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ABC SÁBADO 27 11 2004 Espectáculos 69 Los Ángeles desbordan París Grandes nombres para el estreno mundial de la tercera ópera de Peter Eötvos directo Ángeles en América tendrá que esperar a su reposición la próxima temporada en Venecia o a que pise el Nuevo Continente JUAN ANTONIO LLORENTE PARÍS. En su 60 aniversario, Eötvos ve realizado el sueño de trabajar sobre el texto de algún autor vivo Lo contaba a este periódico hace dos años, con motivo del estreno de su anterior ópera, El Balcón basada en la obra homónima de Jean Genet, que seguía a su debut en el terreno lírico en 1998 con Las tres hermanas donde recurrió a la conocida pieza de Chéjov. En el apartado creativo, Eötvos es un experto conocedor de todos los recovecos que la música puede encontrar en la escena, donde se inició con apenas 17 años, declaraba a ABC, cuando empecé a trabajar en las principales salas de teatro de Budapest. De ahí fue surgiendo la técnica que ha servido después para mi teatro. Sin dejar de ser óperas, cuentan con una dramaturgia que tiene algo de cinematográfica, donde la música no está pensada con otra finalidad que no sea la escénica Eötvos recurre en la partitura de esb Quien quiera ver en CLÁSICA Ciclos Comunidad Madrid Obras de V. Cuyás, C. Cruz de Castro y H. Berlioz. Int. Orquesta y Cor de la Comunidad de Madrid (Dir. M. Valdés) Solistas: A. Armentia (soprano) M. Martinz (mezzo) y A. Echevarría (barítono) Lugar: Auditorio Nacional. Madrid. Fecha: 23- 11- 04 M. N. ROBERT Barbara Hendricks, en Ángeles en América de Peter Eötvos tos Ángeles a rudimentos de expresión distintos a los de sus obras anteriores. Si en Las tres hermanas había pinceladas sonoras que evocaban los aires de Rusia y a El Balcón ambientado en la guerra civil española, se asomaba un siglo de Cármenes que arrancaba en Bizet, aquí la escritura mira al musical de Broadway. En conjunción con el director escénico Philippe Calvario, ha recurrido a la amplifi- cación, lo que no quiere decir elevar el sonido, aclara Eötvos al contrario, posibilita al personaje la proyección de la voz, permitiéndole continuar cantando aún de espaldas al público Barbara Hendricks, soprano- fetiche entre los franceses, estuvo visiblemente forzada en su papel de ángel, con la inseguridad añadida de cantar en ocasiones suspendida en el aire. Mejor lo llevó la mezzo Julia Migenes, más cercana al estilo, cómoda en el papel más terrenal y agradecido de la depresiva Harper. Junto a ellas, el contratenor Derek Lee Raging entendió a la perfección los cuatro papeles destinados a él, de la enfermera Belize al señor Bobard, de un modo similar al modo en que la soprano Roberta Alexander cambia la gravedad del rabino Chemelwitz o la sofisticación del ángel asiático por el aire cotidiano de Hannah Pitt. En el foso, 16 músicos al servicio de instrumentos de orquesta convencional, reforzada por doble ración de saxo, guitarra, percusión y teclado, siguieron las indicaciones del director, que, consiguiendo algunos momentos de especial belleza, reafirmó la intensidad sonora de una partitura que alterna sabiamente lo tonal y la atonalidad. Grandes ovaciones para este nuevo título de Eötvos. ESTRENO DE CRUZ DE CASTRO ANTONIO IGLESIAS N Muere Philippe de Broca, director de Cartouche y El hombre de Río ABC PARÍS. El cine francés está de luto. Ayer, en París y a los 71 años, falleció el director galo Philippe de Broca, quien cosechó un gran éxito de público en los años 60 con películas como Cartouche o El hombre de Río Por el momento no han trascendido las causas de la muerte del cineasta que, con problemas de salud, no pudo promocionar su última película Vipère au poing estrenada en Francia el 6 de octubre. Philippe de Broca nació en 1993 y sus primeros pasos en el mundo del cine los dio realizando documentales en África, para posteriormente convertirse en ayudante de realización de directores de la Nouvelle Vague como François Truffaut Los 400 golpes o Claude Chabrol El bello Sergio Especialista en películas de aventuras y comedias populares, rodó con actores franceses de la talla de Jean Paul Belmondo, a quien dirigió en seis filmes, Yves Montad, Philippe Noiret, Catherine Deneuve o Daniel Auteil. En los años 60 realizó sus películas más brillantes y populares como Cartouche (1961) El hombre de Río (1964) o Las tribulaciones de un chino en China (1965) aturalmente que hemos de esperar al estreno de la ópera de Carlos Cruz de Castro, La sombra del inquisidor (libreto de Javier Alfaya) para poder enjuiciarla por entero, pero la suite que de ella se ha extraído ya es suficiente demostración de un bien hacer musical: orquesta diestramente utilizada (con cinco percusionistas, más los timbales, que cobran gran importancia en el transcurso de la serie) el coro (que incluye una suerte de salmodia y desarrolla un momento cumbre dada su sensibilidad) y sus múltiples ideaciones que, partiendo de una suerte de fanfarria, inciden en un aire de marcha que puede ser eje o primordial bastión de la entera página, cuyo procedimiento esencial radica en lo imitativo. Su obertura y coda bien pueden ejemplificar la primordial brillantez que el compositor ha querido frecuentar, pero los momentos de lirismo abundan con oportunidad emocionando. Cruz de Castro ha hecho un gran trabajo y Alfaya le ha ofrecido una leyenda sobre Galicia, rindiendo además homenaje a la grandiosa figura del orensano padre Feijóo. Una selección extraída de la sinfonía dramática, de Hector Berlioz, figura eminente del mejor romanticismo mucisal galo, Romeo y Julieta ocupó la segunda parte del programa, en un nuevo relato fantasmagórico lleno de emoción e interés sinfónico; la entendió muy bien la batuta chilena de Maximiano Valdés, director siempre concienzudo de su trabajo y con esas sus loables inquietudes de las que daba buen ejemplo con la confección de programa de tamaña responsabilidad; los desajustes habidos, en particular hacia el final de la traducción berliozana, han de ser olvidados ante una labor que atiende por igual a unas excelencias técnicas y al logro de la imperiosa necesidad comunicativa. El programa fue abierto con la obertura de La fattuchiera ópera de Vicente Cuyás, mallorquín de comienzos del siglo XIX, cuya prematura muerte (a los 23 años) truncó las fundadas esperanzas que él se depositaban, precisamente a raíz del estreno de esta página, cuya iniciación nos revela que, por encima de las lógicas influencias, sobresalía el músico capaz de legarnos esa melodía inefable de la flauta.