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ABC SÁBADO 4 12 2004 Sociedad 57 Religión No fue así, y frente a quienes negaban ese privilegio de María, una multitud de teólogos, predicadores e incluso monarcas pidieron una definición dogmática. Alejandro VII, al reiterar la doctrina ya adelantada principalmente por nuestros predecesores Sixto IV, Pablo V y Gregorio XV cita entre los motivos del nuevo documento la petición explícita de obispos, cabildos y también del rey Felipe y de sus reinos A pesar de la belleza de los cuadros de Murillo y de la elocuencia de tantos predicadores, la polémica seguía y, para zanjarla de una vez, Pío IX consultó por escrito en 1849 a los obispos de todo La concepción que Pío IX definió como Inmaculada no es la de Jesús, que también lo fue, sino la de María Para zanjar la polémica, Pío IX consultó a todos los obispos, quienes se manifestaron a favor de proclamar el dogma el mundo, quienes se manifestaron a favor de proclamar el dogma, como había pedido ya antes una comisión especial de teólogos expertos y como refrendó posteriormente el colegio de cardenales. Con esos precedentes, Pío IX promulgó el 8 de diciembre de 1854 la bula Ineffabilis Deus según la cual, la santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, salvador del género humano Era, por fin, la última palabra. subraya la idea de encarnación física. El debate medieval y renacentista sobre la Inmaculada Concepción de María, no lo era sobre su virginidad, que estuvo siempre fuera de discusión debido al relato extremadamente preciso de los Evangelios. Era un debate sobre el pecado original- -la desobediencia de Adán y Eva en el paraíso- -y sobre la Redención, que algunos teólogos sinceramente devotos de María, entre ellos el dominicano Tomás de Aquino, le aplicaban con la mejor intención como al resto de los seres humanos redimidos por Jesús en la cruz. Aunque las alabanzas escritas a María nacen con los padres de la Iglesia y la idea de la concepción sin pecado original entra en la liturgia de Oriente en los primeros siglos, Occidente la recibió sólo hacia el final del primer milenio. La polémica teológica surgió en los siglos XIII y XIV cuando en la Universidad de Oxford predominaban los inmaculistas mientras que en París se consideraba a María beneficiaria de la Redención, como todos los justos de Israel, a partir del Gólgota. El empuje intelectual del franciscano escocés Juan Duns Scoto en la Universidad de París y en Colonia convenció a la mayoría de los teólogos de que María fue escogida por Dios desde la eternidad y eximida de antemano del pecado original. Finalmente, en 1476, el papa Sixto IV- -constructor de la capilla sixtina -introduce la fiesta de la Concepción de María sin pecado original un año después de haber establecido la fiesta de San José. La cuestión debería quedar cerrada.