Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
16 Nacional LA TRAMA DEL 11- M SÁBADO 4 12 2004 ABC El confidente la conoció en un club de alterne Elisángela Barbosa Guimaraes, Lorena era bailarina del Horóscopo, un club de alterne de Gijón, cuando conoció a Francisco Javier Lavandera Villazón. Lavandero trabajaba como portero en la sala y cedía sus serpientes para los espectáculos eróticos que todas las noches se celebraban en el establecimiento. Nos gustamos y empezamos a salir afirmó la joven brasileña al periódico El Comercio Lorena y Lavandero contrajeron matrimonio hace apenas cinco años y tuvieron un hijo, pero la unión entre ambos fue poco a poco enfriándose. Desde hace seis meses vivían separados, pero mantenían la relación, hasta el punto de que Francisco Javier Villazón la llevaba al trabajo, la recogía y comían juntos a diario. Nos llamamos todos los días, nunca nos habíamos llevado tan bien El pasado 18 de noviembre de este año, pocos días después de que Lavandero fuera declarado testigo protegido, Elisángela Barbosa declaró que le echaba mucho de menos. Si pudiera estar a su lado podría servirle de apoyo. No me importa meterme en un lío, quiero estar junto a él Dos miembros de Salvamento Marítimo recuperan el cadáver de la mujer de Francisco Javier Villazón PALOMA UCHA Muere ahogada en el mar, ante cuatro policías, la mujer de Lavandero Poco antes llamó por teléfono a su jefe y amenazó con suicidarse b Cuatro agentes de Policía y dece- nas de personas la vieron adentrarse en el agua y permanecer en el mar durante una hora. Un socorrista quiso ayudarla y ella se negó MARCO MENÉNDEZ ROSANA LANERO GIJÓN. Elisángela Barbosa Guimaraes, Lorena la mujer del confidente y testigo protegido que en 2001 alertó a la Policía y a la Guardia Civil de la trama de venta de explosivos en Asturias, Francisco Javier Villazón Lavandera, alias Lavandero murió ayer ahogada en la playa de San Lorenzo, en pleno centro de Gijón. La joven, de 24 años y nacionalidad brasileña, permaneció en el agua durante casi una hora en presencia de cuatro policías, de un grupo de amigas y de numerosos ciudadanos que fueron testigos de la tragedia. Eran las tres de la tarde cuando Lorena caminaba por la orilla del mar en compañía de una amiga. Habían bajado al arenal por la escalera número 10. Elisángela Barbosa hablaba por un teléfono móvil y cada vez se iba adentrando más en el agua, mientras su amiga sujetaba los bolsos en la arena. Lorena y su amiga recorrían desde hace rato la costa en dirección a la iglesia de San Pedro, pero al llegar a la escalera 7 una ola le arrancó de la mano su teléfono móvil. La mujer de Lavandero comenzó entonces a saltar y tirarse contra las olas, lo que hizo que su amiga la conminase para salir de las frías aguas. La joven se adentraba más y más, al tiempo que le decía que quería despejarse tras una noche de copas. Transcurrida media hora, la amiga decidió hacer una llamada de teléfono en una cabina instalada junto a la escalera 7. En ese momento, las tres y media de la tarde, dos coches del Cuerpo Nacional de Policía (J- 20 y J- 21) llegaron a las inmediaciones de la escalera 10. Por la rodilla Los cuatro policías ocupantes de los vehículos controlaban los movimientos de la mujer de Lavandero que se había acercado de nuevo hacia la orilla- -el agua le llegaba en ese momento por la rodilla- desde el mismo paseo. Ella daba la espalda al mar y el ímpetu de las olas la hacía caer. Pasó un buen rato hasta que uno de los agentes se decidió a bajar al arenal para hablar con la muchacha. Ella no le hizo caso, por Se encontraba con una amiga en la playa de San Lorenzo; le dijo que iba a despejarse tras una noche de copas Los policías sólo se limitaron a preguntar a la joven si necesitaba ayuda, y a pedir socorro por teléfono lo que volvió a donde se encontraban sus compañeros, que realizaron varias llamadas telefónicas. Poco tiempo después, dos de los agentes se dirigieron a dos jóvenes surfistas para pedirles que se acercaran a la muchacha y la convencieran de que saliera- -el agua le cubría ya por el pecho- Uno de ellos- -socorrista del Grupo Covadonga- -consiguió llegar a Lorena a nado y no obtuvo una respuesta positiva, por lo que decidió salir del agua para informar a los policías. A las cuatro de la tarde, después de casi una hora de permanencia en el agua, la joven era tragada definitivamente por una ola. En todo ese tiempo, los agentes no entraron en ningún momento en el agua. Al contrario, se llegaron a apoyar en la barandilla dando la espalda al mar. Los policías activaron todas las alarmas en el momento en que Lorena quedó sumergida bajo el agua. A los pocos minutos llegaron a la playa tres vehículos de bomberos- -recibieron la llamada a las 16.09 horas- más coches policiales, el helicóptero de Bomberos de Asturias, dos embarcaciones de salvamento marítimo, efectivos de la Policía Local para regular el tráfico en la zona y una UVI móvil. El cuerpo de Elisángela Barbosa fue localizado hacia las cuatro y media gracias a la intervención del helicóptero. Un surfista estaba muy cerca de la joven, a la que consiguió coger por los pies. Acto seguido, dos bomberos se lanzaron al agua desde el helicóptero y ya fueron ellos los encargados de remolcarla a la orilla. Allí esperaban los efectivos sanitarios, que comenzaron rápidamente las labores de reanimación. Tras quince minutos de intentos se decidió trasladar a la joven a la UVI móvil, permaneciendo con ella cerca de 50 minutos. Posteriormente la UVI móvil se dirigió al Hospital de Cabueñes. Entre tanto, cientos de gijoneses habían presenciado desde el paseo de San Lorenzo toda la escena. Desde primeras horas de la tarde, contemplaron las evoluciones de los agentes policiales y de los equipos de rescate. Incluso, varias personas mostraron en aquel momento su intención de denunciar en la Comisaría de Gijón la pasividad con que los funcionarios habían actuado durante la media hora en la que la joven estuvo en el agua y nadie se decidió a acudir en su rescate. La Policía la buscó en su casa Sin embargo, la Policía la buscó en su domicilio cuando el jefe de Lorena avisó a la comisaría hora y media antes de que la joven muriese, para advertir que tenía intención de suicidarse. El mensaje que llegó a la comisaría era claro: la mujer de Lavandero estaba dispuesta a poner fin a su vida. Varios agentes se dirigieron al domicilio de la mujer y, tras derribar la puerta, comprobaron que no había nadie en su interior. Otra patrulla se acercó hasta el prostíbulo en el que trabajaba, pero estaba cerrado. Una nueva llamada de su jefe indicó a la Policía que Elisángela estaba en la playa de San Lorenzo.