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40 Internacional DOMINGO 28 11 2004 ABC RESPONSABLE DE LA CAMPAÑA ELECTORAL EN TELEVISIÓN DE GEORGE W. BUSH Stuart Stevens LA SEMANA INTERNACIONAL Considerado como uno de los asesores políticos más rutilantes de EE. UU. Stuart Stevens se ha anotado la muesca de la nada fácil reelección del presidente UCRANIA Y EL VIRUS DEMOCRÁTICO Aunque ahora pueda parecer inimaginable que situaciones como la de Georgia o Ucrania se contagien a Rusia, a largo plazo el riesgo, por mínimo que sea, siempre existirá MIGUEL SALVATIERRA Luther King predicó sermones y no fue criticado como Bush POR FRANCISCO DE ANDRÉS FOTO: JULIÁN DE DOMINGO MADRID. Dieciocho años de labor como estratega electoral en algunas de las batallas políticas más encarnizadas de Estados Unidos. Una cifra récord de clientes republicanos aupados al Senado. Cinco años de asesoría electoral para las campañas de George W. Bush, en particular en la elaboración de los spot televisivos que han consumido este año centenares de millones de dólares. Nada de ello parece doblegar el talante modesto de este cerebro gris de la política norteamericana, que tiene la sede de su firma en la capital pero vive en Nueva York porque detesta Washington ¿Cuándo estuvo seguro de la victoria de Bush? -En ningún momento de la campaña. Fue un proceso muy duro que pudimos haber perdido. ¿Qué fue a su juicio lo que pesó finalmente más en las urnas? -Creo que John Kerry tiene una personalidad muy arrogante, que se tradujo durante la campaña en su dificultad para conectar con la gente corriente. Esto le hizo mucho daño. Sin duda es un gran retórico, y superó con facilidad a Bush en los debates televisivos; pero no es un buen candidato. ¿Hubo también errores de estrategia? -John Kerry centró la campaña en el problema de la seguridad nacional Ése fue su gran error, y nuestra mejor baza. Kerry no tuvo destreza para orientar el debate hacia el terreno de los problemas domésticos- -la creación de empleo, la sanidad, el medio ambiente- y se centró en las amenazas externas de Estados Unidos desde el 11- S. Yo nunca estuve seguro de que podíamos ganar una campaña presidencial centrada en el problema de la seguridad nacional, pero estaba seguro de que era la única que podíamos ganar. ¿Por qué? -El sentimiento contra la gue- rra en Irak es muy fuerte en Estados Unidos. Por otra parte, en nuestra historia política nunca se ha dado el fenómeno de que un presidente responsable del inicio de una guerra haya sido reelegido. Y, sin embargo, el mensaje de que Bush es el mejor líder para dirigir el país en estas circunstancias de amenaza caló en los votantes. ¿Qué falló en el intento de Kerry de demostrar que él sería capaz de manejar mejor la guerra? -Su postura respecto a Irak fue siempre muy confusa. Kerry votó en su día en el Senado en favor de la guerra, y luego se La postura de Kerry sobre la guerra de Irak consistió en desear que la ganase otro, aunque fuera Lichtenstein mostró contrario a ella. Le hubiese ido mejor si desde el primer momento hubiera mantenido una postura consistente en contra. ¿Por qué desertan cada vez más hispanos del bando demócrata? -En parte porque Bush ha elegido a hispanos para puestos en el Gobierno; y en parte también porque la población de lengua española es conservadora en materia de valores por ser mayoritariamente católica. Creen en las virtudes del trabajo, en la protección de la familia y en la práctica de la religión, aspectos que han ido diluyéndose en el programa demócrata. ¿Han sido entonces unas elecciones centradas más en los valores que en la situación de la economía o en el debate sobre la guerra? -Bueno, creo que cuando Bush habló de las razones de la guerra en Afganistán o en Irak el presidente se refería también a valores como la libertad, o el patriotismo. La postura de John Kerry sobre el conflicto de Irak consistió, básicamente, en expresar su deseo de que cualquier otro país ganara la guerra, aunque fuera Lichtenstein o Luxemburgo. ¿Es cierto que a partir de ahora Bush corre el peligro de ser mediatizado por lo que un sector de la Prensa europea califica de integristas religiosos -Ese término es una solemne tontería. En EE. UU. existe una enorme tradición de que la gente con fuertes convicciones religiosas participe en la vida pública. Considere sólo el movimiento de los derechos civiles, un fenómeno en el que las iglesias de distintas denominaciones estuvieron muy implicadas. Martin Luther King era un predicador en los sermones dominicales, y nadie le acusó de ser integrista y marioneta de las iglesias. ¿Por qué hacerlo con Bush? El conflicto de Ucrania se ha convertido en el primer choque de importancia entre la Rusia de Putin y los países occidentales. Para el Kremlin están en juego sus poderosos intereses económicos, incluidas las vitales rutas de transporte de combustible hacia la rica Europa, y sus ambiciones de poder como potencia en una zona que despierta viejas nostalgias y frustraciones. El nuevo Zar de Rusia ha recuperado sus aspiraciones imperiales impulsado por el potencial económico del petróleo y el dejar hacer de Occidente. Hasta ahora, la actual ofensiva mundial contra el terrorismo internacional ha servido a Putin para justificar sus cuestionables acciones en Chechenia o sus expeditivos métodos de lucha aplicados en casos como los secuestros del teatro de Moscú o la escuela de Beslán. La Unión Europea y Estados Unidos no han querido complicarle la vida al amigo ruso que por fin había dado estabilidad a la otrora superpotencia y que daba muestras de colaboración en casi todos los terrenos. El autoritarismo con que Putin ha ido sofocando la oposición de los medios de comunicación y la defenestración de los sucesivos oligarcas que han osado disputarle el poder tampoco han provocado reacción alguna entre los Gobiernos occidentales, que veían a su vez cómo Moscú no levantaba apenas la voz con la ampliación hacia el Este de la Unión Europea y la aproximación de la OTAN con algunos de sus ex países satélites. Putin había obtenido hasta ahora de Ucrania un campo abonado para la extensión de su influencia política y económica gracias el apoyo al régimen corrupto del hasta ahora presidente Leonid Kuchma y la existencia de una importante población rusohablante. En Bielorrusia la cosa ya había funcionado con la dictadura de Alexander Lukashenko, quien el pasado mes de octubre logró en un referéndum totalmente manipulado luz verde para continuar en el poder de forma indefinida. Algo parecido se esperaba en Ucrania, aunque con el recambio de Kuchma, Víktor Yanúkovich. Pero los montajes no siempre aguantan y a diferencia de la apática sociedad rusa, amplios sectores de la población saltaron a la calle a denunciar el robo en las urnas. En sentido contrario al de Bielorrusia estaba el precedente de Georgia, donde el actual presidente, Mijail Saakashvili, con el respaldo de la población en la calle, derribó al régimen corrupto de Eduard Shevardnadze, el aliado más o menos fiel de Moscú. El viernes, el ministro de Exteriores, Sergúei Lavrov. acusaba a Europa de aprovecharse de la crisis ucraniana para intentar trazar nuevas líneas divisorias Moscú siempre ha aducido motivos de seguridad nacional y un temor ancestral a la OTAN, pero lo que de verdad produce pánico es la cercanía de países donde pueda enraizarse un sistema democrático de corte occidental. el mismo que el propio Putin y otros jerarcas rusos consideran no aplicable a Rusia. Aunque ahora pueda parecer inimaginable que situaciones como la de Georgia o Ucrania se contagien a Rusia, a largo plazo el riesgo de contagio, por mínimo que sea, siempre existirá.