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36 Madrid VIERNES 3 12 2004 ABC MADRID AL DÍA CERVANTEANDO IGNACIO RUIZ QUINTANO a Academia presentó el miércoles el Quijote del centenario, que, en contra de lo que podía esperarse, ha resultado un Quijote bastante menos humilde que el presidente Rodríguez, cuya deslumbrante greguería parlamentaria- A humilde a mí no me gana nadie -ya ha dado la vuelta al mundo. Según don García de la Concha, que venía de Rosario, Argentina, donde sólo se puede ser don García, el Quijote del centenario es un Quijote para el pueblo. Tó p al pueblo fue la expresión popular del hermano humanista de Juan Guerra cuando lo de Rumasa. Después de todo, en el Quijote del centenario también han apoquinado los contribuyentes. La presentación del Quijote del centenario corrió a cargo de Vargas Llosa, que lo leyó. Que nos leyó el Quijote, quiero decir, o ese rumor, al menos, fue extendiéndose por el gallinero de la Academia mientras leía. Yo creo que lo que hizo fue dar varios rodeos hasta reunir el valor necesario para, ante la ministra de Cabra, mantener una tesis declarada reaccionaria: Cervantes estuvo cautivo en Argel. Sí, señor. Al oírlo, el mismo Cervantes guiñó un ojo desde el retrato de su amigo Juan de Jáuregui. La versión reaccionaria de la estancia en Argel refiere que, navegando Cervantes hacia España con su carta de recomendación, firmada por don Juan de Austria, bajo el brazo bueno, fue secuestrado por los piratas berberiscos y conducido a Argel, donde, gracias al brazo malo, se libró de remar en galeras, y gracias a la carta de recomendación, pasó a ser propiedad, ay, ay, ay, de Dali Mami, un cristiano renegado que regentaba un establecimiento de piratas en la medina. La versión progresista sostiene, sin embargo, que Cervantes acabó en Argel por amor. ¡Ah, el problema del amor en Cervantes! Arrabal ha sugerido la homosexualidad del Manco de Lepanto, circunstancia que lo haría rabiosamente moderno en los ambientes de la laicidad mediática. Si el debate de la Constitución de Europa ha ido a parar a las conejeras de Gran Hermano, ¿por qué no llevar el debate de la opción sexual de Cervantes al plató de la Salsa Rosa? L DIMES Y DIRETES JAVIER URRA PSICÓLOGO, ASESOR DE UNICEF EDUCAR PARA LA CONVIVENCIA El autor expone la importancia de la educación infantil, a cargo de los padres, en la que ser (persona) debe ser siempre más importante que tener (objetos) H ay niños que cometen hechos deleznables que no lo hacen por odio sino por carencia de ajuste social, por estar huérfanos de valores, de criterios, por adolecer de evolución moral. Niños famélicos que socialmente han padecido una dieta donde se les ha suministrado derecho a exigir, a dictar, a ser individualistas, a centrarse en sus intereses y se ha olvidado de administrarles el derecho a ser condescendientes y generosos, a saber esperar, ser tolerantes y solidarios, a pensar en los otros, en el prójimo. Oímos a menudo es tan difícil educar y pienso: más mérito tiene educar tan mal, ¡que falta de amor, dedicación, de esfuerzo, de coherencia! Se argumentará: Esta sociedad es muy compleja, no sabe la presión de su grupo de amigos, en los medios de comunicación hay una cascada de violencia y sexo (muchas veces inseparablemente unidos) hay droga... Es cierto, ¿quién lo niega? Pero, ¿por qué hay niños- familia- contexto sanos? Hay que educar: En el honor; en la palabra dada que se cumple; en la fidelidad; en la verdadera amistad; en la dignidad; en el dominio de sí mismo. La interiorización de reglas, valores y juicios es una parte importante del desarrollo social y moral. Ser (persona) es mucho más importante que tener (objetos) Motivarse para vivir el día a día, ilusionarse con las pequeñas cosas, tener afán de superación, compartir buen humor resulta fundamental. Ser (persona) supone adquirir y cumplir los compromisos, interesarse de verdad por los demás, entender lo esencial de la vida, ser respetuoso consigo mismo y con los demás, vivir como igual al otro a pesar de las diferencias aparentes, disfrutar del ocio y del trabajo bien hecho. Ser (persona) conlleva no ocultar los errores o acciones mal realizadas aunque como consecuencia se reciban sanciones. Hay que educar en los sentimientos, en la apreciación de la riqueza de los mismos, en saber expresar los propios, en captar y entender los de los otros. Uno de los grandes fallos de la educación... es que desde pequeños no nos enseñaron el juego de Ponerse en el lugar del otro o el de El que no sabe lo que siente, pierde Los niños han de aprender a conducir la propia vida, y manejar las relaciones que se mantienen con los demás. Hay que educar a los niños en el respeto, la sensibilidad y el cuidado hacia los animales, hacia los ancianos, hacia los bebés, y en general hacia toda forma de vida. Habrá de predicarse con el ejemplo en tantas situaciones cotidianas (respetar al desvalido, no colarse en los espectáculos, cumplir las normas... y explicar lo que está mal, razonar el por qué no se debe de hacer. En la nueva realidad multiétnica han de implantarse semillas no solo de tolerancia sino de solidaridad. Hemos de saber transmitir a los pequeños que lo distinto enriquece, que el arco iris es bello por la policromía de sus colores. Hay que fomentar los mejores sentimientos y conductas hacia y con quien lo precisa (emigrantes; personas económicamente desfavorecidas; niños enfermos; ancianos con limitaciones; discapacitados) Educar en la amabilidad, en el altruismo, en el tú; promover la solidaridad, es decir, inculcar que nuestras acciones repercuten para bien o para mal en los demás.