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ABC DOMINGO 28 11 2004 Cultura 81 POEMAS INÉDITOS Publicamos dos poemas inéditos de José Manuel Caballero Bonald, (sobre estas líneas, uno de ellos de su puño y letra) que pertenecen a su libro inédito Manual de infractores Los poemas los recoge también el volumen Años y libros editado por Luis García Jambrina con motivo de la entrega del XIII premio Reina Sofía. VENID A LA LUZ DEL ALBA Esa luz en que anidan las alondras, que irradia de la lluvia y del sudor de los cuchillos, que incumbe al alba y a sus macilentas combustiones, ¿es la misma que ahora arriba desde el mar, transita entre los pájaros, profana la intimidad de los cristales? Sellan las sombras sus litigios y todo ronda al fin la mansedumbre. Alma mía y mi descanso, venid a la luz del alba. por qué falsear lo que piensa de los demás o de ciertas situaciones. Exactamente igual que critico algunos aspectos de la vida social y política española con los que no estoy de acuerdo. Nunca se me ha ocurrido hacer leña del árbol caído: no es una actitud digna. En lo demás, sí he actuado como pensaba. -En Tiempo de guerras perdidas su alter ego es un niño. ¿Por qué? -Quería ser el personaje central de una novela sobre mi experiencia vital. Novelar mi biografía. No quería reproducir la realidad, sino interpretarla. ¿Qué temores albergaba ese niño? -En 1936 yo tenía 9 años y recuerdo episodios salpicados. Un cadáver en la calle, que yo veía desde los balcones de mi casa. Las descargas al amanecer y tres conceptos básicos muy ligados a la guerra: hambre, frío y miedo; miedo a algo abstracto. En la calle veías violencia contenida y venganza, delaciones, ese tipo de vida miserable. Me dejó muy impresionado un hombre que llamó a casa para pedir un poco de pan. Eso me producía miedo a lo que podría ocurrir, a que uno no estaba a salvo de las amenazas de la Historia. -Casi setenta años después, las guerras perdidas se repiten y un soldado remata a un herido frente a la televisión. ¿Qué le dice esa imagen? -Esos son los aspectos que más me Caballero Bonald, sentado al pie de la Biblioteca de su casa madrileña irritan y me hacen escribir. En el fondo hay un deseo de oponer tu obra a esas injusticias, a esas violaciones de los derechos humanos, a esos atropellos, a esas hambrunas. Escribir es una defensa de lo que me ofende y maltrata. La literatura es una defensa contra las ofensas de la vida, decía Pavese. ¿Y los primeros amores? -Es la memoria de la emoción. Nunca se olvidan. Aquellas primeras novias y, sobre todo, cuando vine a Madrid tras estudiar Náutica en Cádiz, que tuve que dejar porque me puse enfermo del pecho y ya no pude ser marino. Lo cambié por Filosofía y Letras en Sevilla, otra forma de equivocarme porque en esa Facultad no se aprendía nada. ¿Qué Madrid encuentra? -Un Madrid mezquino, inhóspito, con restricciones eléctricas, cartilla de racionamiento y ambiente tristón y COARTADA (Poema inédito de José Manuel Caballero Bonald de su libro también inédito Manual de infractores La luz prensil de los espejos atrapa a quien se mira. Al fondo pululan turbios flecos, marcas opacas, falsos indicios de la realidad, la triste lepra antigua del azogue. Todo es ya su reflejo ¿Quién se hizo pasar por quién? Cómplice de sí mismo, el que se mira inculpa a quien lo observa. mediocre en las calles. Luego estaba el contraste de los cafés y bares de la Gran Vía llenos de putas y capitostes del sindicato o de la Falange. Pero mi vida en Madrid fue gris, derivada de la época: comedores económicos, habitaciones alquiladas como huésped... Y la sensación opresiva del régimen policíaco. La larga madrugada de 40 años de dictadura. Se dice que la poesía sirve para cambiar el mundo o la historia, pero eso no es más que una utopía. La utopía es una esperanza consecutivamente aplazada, de modo que hay que defenderla. La literatura sólo cambia la sensibilidad del lector. -Salgari, Melville, Stevenson y London son sus lecturas iniciales. -Eran novelas de aventuras ambientadas en el mar. Después conocí en Jerez a un viejo bibliófilo republicano que salvó de la quema una biblioteca muy estimable. Me prestó algunos libros, como la primera Antología de Juan Ramón Jiménez, uno de los grandes poetas del siglo XX europeo, y la de Gerardo Diego. Fueron fundamentales porque encontré una nueva manera de entender el lenguaje y la actitud del poeta ante la realidad de la poesía. Con Diego descubrí a Cernuda, Lorca, Aleixandre, Salinas, que fueron mis primeros maestros y los que me enseñaron a escribir enfocando en serio lo que habían sido tentativas muy difusas basadas en un neoromanticismo de vía estrecha. He estado muy vinculado a Neruda y Vallejo (otros maestros) Onetti, Rulfo, Carpentier, Borges... -Luego llega la mordaza... -Poco a poco descubres que la censura te tacha unos versos que no sabes por qué o un cuento (que publiqué en Ínsula) y que el censor amputó. No entendía por qué se hacían esas atrocidades y atentados contra la libertad de expresión. Y eso te despierta políticamente. Yo lo hice, como tantos otros, a mediados de los años 50, con Dionisio Ridruejo, que era amigo mío. Hablábamos y nos reuníamos. Tenía un encanto especial. Era una persona muy seductora. Pese a su pasado de gran falangista, lo aprecié y admiré. Luego, cuando su partido social se disolvió, yo me fuí por otros conductos. ¿Se sintió clandestino en España? -Sí, sí, me sentía así, que también tenía un aspecto muy atractivo: era un riesgo muy romántico. Nunca fui de ningún partido, aunque se me haya asociado al Comunista. Trabajé con el PCE porque era el único que tenía una presencia viva en la lucha antifranquista. ¿Por qué hasta 1997, con Diario de Argónida no volvió a la poesía tras un prolongado alejamiento? -Porque se pierde la fe en la poesía, en el tono, en el hábito de ponerte a escribir o de pensar. Yo hago poesía mientras paseo, en los momentos más intempestivos. Pulo, corrijo. En eso estoy ahora, con una nueva obra, Manual de infractores Es la lucha de la infracción contra lo establecido, contra este orden universal con el que estoy en absoluto desacuerdo. La lucha de dos pensamientos: el crítico contra el único. ¿Le sigue doliendo el rechazo de la Real Academia por tres veces? -Eso está superado. Tuve cierta ilusión y lo he olvidado por esa actitud frente al pensamiento académico. Me han querido presentar con toda clase de garantías y he dicho que no.