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4 Opinión MARTES 30 11 2004 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca Jefes de área: Jaime González (Opinión) Alberto Pérez (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Mayte Alcaraz (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Pablo Planas (Reportajes- corresponsal político) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Ignacio Sanz IGNACIO CAMACHO CONTUNDENTE AZNAR L balance de la intervención del ex presidente del Gobierno JoséMaría Aznarante laComisión parlamentaria que investiga el 11- M justifica retrospectivamente a quienes, en el Grupo socialista, deseaban evitar su comparecencia. El hecho de que Aznar superase una sucesión de interrogatorios a lo largo de diezhoras, conun testimoniocoherente y lleno de convicción, ordenado en la exposición histórica, razonable en lainterpretación deloshechos y comedido en las formas, es suficiente para valorar que su paso por la Comisión ha sido claramente favorable para el juicio de la responsabilidad política de su Gobierno. La condición de brillante parlamentario que acredita al ex jefe delEjecutivo quedóayer de manifiesto con una intervención en la que anuló dialécticamente a buena parte de los interpelantes, especialmente a los representantes de ERC y del PSOE, que se perdieron en disquisiciones formales ante el rocoso discurso de Aznar. E 12, 13 y 14 de marzo Quienes no querían ver a Aznar en la Comisión sabían que el ex presidente del Gobierno tenía en su mano demostrar que en aquellos días, del 11 al 13 de marzo, no fue sólo su Ejecutivo el quetomódecisionese informó ala opinión pública. Otros también lo hicieron en sus propios ámbitos, y Aznar se limitó a recordar el papel de cada cual entonces. Fue significativo el empeñode algunos portavoces en excluir del testimonio de Aznar cualquier referencia a la actuación de determinados medios de comunicación o de grupos políticos opositores, advirtiéndoledeque enesaComisión sólose investigaba la responsabilidad política de su Gobierno. Nunca fue éste el designio de una Comisión parlamentaria que, primero con Ángel Acebes y ayer con Aznar, no ha dejado de ser un juicio sumarísimo contra el Ejecutivo del PP. Aquellos días comprometieron a toda la sociedad y a todas las instituciones. El PSOE cometió un error de partida: creer que podría aislar la gestión del Gobierno popular y procesarla como si nada más hubiera pasado entonces. Aznar logró superar su comparecencia y, contra el propósito estratégico de sus interrogadores, hizo que cada uno de ellos tuviera que ponerse a la defensiva Los españoles quieren conocer el papel del PSOE en aquellas jornadas y la responsabilidad de filtraciones que desencadenaron una agitación callejera antidemocrática e ilegal que no dudaron en agredir con acusaciones nunca probadas a un Gobierno legítimo y democrático. El curso del interrogatorio al ex presidente del Gobierno no permite pensar en una rectificación del PSOE en cuanto a su repertorio de imputaciones contra Aznar y su Gobierno. Ante la concurrencia de datos, informes, citas y respuestas coherentes, las réplicas a Aznar se basaron, por parte de la mayoría de los portavoces, en reiteraciones imprecisas, acusaciones sin prueba y condenas sin motivación. No fue ETA la autora material del 11- M, pero Aznar demostró que su Gobierno no mintió a sabiendas cuando declaró inicialmente su autoría, después de que lo hubieran hecho, por cierto, el lendakari Ibarretxe y el dirigente independentista Josep Lluís Carod- Rovira. Aunque su afirmación de que los autores intelectuales de la matanza no andan en montañas muy lejanas podría ser tachada de demasiado categórica, supo el ex presidente depurar su discurso de adherencias extrañas, no incurriendo en el error de aventurar conjeturas atrevidas sobre los vínculos entre ETA y el terrorismo islamista- -más allá de los datos objetivos que se conocen- -ni en seguir la causa general contra la Guardia Civil abierta en otras instancias. La sombra de ETA Sobre todo, Aznar desmontó el argumento del posible beneficio electoral que se atribuía a la autoría de ETA, al recordar que, durante los años inmediatamente anteriores, la oposición socialista y de otros grupos tachaba sus advertencias sobre el terrorismo islamista como una coartada para implicar a España en el apoyo a Estados Unidos en su campaña contra el terrorismo internacional. E L PSOE y sus aliados empiezan a comprobar las consecuencias de su estrategia de aniquilación política de José María Aznar y del PP. Han llevado la tensión hasta un extremo insoportable y el PP ha decidido salir del rincón defendiendo su pasado y haciendo frente a las más graves acusaciones que ha recibido un Gobierno democrático en Europa en los últimos tiempos. Campaña de aniquilación El testimonio del ex presidente se ha beneficiado del paso del tiempo, un factor que los socialistas despreciaron, porque pensaron que podrían perpetuar durante toda la legislatura el ambiente del 13- M. No ha sido así, porque el tiempo concede perspectiva y objetividad, pero también porque la sociedad cambia sus intereses y ya no es lo mismo arremeter contra el PP en aquellas fechas, cuando todo estaba permitido, que secundar hoy a un Gobierno socialista que está perdiendo a marchas forzadas su estado de gracia. La principal aportación de Aznar a la justicia histórica con su Gobierno y con su partido ha sido la de no eludir su comparecencia ante el Parlamento y ante la opinión pública; la de no rehuir el cuerpo a cuerpo con todos y cada uno de los grupos que imputaron la responsabilidad del 11- M a su política exterior, en particular a la guerra en Irak, como lo hizo explícitamente el ahora presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en relación con el atentado de Casablanca. Además, Aznar desplegó durante su intervención un efectivo control de la situación, que era el flanco que pretendían romper algunos de sus interrogadores, para quienes el éxito del interrogatorio se basaba en sacar de quicio a Aznar, forzarle a reacciones desairadas y exponerle en la picota de su peor caricatura. Fracasaron, porque, ciertamente, ayer se vio al mejor Aznar. Desmontar la teoría de la mentira Es humanamente imposible sostener una mentira durante tanto tiempo y contratantas personas. La conclusión essimilara laquemereció lacomparecencia de Ángel Acebes, quien también resistióel tercergradoparlamentario que le estaba reservado: el Gobierno del PP no mintió sobre la información que le facilitaban las Fuerzas yCuerposde Seguridaddel Estado. Este dato se ha hecho tan incontrovertido que los reproches al Gobierno de Aznar se han ido desplazando a otros momentos- -la jornada del 13 de marzo- -y a otros ámbitos de su gestión- -la relación con los medios, el Pacto Antiterrorista- pero ya no es posible, salvo que estén dispuestos al descrédito, quelossocialistasydemásgrupos que explotaron hasta la náusea el argumento de la mentira sigan insistiendo en sus imputaciones contra el ex presidente del Gobierno. El formato de la comparecencia favorecía a los acusadores de José María Aznar, porque les permitía encadenar sus interrogatorios y auxiliarse recíprocamente. Pero Aznar logró superar este condicionamiento previo y, contra el propósitoestratégico desus interrogadores, hizoque cadauno deellos tuviera que ponerse a la defensiva; sólo cuando se refirió a los motivos por los que no convocó el pacto antiterrorista mostró el ex jefe del Ejecutivo cierta debilidad argumental. PSOE y medios de comunicación También hay una parte muy importante de la sociedad española que quiere conocer el papel del PSOE en esas jornadas y la responsabilidad de filtraciones- -los terroristas suicidas, el decreto de suspensión de las elecciones, el conocimiento anticipadode pruebas, etcétera- -quedesencadenaron una agitación callejera antidemocrática e ilegal. Especialmente contundentes fueron las acusaciones vertidaspor Aznar contra un determinado medio de comunicación, al que reprochó haber manipulado la realidad de aquellos días con informaciones falsas. Todo forma parte de aquella historia trágica para la democracia española y todo debe tener su respuesta. Lo que ha cambiado desde ayer es que esa respuesta está en el campo de sus detractores. Aznar invirtió la carga de la prueba y situó el debate en los términos que menos convienen a un PSOE obligado a responder- -ayer no supo hacerlo- -a las nada veladas acusaciones del ex jefe del Ejecutivo. A hora hay que confiar en que el compromiso que los socialistas proclamaban tener con la verdad se aplique a sus propios actos y contribuya a esclarecer las razones por las