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ABC MARTES 30 11 2004 La Tercera AZNAR: ESTADO Y PARTIDO E L terrorismo hace más daño que la guerra, mucho más daño. Expresa la violencia en su versión más injusta y perversa. Deja secuelas morales, incluso en una sociedad que a veces parece apática. Provoca vértigo: el 11- M, en relación de causa a efecto con el 14- M, amenaza con quebrar el consenso que sustenta nuestro sistema constitucional. Ganan terreno los sectarios que pretenden convertir al adversario político en enemigo existencial, tomando a Aznar como víctima predilecta. En ese marco surge la ansiedad, fruto del desconcierto y de la rabia impotente. Pero también hay gente que persigue un interés siniestro en alimentar pasiones y contribuir al malestar colectivo. La respuesta natural a la ansiedad es la construcción de un mundo ficticio. La España contemporánea, regida por la mejor Constitución de nuestra historia, está por fin a la altura de los tiempos, en primera línea del Espíritu de la Época. Por eso, la opinión pública exige el máximo sentido de la responsabilidad a los protagonistas de esta democracia mediática. Es la hora de la razón y no del interés particular; menos aún, de las ambiciones espurias. José María Aznar ha sido, es y será una referencia para el centro- derecha en España. En esta tierra de envidias e ingratitudes, el reconocimiento llegará, por supuesto: tarde, pero llegará. Le debemos muchas lecciones: que la mejor política deriva del patriotismo y las convicciones; que en la guerra contra el terror ganan los valientes y pierden los cobardes; que el protagonismo internacional de España reduce la estrechez parroquial al nivel de insignificancia que merece. Ayer prestó un gran servicio a la nación y a su partido. Es humano (demasiado humano, diría Nietzsche) el deseo de reivindicación. Pero un político responsable debe mantener la lucidez y el sentido común. Así ocurrió. Apunte personal: fue el momento más duro de toda mi vida Sentido de Estado: hubo debate a fondo, pero ni un solo dato que perjudique al interés general. Reiteración de una exigencia elemental: que se investigue cualquier indicio de conexión con ETA. Admisión de fallos probables en Asturias, en un contexto de elogio y reconocimiento a la Guardia Civil. Legítimo interés de partido. Los autores intelectuales del 11- M tenían el propósito de volcar el resultado electoral. Reproches muy justos a quienes profanaron el rito sagrado de la jornada de reflexión. Rechazo tajante a mentiras infames sobre falsos suicidas, suspensión de elecciones o supresión de Autonomías. La Comisión ya no da más de sí. La opinión bien informada tiene muy claro que el Gobierno no mintió en las horas siguientes a la masacre. Tal vez hizo demasiado caso a ciertos aspirantes a maquiavelo de juguete En conjunto, fue más ingenuo que malvado, incapaz de trampear la situación con habilidad, como hubieran hecho otros. El resultado electoral lo dice todo. Es evidente que la política no es geometría, pero esta vez hemos ido demasiado lejos en el juego de las paradojas. Tenemos una izquierda que presume de multi- Lección de auctoritas de Aznar ayer en el Congreso. Una sesión agotadora que demuestra la categoría del hombre de Estado y la prudencia del político de partido culturalista y tolerante, pero que culpa sin fisuras al islamismo, aunque disfraza las palabras con falso pudor. Todavía peor: resulta que el PP paga la factura más cara y encima consiguen que continúe dando explicaciones en defensa de su honor mancillado. En la vida, al revés que en el cine, parece que los buenos no siempre son más listos. Aznar ha visto cómo se truncaba una operación sucesoria modélica y se interrumpía- -aunque sea de forma transitoria- -un proyecto que debe seguir adelante para el interés general de España. Fracasa, pues, la pieza clave de la causa general que se ha incoado en ciertos ámbitos contra el anterior presidente del Gobierno y, probablemente, contra el significado de su trayectoria política. El futuro, no se olvide, se llama Mariano Rajoy. Reflexionemos sobre los tres puntos del orden del día: mentira; imprevisión; manipulación. Está más que demostrado que no hubo tal mentira. Agotada esa veta, vienen las acusaciones sobre imprevisión. Algunos tendrían que medir sus palabras después de las tonterías que dijeron sobre el comando Dixan ¿Cuándo se acabarán las gracietas ridículas sobre asuntos tan serios? Vamos al otro lado de la red. Estoy convencido, como muchos españoles, de que la manipulación existió. Como a tanta gente decente, me indigna la hipocresía de quienes todavía quieren sacar ventaja de aquellos días trágicos. Pero si el PP quiere recuperar la confianza de la mayoría, no debe contentarse con jalear la maldad intrínseca del adversario. Seamos sinceros: no manipula quien quiere sino quien puede. El PP perdió las elecciones de forma injusta e inesperada porque había perdido tiempo atrás la batalla de las ideas. Hemos construido (entre todos, por cierto) un discurso sólido y eficaz contra el terrorismo de ETA y sus epígonos. Ha sido el mayor éxito de nuestra democracia en estos veinticinco años. Hablemos ahora de Irak. Aznar llevaba razón en el apoyo a Estados Unidos. Recuerdo que esto lo dijimos muy pocos- -casi todos en este periódico- -ante la reticencia de algunos responsables populares y de quienes siguen prisioneros de viejas querencias antiamericanas; unos, porque proceden de la izquierda arrepentida; otros, por la lógica inherente a cierta mentalidad que no olvida el hundimiento del Maine. Por eso no había argumentos ni política informativa preparada para afrontar, en aquellas horas dramáticas, una eventual autoría islámica. Es una lástima. Tal vez una sabia pedagogía de la libertad hubiera dado sus frutos para sustentar la decisión histórica de Aznar, una genuina revolución en nuestra cultura política anquilosada. Pensar no sólo exige inteligencia sino también valor, escribe H. Arendt, que lo sabía todo sobre los totalitarismos. Seamos, pues, valientes. Hablemos de patriotismo. Primero: ¿por qué somos el país más vulnerable de Europa? Respuesta: porque el Estado es débil y la sociedad tiene mucho que aprender en materia de virtud cívica. Segundo: ¿quién puede obtener nuevos beneficios de la Comisión que se tambalea? Es fácil de adivinar que los grupos menores (algunos de ellos, partidos antisistema) van a vender muy caro su voto, para aprobar junto con la débil mayoría socialista un informe sesgado. Ojalá no termine todo beneficiando a los enemigos- -reales o potenciales- -de la España constitucional. Lección de auctoritas de Aznar ayer en el Congreso. Una sesión agotadora que demuestra la categoría del hombre de Estado y la prudencia del político de partido. Hay quien pretende identificar su figura con la versión postrera de una idea superada sobre la realidad nacional de España. Eso les gustaría, pero se equivocan por completo. No conviene alimentar el argumento falaz: estamos peor que nunca dicen los que ponen fecha fija al final de nuestra milenaria historia en común. Criterio falso de toda falsedad, ya sea mentira interesada o desahogo inocente. Los dos partidos que representan a la inmensa mayoría de los ciudadanos tienen un deber ineludible. A medio camino entre la indignación y el hastío, la sociedad española exige a la clase política un ejercicio de patriotismo, por encima de consideraciones partidistas, legítimas pero secundarias. BENIGNO PENDÁS Profesor de Historia de las Ideas Políticas