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ABC DOMINGO 5 12 2004 La Entrevista 11 Un tiro en el pie EDUARDO SAN MARTÍN Recibe en mangas de camisa en su despacho oficial de la Carrera de San Jerónimo. Como para rebajar unos cuantos grados la decadente solemnidad de tanto mueble, alfombra y tapiz. ¿Debe ponerse la americana para la entrevista? Tal vez sí, al menos para la sesión de fotos. Acepta, pero vuelve a desprenderse de la chaqueta en cuanto entra en harina, al calor de la conversación. Manuel Marín (Ciudad Real, 1948) es un hombre apacible. Es difícil sacarle de sus casillas, por más que los portavoces parlamentarios pongan a veces en ello un empeño muy contumaz. Pero es apasionado con las cosas en las que cree, como la modernización del encorsetado parlamentarismo español, de la que se ha convertido en una especie de apóstol que predica en el desierto de indiferencia de las cúpulas de los partidos. Quiere sacar del anonimato al diputado individual y ofrecerle la tribuna de oradores, y los jefes de los grupos mayoritarios se preguntan si este manchego larguirucho no estará tan chiflado como su ilustre paisano. Lo que tal vez ignoren ellos es que Marín exhibe, como algunos de los rasgos más definidos de su carácter, una paciencia, un rigor y una persistencia poco comunes en nuestro país. Vencía por agotamiento a los representantes de la CE durante la negociación del ingreso de España. A la iconografía de aquellas duras jornadas pertenece la ya famosa foto que retrataba a un Marín durmiente de madrugada en su despacho, con los pies apoyados en el alféizar de la ventana, después de una agotadora sesión nocturna de negociación. Y es que el presidente del Congreso forjó su personalidad, recién licenciado en Derecho, en el corazón de Europa, a cuya construcción ha vinculado la parte más importante de su carrera política. Por esa razón, le cuesta entender las miserias de la política mezquina que se practica con frecuencia en nuestro país. De su paso por el Colegio Europeo de Brujas, al que lleva en el corazón, le ha quedado un marcado gusto por la pedagogía, que ha practicado siempre en su carrera pública, y una sentida añoranza por usos políticos más civilizados. Camina con un ligero balanceo, apoyando alternativamente el peso de su cuerpo en una y otra pierna. Pero no es pavoneo; son los meniscos. Y es que Manuel Marín se ha dejado las rodillas en campos de fútbol de la capital belga para zafarse de la pesada rutina de los despachos, a los que nunca ha sido muy aficionado. Tolerante y templado, el presidente del Congreso no cree merecer la animosidad con la que le ha tratado la oposición en los últimos días. Se están pegando un tiro en el pie es una metáfora a la que recurre con frecuencia para explicar cómo en ocasiones uno acaba haciéndose daño a sí mismo cuando pretende infligírselo al contrario. Cuando se iniciaba esta entrevista, el PP acababa de anunciar que su grupo iba a solicitar la reprobación de Marín. No perturba al entrevistado un comportamiento que considera paradójico en la medida en que Marín probablemente sea el presidente del Congreso que con más tenacidad ha defendido los derechos de la oposición, como mostró la semana pasada cuando paró los pies a su propio partido, que quería resolver un fiasco parlamentario con una chapuza legal. ¿No estará el Grupo Popular pegándose un tiro en el pie?