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ABC VIERNES 3 12 2004 Espectáculos 73 VIERNES DE ESTRENO Tras las huellas de Charlot Mejor película extranjera Un libro recoge la presencia de los sin techo en la historia del cine Tras las huellas de Charlot es el título de un libro que repasa la historia de los sin techo en el siglo XX a través de las películas que a lo largo de este tiempo se han detenido a retratar, desde la ficción, una realidad de miseria y exclusión social que sigue vigente. Isabel Sánchez, autora del libro, explicó ayer que se trata de una guía sencilla de otra historia del cine Mar adentro premiada por la Junta Nacional de Críticos de EE. UU. La película de Alejandro Amenábar no ha podido comenzar mejor su carrera hacia el Oscar, ya que la Junta Nacional de Críticos de Estados Unidos la ha elegido como el mejor filme extranjero del año. Mar Adentro se impuso a La mala educación María llena de gracia Las coristas y Diarios de motocicleta La mejor película del año fue Finding Neverland Alejandro Amenábar Cosas que hacen que la vida valga la pena Ana Belén, Eduard Fernández y el amor con sacacorchos E. RODRÍGUEZ MARCHANTE Fiel a su estilo serio de hacer comedia, Manuel Gómez Pereira está a punto de darle aquí la vuelta al género como si fuera una tortilla y bate, con dos huevos, una historia por un lado muy, muy dramática, pero, por el otro, tan jocosa, esperanzadora y optimista que uno, al verla, no puede evitar el preguntarse el cómo y el cuándo se volteó aquello ante nuestras narices, a punto de pañuelo y de repente gozosamente húmedas como las de un perdiguero en un día de campo. Se puede pasar perfectamente por alto lo que de bajo tiene la película, que lo tiene, y está pegoteado en forma de tres o cuatro tópicos argumentales y visuales (la parte radiomelancólica sirve para lo que sirve, aunque cinematográficamente pese tan poco en la historia que se queda en una mezcla de exclamación y exabruto: ¡coño, Gabilondo! pero, ya digo, se puede pasar por alto eso y el milagroso final y quedarse uno con el placer de seguirle los pasos a esos dos personajes y a esos dos actores: ella, un personaje que quiere imitar a Ana Belén, y él, un actor catalán llamado Eduard Fernández, que compone un tipo tan angustioso y an- Ana Belén y Eduard Fernández Director: Manuel Gómez Pereira Intérpretes: Ana Belén, Eduard Fernández, José Sacristán, María Pujalte Nacionalidad: España, 2004 Duración: 90 minutos Calificación: gustiado, tan gracioso y desgraciado, tan enormemente pequeño, tan humano y animal que se le cuela a uno a través de la piel, como una de esas cremas hidratantes que anuncian las estrellas. Cosas que hacen que la vida valga la pena cuenta el topetazo casual de dos almas destinadas a repelerse, pero que, dadas las circunstancias (soledad, salidez y un catálogo completo de incompatibilidades con el éxito) encuentran ciertos caminos, arduos y voluntariosos, para urdir algo parecido a una relación. Y de todo esto surge esa mezcla de tragedia personal y de comedia general. Tal vez sea necesario mi- rarse a uno mismo para estimar el resultado final: de Cosas que hacen que la vida valga la pena se sale con cara y cuerpo de comedia, aunque al tiempo convencido de que no te han contado ningún chiste y la risa se ha dibujado apenas con una raya en la comisura. A ellos, la pareja protagonista, que son puro drama, nos los convierten Ana Belén y Eduard Fernández en ralladura de comedia mediante unas interpretaciones entre magníficas y portentosas. De aquel Eduard Fernández tristón y cobarde de En la ciudad a este macarrón madrileño, romántico y reincidente como el estribillo de un bolero, va todo un trecho que sólo pueden recorrer los más grandes actores. Y además, surge entre ellos una no- química perfecta, entrañable, descorazonadora, necesaria para agarrarse al raíl de la historia, para vivirla en toda su accidentada carnalidad y urgencia. Por lo demás, y ya sacando un pie del estribo, algunas escenas de alegrón sexual y con cierto subrayado contemplativo al físico de Ana Belén vienen a corroborar que, por mucho que se la alabe, siempre será poco. La búsqueda Indianas de nuevo cuño JOSÉ MANUEL CUÉLLAR Este asunto tan celebrado de El codigo Da Vinci y boutades similares nos va a traer muchos problemas a la gente simple de la calle. Tanta simbología, señales que no lo son o que lo son, idas y venidas que van y no vienen, callejuelas estrechas que son anchas, o son anchas pero son estrechas o que sé yo, o aquél o el de más allá. Una moda maldita que te estruja el cerebro y si no lo pillas, no lo pillas, y entonces eres un retrasado del trasero y mucho más... Todo esto ha traído el marisabidillo de Leonardo (Da Vinci) que se creía muy listo y, lo peor, que lo era, para estos tiempos tan llanos. Pues bien, entre Leonardo y Ford, Harrison, nos han traído estos lodos, que lo son, aunque un tanto livianos. Ve la gente La búsqueda así en Director: Jon Turteltaub Intérpretes: Nicolas Cage, Diane Kruger, Justin Bartha Nacionalidad: Estados Unidos, 2004 Duración: 131 minutos Calificación: plan de promoción, prensa, noticias y más allá, y seguro que piensan: Vaya, por fin Indiana de nuevo variantes y demás, y se van ilusionados al cine esperando pues eso: aventuras, acción, emoción, lianas, monos, correrías por aquí y por allá, enigmas sin fin y todo eso que Indiana y compinches prometen. Y vale, pues sí, eso es más o menos. Cage por Harrison y la Kruger (una especie de Madeleine Stowe en rubia e igual de sosa) en vez de Kate Capshaw (la mujer de Spielberg) y ya. Aquí se sigue la misma secuencia; es decir, en la primera parte de la película un poco de acción mental para descubrir la simbología de todo y luego mucha mecha. Lo de los símbolos en los libros es más fácil porque si no lo pillas relees. Aquí no; los guionistas, para evitarse problemas, lo dan todo por hecho, esto es así y lo otro asao. ¿No lo lo coges? Es tu problema. Sé más listo. A nosotros ya nos han pagado, apáñetelas Cuando lo intentas, ya están en el séptimo acto y te han cobrado la entrada. Es el problema de la simbología. Como no eres experto, ellos se aprovechan y van a toda marcha (algo así como los informáticos) Que no vas a su ritmo, allá tú. Pero el caso es que pasan de escena a escena y de bloque a bloque porque sí, sin esperarte y ni ganas de hacerlo. Y lo demás es lo ya visto: rapidez, velocidad, y escenas bien engarzadas, pero todo visto, sin excesivas sorpresas y con un final empalagoso y muy, pero que muy pastelón. Y eso sí, en todo el relato lo que es novedoso aquí es inescrutable allá. La historia es impensable, un tesoro que sigue la pista del frío al calor, de generación a generación y a salto de mata. El tesoro, que es buscado por el mundo entero, lo pillan unos listillos por mor de unas claves de guionistas sin salida, imposibles de seguir pero que éstos aciertan más que nada para que la película pueda seguir un ritmo de acción trepidante. Es decir, lo de siempre con otra vuelta de tuerca, pero eso sí, un poco más pensada que de costumbre. Bueno, en suma, otra de palomitas, aunque esta vez sea de combo.