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ABC SÁBADO 27 11 2004 Opinión 7 JAIME CAMPMANY A lo mejor las señorías que hicieron novillos se habían ido, ellos a jugar al guá, al piojotón o al marro, y ellas a la coroneja o al diábolo LOS DOS PATINAZOS L patinazo del Partido Socialista en el Congreso de los Diputados ha sido un patinazo artístico con un resbalón y dieciocho piruetas antes de dar con el antifonario en el santo suelo. Lo mismo que a la niña patinadora, en el suelo se les vio que no saben patinar. Han enseñado hasta la lencería íntima de las señoras ministras, aquella que estrenaron, pienso yo, para ir a La Moncloa a retratarse para el Vogue y las señorías masculinas dejaron a la intemperie ese lugar donde dice Ibarra que se meta el Gobierno el indulto de Vera. Nuestros socialistas habían dado la tabarra con la reforma del sistema de los nombramientos judiciales previsto en la norma que regula el Consejo General del Poder Judicial. Se daban prisa para aprobar la reforma porque deseaban obviamente decidir con una nueva mayoría en el CGPJ los nombramientos para el Tribunal Constitucional previstos para fecha próxima. Querían que el Consejo General del Poder Judicial volviera a ser, como cuando ellos mandaron, el Conejo General del Joder Judicial, en aquel BOE de las bobinas de mangui. De modo que ahí teníamos a los socialistas venga de pasarse por el Arco del Triunfo (todavía no de la Concordia) el criterio de la oposición y el de los propios jueces. Pero a la hora de la verdad, que en toda democracia que se precie es la hora de la votación, hacen novillos dieciocho señorías socialistas y otras tantas señorías aliadas y pierden la contienda. Las ilustres señorías estarían, digo yo, jugando al guá, al pijotón o al marro, y ellas a la coroneja o al diábolo, que es a lo que jugábamos los niños y las niñas de mi tiempo cuando hacíamos guirres. El primero que no estuvo en la votación fue el presidente del Gobierno, ausencia justificada porque recibía en aquel momento a uno de esos visitantes ilustres a los que Zapatero escucha dando cabezazos de asentimiento, que un día se va a romper el esternón con la barbilla. Tampoco estaba la vicepresidenta primera, y eso que es jueza de profesión. Después, salió por la pequeña pantalla para ofrecer disculpas a los ciudadanos, que digo yo que en este caso sería para pedirlas y no para ofrecerlas. Total, que en el tablero electrónico del Congreso dominaba el color rojo de los votos en contra, que también es una paradoja que la izquierda pierda una batalla por mayoría de los sufragios rojos. Los sociatas, desde que ganaron las elecciones, han organizado un zafarrancho que aquí ya no hay quien se entienda. El otro patinazo no es del Gobierno, sino de la Federación Catalana de Hockey sobre patines, o sea, que es un patinazo propiamente dicho. No ha sido admitida en la Federación Internacional, y el Carod- Rovira ha cogido un globo y un rebote, vamos, que pilló un cabreo que no se lame, y ha dicho que nadie en Cataluña debe apoyar la candidatura de Madrid para los Juegos Olímpicos de 2012, que ahí se le ve lo negra que se le ha puesto la sangre. A estas horas debe de tenerla como la tinta del calamar. Este Rovira patina peligrosamente, pero mientras Maragall y Zapatero le dejen la pista de patinaje, tendremos que aguantarnos. Hasta que se dé un costalazo grave en nuestro culo. E JUAN MANUEL DE PRADA La alianza entre telebasura y propaganda gubernativa no hace sino subrayar groseramente cierta perversión de la democracia que venimos denunciando, con cierto perezoso hastío, desde hace años LA ESCUELA DE GUADALIX LLÁ por el siglo XVI, floreció en Salamanca una escuela de filósofos, teólogos y juristas que renovarían el iusnaturalismo y fundarían los cimientos del moderno Derecho Internacional; Francisco de Vitoria y Francisco Suárez fueron sus representantes más conspicuos. Cinco siglos más tarde, tras una travesía por el desierto durante la cual España apenas había procurado internacionalistas de renombre, nace la Escuela de Guadalix de la Sierra, que pronto oscurecerá el brillo de aquella otra salmantina, monopolizada a fin de cuentas por eclesiásticos que no supieron deslindar convenientemente el pensamiento jurídico de la teología moral, como aconseja el laicismo imperante. Urgía, pues, que la nueva España que se dispone a someter a referéndum la Constitución de mon ami Giscard se dotase de una nueva generación de expertos juristas que, formada en la disciplina de Grocio e inspirada en el magisterio de los padres fundadores de la Unión Europea- -Monnet, Adenauer y toda la panda- se aprestara a alumbrar el contenido de ese magno texto que por fin nos convertirá en ciudadanos del siglo XXI. Apréndanse los nombres de estas nuevas luminarias de la Escuela de Guadalix, porque están destinadas a figurar con letras de almagre en los anales del pensamiento occidental: se llaman Natacha, Jonathan, Nicky... ¡Nombres del pueblo que a partir de la próxima semana pastorearán al pueblo en pos de esa tierra prometida con sede en Bruselas! ¡Ciudadanos de a pie para una ciudadanía huérfana de auténticos guías espirituales! Los concursantes de Gran Hermano serán los encargados de propagar entre el público teleadicto las bondades de la Constitución Europea. Tan saludable empresa divulgativa cuenta con el beneplácito de nuestra muy espiritosa vicepresidenta, para quien cualquier cosa que sirva para hacer llegar a los espa- A ñoles los principios de la Constitución Europea en las fechas en las que estamos, debe considerarse positiva La vicepresidenta nos recuerda al fraile del chascarrillo, que decía: Todo es bueno para el convento y llevaba una puta al hombro. El respaldo del Gobierno a la Escuela de Guadalix de la Sierra, donde radica el centro de estudios jurídicos de Gran Hermano nos inunda de perplejidades. ¿No se había propuesto nuestro Gobierno combatir la telebasura? ¿Debemos entender que nuestros mandatarios, tan adictos al experimento sociológico han encontrado en la Escuela de Guadalix un órgano de propaganda? ¿O tal vez debamos interpretar, más sibilinamente, que al otorgar su respaldo a la Escuela de Guadalix reconocen subliminalmente la naturaleza más bien casposilla y enclenque del texto sometido a referéndum? ¿Será que sólo reconocidos juristas como Jonathan, Natacha y demás eximios representantes de la Escuela de Guadalix se avienen a defender sin rubor el bodrio? La alianza entre telebasura y propaganda gubernativa no hace sino subrayar groseramente cierta perversión de la democracia que venimos denunciando, con cierto perezoso hastío, desde hace años. La telebasura invita al espectador a refocilarse y chapotear en el fango, hasta relegarlo a una condición subalterna. Bastaría que profundizásemos un poco para descubrir que detrás de este propósito embrutecedor subyace una estrategia anestesiante del Poder, que de cara a la galería despotrica contra la telebasura, pero que secretamente la auspicia y promueve, pues le conviene gobernar sobre una masa amorfa que ha dimitido lacayunamente de la curiosidad. Al respaldar a la Escuela de Guadalix, el Gobierno no hace sino declarar sin tapujos el contubernio entre el poder establecido y la telebasura, tan fecundo para ambos.