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ABC DOMINGO 28 11 2004 43 Polémica por las luces artísticas que decorarán Recoletos durante la Navidad Nueva protesta para que el asesinato de Costa Polvoranca no quede impune FRANCISCO GRANADOS Secretario general del PP de Madrid Las heridas que hay no son personales El ex alcalde de Valdemoro y encargado hasta ahora de la mayor ampliación del Metro de Madrid asegura que no ve necesario un mediador entre Aguirre y Gallardón POR: M. C. MAS DE UNA SORPRESA JUAN M. GASTACA ERNESTO AGUDO drid, quien eludió todo protagonismo. No hubo ni asomo de enfrentamiento con Esperanza Aguirre, aunque los más de dos mil compromisarios e invitados pudieron ver que Gallardón no está para muchas risas. Durante el discurso de presentación de su candidatura, Aguirre dedicó varios elogios al alcalde, que escuchaba sin inmutarse con el rostro muy serio, entre el murmullo de muchos militantes. Sólo una larga ovación y un acercamiento de Aguirre le levantaron de la silla para dar dos besos a la presidenta. Otro de los que se llevaron uno de los mayores aplausos fue el presidente saliente del PP de Madrid, Pío García- Escudero, quien se marcha con un rotundo balance de 14 victorias electorales y ni una sola derrota en sus 11 años a la cabeza de los populares madrileños. ¿Es usted secretario general por descarte? -No, no me considero así ni mucho menos. Siempre que hay un nombramiento en política se barajan muchos nombres y al final es el que la presidenta considera que es el más indicado para el cargo. ¿Podía decir que no? -Uno siempre tiene la libertad de decir que no a cualquier cosa, pero cuando uno está en política y está en un partido debe asumir unas responsabilidades, y lo hago con ilusión. -Se le ha visto un poco resignado... -No, no, no tengo resignación. Se me ve ilusionado, pero quizás también con el peso de una responsabilidad de una función y un cargo que requiere mucho trabajo y un grado de suerte. ¿Cuál será su principal misión como secretario general? -Que el partido, para empezar, mantenga el Gobierno en la Comunidad y en el Ayuntamiento, que es el primer paso para que Mariano Rajoy sea presidente en las próximas elecciones generales, y aumentar las cuotas de representación que tenemos en dos zonas que no se nos dan especialmente bien, como el sur de Madrid y el Corredor del Henares. ¿Su formación parte de una buena situación ante las elecciones del 2007? -Creo que sí, el partido está perfectamente situado. Los mimbres están ahí, hay muchísima ilusión entre los afiliados y lo único que hace falta es darle un impulso adicional. ¿Quedan heridas abiertas? -No, creo que las heridas que se han producido son todas fruto de la responsabilidad de Gobierno que cada uno tiene en el Ayuntamiento y la Comunidad, y no son en absoluto temas personales. Cuando no se toca la fibra personal todo tiene solución y seguro que esto lo tiene. ¿Va a cumplir el papel de mediador? -Creo que Esperanza y Alberto no necesitan ningún mediador. Son amigos y los dos son conscientes de la responsabilidad que están asumiendo en ambas instituciones. Yo, en lo que pueda colaborar a que la relación sea fluida, lo haré, pero no me considero mediador entre ellos. ¿Al final ha habido integración? -Sí, desde el momento en que la presidenta llama y ofrece a todo el mundo integrarse en una lista. Desde ese momento y desde la libertad personal que todos tenemos, unos deciden estar en la lista y otros consideran que no es el momento o que no es oportuno. ¿Su partido sale unido? -El partido, que nunca ha estado desunido, lo que sale de este congreso es reforzado. ¿Cree que Gallardón puede estar satisfecho tras este congreso? -Sí, Alberto tiene el apoyo y el cariño de todos los afiliados del partido. Va a quedar patente y debe salir satisfecho, porque va a contar con todo el apoyo de este equipo. speranza Aguirre es una caja de sorpresas. A tal punto, que con ella llega a acuñar el perfil de su gestión. De paso, ayuda a hacer más comprensible cómo desviste el santo de Infraestructuras- -una cartera autonómica de hondo calado- -para vestir al nuevo secretario general del PP madrileño y de paso provoca una innecesaria crisis de gobierno. Incluso, su oratoria le permite escenificar un guiño de complicidad con Gallardón- ¡menudo semblante el suyo todo el día! -cuando, en realidad, la integración es hoy por hoy una quimera. Pero, en cambio, tampoco le exime de encajar un golpe tan significativo como representó la ausencia en el congreso de su ascensión a líder regional de Rodrigo Rato, más que molesto por el drástico alejamiento de sus seguidores de los puestos clave del ejecutivo, a los que parecían abonados hasta ahora por el poder de su mentor. Y es que ahora, por si alguien tuviera dudas, Aguirre se siente muy fuerte. Otro tanto le ocurre a Ignacio González, exultante con el nuevo escenario, cerebro gris en Sol, brazo armado de Acebes y azote de los albertistas Las incógnitas son menos idílicas porque se antojan más incómodas. Francisco Granados, por ejemplo, empezará a recuperarse del disgusto que le supone abandonar sin quererlo una gestión donde brillaba para pisar cada día el barro de la rehabilitación del PP allá donde sus opciones electorales naufragan. En ese tiempo ya se habrá digerido el discurso sin paños calientes que Alberto Ruiz Gallardón leerá hoy. E