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4 Opinión LUNES 29 11 2004 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca Jefes de área: Jaime González (Opinión) Alberto Pérez (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Mayte Alcaraz (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Pablo Planas (Reportajes- corresponsal político) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Ignacio Sanz IGNACIO CAMACHO LOS HORIZONTES PERDIDOS CATALUÑA EN DE LA POLÍTICA EXTERIOR GUADALAJARA L Gobierno socialista se equivoca gravemente. Las desafortunadas declaraciones de Moratinos sobre Venezuela confirman que los socialistas no han asumido que la política exterior exige sentido de la medida, cordura pragmática y altas dosis de criterio y responsabilidad. Convertir ésta en una especie de diapasón reactivo que desanda abrupta y sistemáticamente lo hecho por el Gobierno anterior es una gravísima torpeza que compromete el crédito de España. Quien crea que una política exterior puede concebirse a la contra de gobiernos pasados, que vaya pensando que padece una preocupante confusión geográfica y temporal. No sólo se ha equivocado de continente y de paralelos, sino de época. El universo mental de quien piense así no está en la longitud de onda de los gobiernos de las sociedades abiertas vigentes a un lado y otro del Atlántico Norte. Una política exterior sin continuidad en las coordenadas que marcan los compromisos y responsabilidades internacionales es inédita en Europa y Norteamérica. Tan inédita que trasciende la anécdota extravagante para deslizarse por el peligroso tobogán de la diplomacia de los trópicos, en donde los bandazos exteriores van de la mano de las declaraciones disparatadas y grandilocuentes, más aptas para el consumo de sociedades desvertebradas y necesitadas de populismo que de sociedades modernasy cultivadas, con niveles de bienestar y prosperidad propias del Occidente desarrollado. Pero más preocupante es aún la falta de visión estratégica de nuestro Gobierno hacia lo que se insinúa en el horizonte de las relaciones exteriores que dominarán el siglo XXI. Nuestra absoluta renuncia al escenario Asia- Pacífico y, concretamente, al peso que China va adquiriendo en él resulta absurda. Y no sólo porque corremos el riesgo de ser ajenos al cuadrilátero geoestratégico Singapur- Sanghai- E Vancouver- Los Ángeles, sino porque el protagonismo que dentro de este marco desempeña China- -que no oculta su papel ascendente como superpotencia política, económica y financiera- -exige deEspaña una apuesta audaz e imaginativa que nos haga aprovechar lasoportunidades emergentesde unmercado que estará en ebullición a no mucho tardar. Nadie discute que un cambio de gobierno puede introducir matices y grados de compromiso diversos dentro de una misma política exterior, pero no hasta el extremo de hacerla irreconocible con respecto a las pautas que delineaban la anterior. Un país respetable no puede acostarse atlantista y levantarse como un no alineado. Si a algunos les parecía discutible que España hubiera desplazado su eje estratégico hasta las Azores, más cuestionable tendrá que parecérselo ahora que hayamos llegado tan lejos en nuestra proyección hacia el oeste que corramos incluso el riesgo de embarrancarnos en las tortuosas costas de Cuba y Venezuela. Ir del brazo de líderes tercermundistas como el coronel Chávez y de tiranos como Castro es una mala noticia para quienes creen que el sitio de España es otro bien distinto. Es más, sería un error pensar que ha sido un acierto diplomático la apuesta española ensayada- -por cierto, al margen de la Unión Europea- -por el Gobierno de Zapatero de aproximarnos a Castro si éste liberara a algún disidente encarcelado. Si así fuera, se confundiría el fondo de la cuestión. Las maniobras de Castro sólo pueden ser entendidas como lo que son: estrategias dilatorias que, convirtiendo a los disidentes en moneda de cambio, tratan de entorpecer el avance de la democracia y los Derechos Humanos en Cuba, fracturando la efectiva unidad que la UE viene manifestando al respecto. No darse cuenta de ello sería confirmar que a nuestra diplomacia le falta criterio y le sobra demagogia. A UN GOBIERNO CONVULSO L A celebración en el día de hoy de un Consejo de Ministros extraordinario convocado para tratar únicamente el proyecto de ley de reforma del Consejo del Poder Judicial, rechazado por el Congreso la pasada semana, retrata a un Rodríguez Zapateroen los antípodas de su imagen propagandística. Lo que no hizo para acordar colegiadamente la retirada de las tropas desplegadas en Irak, ni para aprobar el proyecto de ley integral contra la violencia doméstica, lo va a hacer para saciar la inocultable ambición de someter a un Poder Judicial que le resulta incómodo. Rodríguez Zapatero llegó al poder diciendo que iba a hacer otras cosas, muy distintas de las que está haciendo. El Consejo de Ministros que hoy celebra constituye un acto de convulsión y paroxismopolítico, una manipulación de las instituciones. Puede hacerlo, desde luego, pero no puede merecer otro juicio que el de la mayor reprobación. El talante de Rodríguez Zapatero es un fraude. No conten- to con el ridículo que hizo su Gobierno y su grupo parlamentario en el Congreso, ahora hace del Consejo de Ministros un servicio de guardia para reparar sus errores, en vez de aceptarlos con un mínimo de humildad y de respetar esas convenciones formales que tan imprescindibles son para la democracia. Nadie en su sano juicio puede creer que esta reacción es proporcionada a la trascendencia del proyecto de ley que reformará los nombramientos judiciales. Sólo una lucha contra el reloj- -en enero hay que cubrir numerosas vacantes en el Supremo- -explica esta pérdida, no ya de papeles, sino de dignidad política y hasta personal. El desmedido apremio del Gobierno para alterar la mayoría democrática del Consejo del Poder Judicial no interesa en la sociedad más que a sus futuros beneficiarios, una izquierda judicial que hoy debería sentirse avergonzada de que se le intente abrir paso en el Tribunal Supremo con estas formas inaceptables. PENAS una semana después de concluir el III Congreso Internacional de la Lengua Española celebrado en la localidad argentina de Rosario, se inauguró el pasado sábado la XVIII edición de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, México, dedicada este año, como invitada de honor, a la cultura catalana. Ambos hechos confirman una realidad: Iberoamérica es hoy decisiva para la proyección y presencia de la cultura española en el exterior; ya que la impronta atlántica otorga a la cultura española, esta vez en su expresión catalana, una considerable posibilidad de acceder a un espacio común, único y diverso, cercano y plural. La Feria de Guadalajara es el acontecimiento editorial más relevante del ámbito hispánico, una versión en español de la Feria de Fráncfort, pues durante los días de exposición se cierran una buena parte de los contratos entre autores, instituciones y demás que, después, marcarán, en buena medida, el mapa cultural iberoamericano. Si las ferias de Buenos Aires y de Madrid son grandes concentraciones de público, la de Guadalajara es una cita de raigambre profesional con un riquísimo programa de actividades y encuentros culturales. Desde esta perspectiva es como hay que contemplarla espléndida oportunidad que se brinda a la cultura catalana de mostrar su vitalidad, su pulso creativo, su visión crítica de la realidad contemporánea. Autores para ello no le faltan. La nómina que ha viajado a México, aun cuando falten algunos nombres reconocidos, muestra una fotografía moderadamente precisa de ese estado de la cultura catalana. No es casualidad, por tanto, que la inauguración se produjera con la entrega del Premio Juan Rulfo (el Cervantes mexicano) al escritorJuan Goytisolo. Es muy significativo. Goytisolo es un ejemplo de cómo un escritor catalán que se expresa en español, sin olvidar nunca sus señas de identidad, ha universalizado su discurso, ha traspasado fronteras culturales y ha abierto los ojos con una mirada amplia y solidaria. Lo que muestra esta edición de la Feria de Guadalajara, lo que debería mostrar a los responsables políticos de la cultura catalana, es que el empuje de la cultura en español puede ser aprovechado por la cultura que cada día se crea en Cataluña, sea en catalán, sea en español. Guadalajara es una formidable puerta a Iberoamérica, y Cataluña accede a ella a través de esa vocación atlántica española. Ese tirón de la cultura en español puede ser, ya lo es hoy en Guadalajara, un hecho determinante a la hora de mostrar la cultura catalana, y en catalán, en todo el mundo. La irreversible emergencia y consolidación del español en el mundo permite a la cultura catalana acceder a más de cuatrocientos millones de hablantes.