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10 La Entrevista DOMINGO 5 12 2004 ABC MANUEL MARÍN Presidente del Congreso de los Diputados El parlamentarismo español depende demasiado de las Ejecutivas de los partidos MADRID. Cuando el Congreso de los Diputados abra mañana sus puertas para conmemorar el XXVI aniversario de la Constitución, no se habrán silenciado los ecos de las duras jornadas de enfrentamientos que la Cámara ha vivido desde hace diez días. El presidente del Congreso no parece querer en esta entrevista rebajar la tensión, ya que insiste en denunciar las emboscadas del PP. Pero, eso sí, trata de repartir responsabilidades, porque, en su opinión, el parlamentarismo español depende demasiado de las ejecutivas de los partidos y de las direcciones de los grupos parlamentarios -Triste espectáculo el vivido en el Congreso en estos últimos días. -Sí, es innegable. Es triste y hasta cierto punto preocupante. ¿Cree que la opinión pública se lleva una imagen negativa del Parlamento? -La imagen de nuestro Parlamento no es la mejor entre la opinión pública española. Eso dicen las encuestas, porque seguramente también al Parlamento se le maltrata en el sentido de que es muy difícil poner en evidencia las cosas buenas que se hacen aquí. Vivimos en un mundo en el que desafortunadamente siempre lo negativo se traslada mejor. Y aquí se producen circunstancias negativas que, indudablemente, tienen que chocar a los ciudadanos. -En su opinión, ¿qué buscaba el PP al abandonar el hemiciclo el pasado jueves tras la votación de la reforma judicial? -De lo que se trataba era de crear un gran conflicto en la Cámara otra vez. El Congreso puede aceptar las tensiones, los momentos difíciles, pero no pueden tomar carta de naturaleza ni las escaramuzas ni las emboscadas, que deben tener su límite. Yo he dicho desde el principio que eso no me gusta, que es un parlamentarismo malo. He sido diputado y a mí nunca me han llamado al orden. Jamás he pataleado. Jamás he insultado a alguien. Se puede ser una persona correcta y decir tranquilamente lo que se piensa. Pero si se quieren introducir escaramuzas mediáticas y emboscadas de procedimiento, la institución se resiente. ¿Se ha envenenado progresivamente el ambiente o ha sido un cambio brusco debido a la reforma judicial que plantean los socialistas? -El PP puede manifestar que está en contra de esa ley; puede acusar al Gobierno de elegir un procedimiento- -la lectura única- -que le da ventaja; y puede decir al Ejecutivo que persigue un objetivo básicamente político con su reforma. Lo entiendo así desde el debate político, pero, así las cosas, debemos separar el debate político del ata- Tras el anuncio del PP de presentar un escrito de reprobación en su contra, Manuel Marín quiere dejar claro que la Cámara no se puede convertir en el ajuste final de las luchas políticas TEXTO: JOSÉ LUIS LORENTE FOTOGRAFÍAS: DANIEL G. LÓPEZ Ya dije que no creía necesaria la comisión del 11- M ¿Cree que la comisión del 11- M debe cerrar sus trabajos? -Ya dije lo que pensaba cuando empezó: que no creía necesaria esta comisión y que bastaba con la investigación judicial. A partir de ahí, se ha creado una situación institucional muy extraña. Soy el transmisor hacia fuera y hacia dentro de todo lo que hace la comisión y he hecho el trabajo en silencio y con pulcritud, porque no tengo ninguna queja ni de los de dentro ni de los de fuera. Me limito a hacer lo que se me solicita y respondo a lo que viene de fuera hacia el presidente de la comisión, Paulino Rivero. que a las instituciones. Porque la institución está demostrando, a través de su presidente, que se han tomado decisiones de las que será díficil encontrar precedentes. Ejemplo de ello es el hecho de que el presidente le diga que no a su propio partido y al Gobierno que lo propuso. Eso tiene un cierto valor. No digo que lo reconozcan, pero al menos que lo respeten. No quisiera entrar en el terreno de las suposiciones, pero creo que estamos en una situación política que tiene que ver poco con lo que realmente se está haciendo dentro de la Cámara. -El PP anuncia ahora su reprobación... -Si le digo no al Gobierno y el Gobierno respetuosamente lo acepta; si le digo no al PSOE y el PSOE lo acepta- -no digo que les guste, sino que lo acepta- lo que no puede ser es que cuando le digo no al PP abandone el hemiciclo. Es de una lógica bastante aplastante. ¿Tiene la sensación de que se está instrumentalizando al Parlamento por cuestiones políticas? -Ha sido siempre así. El Parlamento está retrasado en muchas cosas y necesita una amplia reforma, precisamente porque adolece de normas de funcionamiento que aclaran situaciones como las ocurridas con la tramitación de la reforma judicial. Hace quince años y nueve meses se decidió acometer la reforma y, en ese tiempo, no se ha hecho. ¿Por qué? Porque el Parlamento es el ajuste final del encuentro y el desencuentro de la política española. No se ha sabido separar el conflicto político de la institución. Es el principal problema que tiene este Parlamento. No lo digo yo. Lo dicen los presidentes anteriores. -Usted ha hablado varias veces de plenos tostones, pero lo que hay ahora es cualquier cosa menos tostón... -Entiendo que por razones de tiempo, de calendario, de errores del Gobierno o de equivocaciones de la oposición se planteen estrategias que se tienen que escenificar en el hemiciclo. Uno de los graves problemas que tiene nuestro parlamentarismo es el de los célebres usos y costumbres, llamados en el argot los precedentes, que sirven para explicar que llueve para abajo y que llueve para arriba. El reglamento y sus normas de funcionamiento han sido tan estrujadas a lo largo del tiempo que permiten cualquier tipo de situación. Por eso es tan urgente la reforma del reglamento. -Pero los ánimos están muy crispados ahora para acometer esa reforma... -Claro que sí. Y esto va a probar que será muy difícil trabajar, pese a que la ponencia está ya abierta. El riesgo que se corre una vez más es que el desencuentro político termine penalizando la institución. -A la altura del partido en que estamos, ¿confía en sacar adelante la reforma? -Estos días me han preguntado algunos portavoces inquietos cómo trabajar al respecto y yo les he dicho que daré mi opinión final sobre el 15 de enero, porque soy consciente de que, una vez que entre el decreto para la convocatoria del referéndum sobre la Constitución europea, la fecha tope es el 4 de febrero. Si en ese día no hemos alcanzado un acuerdo político general, será francamente díficil. Después del referéndum vienen las elecciones vascas- -en primavera- luego llegará el otoño con las elecciones gallegas, un nuevo Presupuesto, la reforma constitucional, la ley orgánica de reforma del Estatuto catalán... Muchas cosas que están pasando ahora en el Parlamento tienen que ver con escenarios ya construidos sobre la aceleración de la agenda política del año que viene, que va ser muy delicada de gestionar. ¿Se siente decepcionado por la poca receptividad de su propio grupo? -No, porque el diágnostico es bien simple. Éste es un Parlamento que está basado en la filosofía del grupo y de la dirección del grupo parlamentario. Si a eso se le añade que hay una ley electoral bloqueada y cerrada, es decir de ejecutiva de partido, tenemos un diagnóstico de lo que es el parlamentarismo español: en el Congreso, grupo y dirección de grupo; y en la vida política, las ejecutivas de los partidos. Esto quiere decir que el diputado individual es simplemente irreconocible. Es algo que nos deberíamos replantear. Esta situación tan protectora de los partidos y de los grupos parlamentarios, cuando se hizo el reglamento con Landelino Lavilla, tenía su lógica. Empezaba la democracia y había que fortalecer a los partidos y los grupos parlamentarios. Había que ser garantista y hacer corsés por todas partes... Pero ahora, el parlamentarismo español depende demasiado de las direcciones de los grupos y las ejecutivas de los partidos. -Pero, ¿se siente respaldado por su grupo? (Pasa a la página siguiente)