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ABC SÁBADO 4 12 2004 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Produce tristeza que los Gobiernos de Cataluña y España estén apoyados en los votos de ERC. Pero la democracia y Zapatero son así EL ARTÍCULO OCTAVO U JUAN MANUEL DE PRADA El uso demagógico de la información y el aprovechamiento bronco que de ella hacen nuestros políticos, empeñados en convertir su labor en una monótona reyerta de corrala, depara situaciones esperpénticas que a nadie benefician EL EXTRAÑO CASO DE LOS SEGUROS E N apenas veinticuatro horas, hemos asistido a un muy divertido sainete que revela el perenne clima de reyerta barriobajera que rige el funcionamiento de nuestra política y el uso malicioso que se hace de la información. Primero se nos revelaba que el Ministerio de Defensa, durante la época en que lo dirigía el muy vapuleado Federico Trillo, había suscrito una póliza de seguros millonaria que amparaba a veinte de sus altos cargos, entre los que se contaba el propio ministro. La noticia no se conformaba con airear los accidentes que dicha póliza cubría, entre los que se contaban algunos que, amén de estrafalarios, muy difícilmente se pueden considerar derivados del ejercicio de la función pública. Tampoco se limitaba a descubrir el importe de la indemnización- -setenta y cinco millones- -que los asegurados o sus familiares hubiesen percibido en caso de fallecimiento o invalidez permanente. Hasta aquí, la información se habría atenido a las estrictas atribuciones que rigen el desempeño de la actividad periodística. Pero la noticia no quiso renunciar a un aderezo gruesamente demagógico, añadiendo que dicha indemnización contrastaba con la que recibieron las víctimas del accidente del Yakolev 42, que no alcanzaba los tres millones Con semejante marrullería se pretendía contraponer el muy precioso valor que los altos mandos ministeriales concedían a sus propias vidas con el escaso que atribuyen a las de sus subordinados. Aquí detectamos cómo a veces la información no se dedica al alumbramiento de la verdad, sino a la manipulación burda de sentimientos y a la demolición de quien se juzga adversario (aunque uno tenía entendido que sobre la información pesa una obligación de neutralidad) Extendiendo este uso torticero de la información, se podría contraponer la partida presupuestaria que cualquier ministerio dedica a la salvaguarda de sus altos cargos con la más exigua o inexistente que dedica a la protección de sus funcionarios rasos. En realidad, la susodicha especificación comparativa no aportaba ningún elemento de interés periodístico; tan sólo buscaba azuzar arteramente, mediante la distorsión de la escueta verdad, la indignación de los destinatarios de la noticia. El emisor de la noticia, arrogándose atribuciones de fiscal acusador, deseaba culpabilizar, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, al muy vapuleado Trillo. De inmediato, la facción gobernante, a través de su órgano partidista, tomó el relevo de los emisarios de la información manipulada, amenazando con iniciar acciones judiciales contra el muy vapuleado Trillo. Pero, hete aquí que, de la noche a la mañana, se descubre que muy similares- -si no idénticas- -pólizas de seguros habían sido suscritas anualmente, desde 1991, para amparar a altos cargos del Gobierno socialista presidido por Felipe González; pólizas que igualmente han beneficiado a colaboradores estrechos de Aznar y que en la actualidad, convenientemente renovadas, protegían a muy destacados gerifaltes del actual Gobierno. El sainete se ha resuelto mediante la destitución del chivo expiatorio que renovó rutinariamente la póliza anual de dichos seguros. Vemos, una vez más, cómo el uso demagógico de la información y el aprovechamiento bronco que de ella hacen nuestros políticos, empeñados en convertir su labor en una monótona reyerta de corrala, depara situaciones esperpénticas que a nadie benefician y que sólo redundan en desdoro de las instituciones públicas. Por lo demás, la cancelación de dichos seguros se nos antoja una solución disparatada. Habría bastado con que se hubiesen anulado algunas cláusulas estrambóticas de la póliza; pero el uso demagógico de la información y su aprovechamiento apresurado sólo admiten soluciones apresuradas y demagógicas. N diputado de Esquerra Republicana, llamado Joan Tardá, ha pedido en el Pleno del Congreso de los Diputados que se modifique o se suprima el artículo octavo de la Constitución, porque le da poderes al Ejército para invadir Cataluña en el caso de que la mayoría de nuestro pueblo decidiera independizarse Es obvio que por boca de Joan Tardá hablaba el pintoresco Carod- Rovira, que siempre sale con despropósitos de este o parecido calibre. Si tomáramos en serio la proposición de Esquerra Republicana, habría que explicar al tal Joan Tardá que el único pueblo que puede decidir sobre ese supuesto de independencia que él plantea es el pueblo español, titular exclusivo de la soberanía nacional. Nuestro pueblo a esos efectos es el pueblo de España, y no otro. Lo demás son partes, parcelas, pedazos, como puede ser San Feliú de Guixols respecto de Cataluña o Don Benito respecto de Extremadura. Y sólo ese pueblo, entero, verdadero y con mayoría puede modificar o suprimir los artículos de la Constitución. Pero eso ya lo saben muy bien. Por otro lado, el Ejército español no tiene posibilidad alguna de invadir Cataluña, por la sencilla razón de que el Ejército de España, al invadir Cataluña, estaría invadiendo la propia España. En el caso que plantea Rovira por boca de Tardá, los invasores de Cataluña y por tanto de España, en ese caso de imposible realización, serían los independentistas. Y además, como tengo la impresión de que los que en Cataluña aspiran a lo que aspira el tal Tardá son mismamente cuatro gatos, quatre gats no haría falta para reducirlos enviar el Ejército; bastaría con movilizar al tambor del Bruch con aquel soldat de la noia que pasaba por la Font del Gat. Pero está muy claro, creo yo, que lo mejor que podemos hacer con las proposiciones disparatadas de Carod- Rovira y sus recaderos es tomarlas a coña y no hacerles demasiado caso. En realidad no se trata de propuestas políticas sino de provocaciones adrede. Como hemos instaurado una democracia que intentamos sea auténtica, los miembros de Esquerra Republicana de Cataluña y de cualesquiera otros partidos tienen perfecto derecho a proponer las medidas políticas que les parezcan oportunas, inoportunas, descabelladas o cachondas, siempre que lo hagan de manera pacífica, y de ello se aprovechan. Por otra parte, no hay mal que por bien no venga. Mientras Carod- Rovira se entretiene en inventar esas sandeces, no viaja otra vez a Perpiñán a darse el pico, paloma con paloma, cucurrucucú, con los terroristas. Más o menos, eso es lo que ha hecho el ministro de Defensa: tomar a coña lo del Tardá, y ha respondido con un razonable pitorreo. Ha confesado Bono que a él le gusta el artículo octavo de la Constitución y que no piensa promover su modificación. Borrar o corregir el artículo octavo de la Constitución no lo va a promover nadie serio, y ni siquiera tendrá que decidir nuestro pueblo acerca de un despropósito así. Otra cosa distinta es la tristeza que produce ver al gobierno de Cataluña y al de España apoyados ambos sobre los votos parlamentarios de esos cuatro delirantes, pero la democracia y Zapatero son así, señora.