza un gran trabajo europeo, como Durán Lleida, de CiU. ¿Cómo no voy a dar la palabra también a gente que está en contra? A lo mejor hay uno que mete la pata, pero habrá veinte que digan cosas interesantes. Mis relaciones con los portavoces son todas correctas y muy claras. He querido que se sepa desde el principio que mi tarea no se iba a limitar a actos protocolarios y a recibir a la gente en la jornada de puertas abiertas ré básicamente a reformar la casa, en la parte de las infraestructuras, de modernización, porque eso sí es responsabilidad de la Mesa. Al menos eso nos dejarán hacer. Al final voy a terminar volviéndome un sabio tras escuchar muchas horas diarias a los diputados disertar desde la tribuna de oradores. -También hay rumores de su mala relación con el portavoz socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba. -No quiero que en este tema se construya un mito. Mis relaciones con los portavoces son todas correctas y muy claras. He querido que se sepa desde el principio que mi tarea como presidente del Congreso no se iba a limitar a actos protocolarios y a recibir a la gente en la jornada de puertas abiertas. No quiero ser una persona estrictamente de relumbrón. No es mi temperamento venir aquí a pasar mis días. Comprendo que los grupos parlamentarios, sobre todo los mayoritarios, se hayan inquietado un poco con mi posición. La explicación es bien simple: me consta que esto no ha sido aceptado de buen grado. Comprendo que me digan que el presidente del Congreso no tiene que hablar de los temas de política industrial o Izar, de la política exterior o las relaciones con Cuba, de presupuestos o cifras macroeconómicas, de los conflictos autonómicos... Yo no lo he hecho. Pero, ¿cómo se puede pretender que el presidente del Congreso no hable de los problemas de esta institución y de la reforma del reglamento? Se tiene que aceptar, porque es un trabajo institucional. A lo mejor esto cuesta un poquito, pero el que me suceda tiene ya una situación recompuesta de que ésta es una casa que tiene sus reglas y sus procedimientos. Da la sensación, a veces, de que el Congreso es una cuestión estricta de los partidos. Es una deformación que hacen y no es verdad. Y yo sé que esto molesta aquí. ¿Con qué mecanismos, en su opinión, funcionaría mejor la Cámara? -Aquí, en el Congreso, hay gente muy preparada, muy culta y la dimensión del trabajo parlamentario podía ganar mucho si aligeráramos los procedimientos y se oxigena la vida interna. Y para eso necesitaríamos dejar de ser un Parlamento de precedentes para convertirnos en un Parlamento de reglas claras y precisas.