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ABC MIÉRCOLES 1 12 2004 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Es prudente quien no dice más de lo que puede decir, y Aznar fue ejemplo de prudencia. Pero nadie le acusará de morderse la lengua LOS AUTORES INTELECTUALES Q EL RECUADRO ANTONIO BURGOS Hay que estar hecho de otra madera para aguantar once horas, once, tarascada tras tarascada, arreón de manso tras arreón de manso, colada por el izquierdo tras colada por el izquierdo, sin pestañear. Sin quitarse del sitio. Sin enmendar la figura LA MADERA, O AZNAR SEGUÍA ALLÍ M UCHO se habla del temple y del estilo de los pintureros toreros andaluces. Muy poco del valory lashechuras de los toreros de ambas Castillas, forjados en la reciedumbre de una plaza de carros. Un torero andaluz evoca una pintura garbosa en el país de un abanico. Un torero castellano evoca un cuadro de Solana en esa plaza de carros, con garrotas de boina y blasfemia, amenazantes si no se arrima. Es voz común que los toreros, sean de donde fueren, están hechos de distinta madera. Si de otra madera aromática estaban hechos José y Juan, Pepe Luis y Ordóñez, Paula y Romero, no hablo de la reciedumbre y dureza de olmo castellano, de álamo de ribera, de encina en cárdena roqueda de que estaban hechos Domingo Ortega, Marcial Lalanda o Antonio Bienvenida. Esta madera de Castilla la tiene un torero de la política. Enla política haytoreros. De todos los tramos del escalafón. Con un duro que cambiar o sin que valgan un duro. Cortitos de valor o sobrados. Figuritas y figuras. Aznar es uno de estos toreros de la política. Dejo al gusto y paladar de la afición que el sol y la sombra califiquen su toreo. Me fijo ahora sólo en su madera. Esa madera torera, distinta al resto de los mortales. Supe que Aznar estaba hecho de esa madera torera la ya lejana mañana en que los criminales de la ETA pusieron un coche- bomba al paso de su automóvil. Aquello pegó el explotido, y entre hierros y sangre se levantó después del revolcón de muerte. Y como está hecho de la extraña madera de los toreros, como ellos, sin mirarse siquiera la taleguilla, cogió otra vez los avíos y volvió a ponerse en la cara del toro de España. Ensu comparecenciaante la comisióndel 11- M he vuelto a ver la misma madera. Hay que estar hecho de otra madera para aguantar once horas, once, tarascada tras tarascada, arreón de manso tras arreón de manso, colada por el izquierdo tras colada por el izquierdo, sin pesta- ñear. Sin quitarse del sitio. Sin enmendar la figura. Sin aliviarse. Sin ponerse fuera de cacho. Ideas aparte, hay que admirar a Aznar por su resistencia física. Lo suyo fue de Olimpiada. Me desperté, y mientras desayunaba, puse la radio. Aznar empezaba a hablar. Leí los periódicos, despacito. Aznar seguía hablando. Me duché. Aznar seguía hablando. Atendí a tres llamadas de teléfono, salí a la calle, hice tres mandados. En la radio del coche, Aznar seguía hablando. Volví a casa, me tomé el aperitivo, almorcé. Aznar seguía hablando. Me eché una siesta pijamera bien despachada. Al despertarme, Aznarseguía hablando. Tuve de nuevo que salir a la calle, ver a un señor, hacer una compra. A la vuelta, Aznar seguía hablando. Observé por televisión que en los bancos de los comisionados había huecos. Habían salido a tomar un café, a almorzar, a merendar, mientras Aznar seguía hablando. Se turnaban, como los policías en el interrogatorio del malo de las películas, pero Aznar seguía él solito allí. Hablando. Sólo le faltaba el foco delante de los ojos y el otro con la pistola enla sobaquera. Cansaba sóloel verlo. Estaba con la voz ya rota. Me parecía que hasta le había crecido la barba, ¿no le va a crecer? Y cuando todo parecía acabado, hala, ¡otro turno final de todos los grupos! De esta madera no estaba hecho ni Caracol el del Bulto, mozo de espadas de Joselito, padre de Manolo Caracol. Quien tuvo un día así en el Madrid republicano de la guerra incivil, una jornada de bombardeos nacionales que se pasó enterita en el refugio, desde las 9. Bomba va y bomba viene, a las 2 de la tarde, Caracol ya no pudo más, desmalladito. Y jugándose la vida entre los bombazos, salió a la calle y gritó a los aviones de Franco, alzando las manos al cielo: -Pero hijos míos, ¿es que no paráis ni pá almorzar? Con Aznar no pararon ni para almorzar. Es más: creo que todavía está hablando. Como un redoble de conciencia. UE los trágicos atentados del 11 de Marzo fueron pensados, organizados, perpetrados y explotados con el propósito de darle un vuelco a las elecciones del 14 y con el objetivo de desalojar del Gobierno al Partido Popular es cosa que saben ya hasta las madres, que según dicen son las últimas que se enteran de todo. Vox populi, vox Dei secreto a voces, río que suena como las cataratas del Iguazú. Es explicable, porque si no era así, el PP se habría instalado en el Gobierno una o dos legislaturas más, y eso era demasiado para algunos intereses. Sabemos quiénes fueron los autores materiales de aquella masacre nunca vista, pero no tenemos pruebas, ni certidumbres, ni siquiera indicios vehementes de quiénes estaban detrás de esos desgraciados mindundis. Y no deja de ser curioso que fueran descubiertos tan pronto, localizados tan pronto e inmolados tan pronto y con tantas prisas. Si todas esas circunstancias pueden llegar a tener el carácter de pistas para la investigación y si es que se quiere investigar, averígüelo Vargas. Conocemos, claro está, quiénes son los que se aprovecharon de aquello, y por cierto, de mala manera, forzando y resquebrajando la democracia y la decencia, porque ahí los tenemos con la sartén cogida por el mango. Pero aquí el cui prodest a solas no basta para arrojar luz sobre las sombras. Los autores intelectuales de los atentados y sus probables cómplices permanecen en el reino de las sospechas, de los barruntos o de la fantasía, y nada de eso sirve para fundamentar una acusación, ni siquiera para aventurar una hipótesis sobre los responsables intelectuales de un delito tan monstruoso. José María Aznar arriesgó una alusión misteriosa, nada concreta y casi de adivinanza acerca de los responsables de la idea. Primero afirmó que si las elecciones hubiesen sido convocadas, no para el día 14, sino para el día 7, los atentados se habrían producido el día 4. O sea, confirmaba la vox populi Y después aseguró con palabras tan medidas que no pueden ser el resultado de una improvisación o un apresuramiento que los autores intelectuales, los que planificaron y diseñaron el 11- M no viven en desiertos remotos ni en montañas lejanas ¿Intentaba Aznar descartar a los habitantes de desiertos asiáticos y de montes de otros continentes, o quería aludir a desiertos vecinos y montes cercanos? Eso es lo que quiso saber Llamazares. Pero Aznar no soltaba prenda y la frase seguía allí, en el aire del Congreso, misteriosa y cabalística. Entonces Llamazares concretó: ¿Se refiere usted a los servicios secretos de Francia o de Marruecos? En dialéctica, Llamazares es un gato muerto, y el ratón se escapó vivo: Yo no he dicho eso. Eso lo dice usted Más tarde, José María Aznar dijo algo terrible, pero que los españoles escuchamos ya sin escándalo y hasta sin sorpresa, como cosa sabida y consabida: Quien ideó el 11- M, también planificó los días 12, 13 y 14 Si la prudencia consiste en no decir más de lo que uno puede y quiere decir, Aznar fue un ejemplo de prudencia. Pero nadie podrá acusarle de morderse la lengua. No lo hizo ni una sola vez en once horas de comparecencia.