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52 Sociedad VIERNES 26 11 2004 ABC Ciencia La extinción de otros mamíferos de Beringia Son poco abundantes los fósiles de tigres de diente de sable y de otros mamíferos de gran tamaño que vivieron en el Pleistoceno, pero con la información proporcionada por el ADN de huesos de bisontes de gran antigüedad se están encontrando claves para entender las causas de la extinción de especies que compartieron un mismo tiempo y espacio geográfico. En la región de Beringia convivieron hace 40.000 años mamíferos de los que hoy quedan pocos restos, como camellos y algunas especies de plantígrados hoy extintas. Es muy probable que los cambios climáticos que transformaron las praderas en bosques fueran letales para esas especies, como casi lo fueron con el bisonte. La abundancia y diversidad de fósiles de bisonte es espectacular, tanto que incluso ha provocado diferentes hipótesis sobre la taxonomía y la evolución de esta especie. Hoy se sabe que hace 200 años se produjo un grave descenso del número de ejemplares por la masiva caza de esos animales. El número de bisontes que se pueden encontrar hoy en Norteamérica es de unos pocos miles El ADN de 442 bisontes sitúa el comienzo de su declive antes de la llegada del hombre a América Un cambio climático diezmó a estos grandes animales hace 37.000 años b Las alteraciones ambientales en Alaska, Siberia y Canadá propiciaron una reducción de ejemplares tan drástica como la originada por la caza masiva en el siglo XVIII A. AGUIRRE DE CÁRCER MADRID. Ni los nativos pieles rojas ni los hombres blancos con los que intercambiaron más que palabras durante la colonización de Norteamérica, ni siquiera los humanos que cruzaron muchos miles de años antes el estrecho de Bering, fueron los únicos culpables de que los bisontes estén hoy en peligro de extinción. Mucho antes de la caza masiva en el siglo XVIII, cuando aún había decenas de millones de ejemplares, un cambio climático propició un declive en la población de bisontes tan grave como el sucedido hace 200 años. Un estudio internacional efectuado con ADN de 442 huesos fosilizados de bisontes revela que hace 37.000 años, 20.000 antes de la llegada masiva de humanos a Norteamérica, se produjo una drástica reducción de la diversidad genética y del tamaño de las poblaciones de bisontes en Siberia, Alaska y Canadá. Esos tres territorios forman la región de Beringia, que entonces estaba conectada por un puente continental donde hoy está el estrecho de Bering. Junto al mamut y otros grandes mamíferos, los bisontes recorrían las dos zonas continentales de Beringia por ese corredor que más tarde cruzarían los primeros colonizadores de América. En este estudio, publicado hoy por la revista Science científicos de Cana- néticos indican que todos los bisontes proceden de un grupo original surgido hace 140.000 años. Sin embargo, los pocos miles de ejemplares que hoy sobreviven en Norteamérica desciende de una pequeña población que quedó aislada al sur de una barrera glacial formada hace 20.000 años al norte de ese continente. Los resultados de ese estudio prueban que una importante crisis en esta especie se produjo hace 37.000 años, coincidiendo con cambios climáticos y de hábitat inducidos por un incremento de las temperaturas. Según Shapiro, el calentamiento regional redujo la extensión de la estepa- tundra y aumentó la extensión de los bosques en Beringia. Ese crecimiento de la masa forestal se habría convertido en una barrera para los desplazamientos de los bisontes, ya que eran difíciles de atravesar y además eran una deficiente fuente de alimentos. Para colmo, la deriva de glaciares provocó la fragmentación y aislamiento de grandes grupos. Presión depredadora Extracción de ADN de huesos fosilizados de bisontes dá, Rusia, EE. UU. y Gran Bretaña documentan esa primera gran crisis del bisonte con el análisis de ADN extraído de huesos fosilizados hallados en Norteamérica, China y Siberia. Para reconstruir la historia de esta especie en el Pleistoceno, el equipo coordinado por Beth Shapiro, de la Universidad de Oxford, seleccionó ADN mitocondrial. El motivo es que este material genético se transmite por vía materna SCIENCE y acumula mutaciones a un ritmo constante, de tal forma que puede utilizarse como una especie de reloj biológico En concreto, se seleccionó una secuencia de 685 unidades de ADN, que es la que más mutaciones acumula en esa especie, a fin de observar la diversidad genética. La información fue completada con la datación con radiocarbono de 220 fósiles. Los resultados de estos exámenes ge- Los autores de este trabajo precisan que no fue hasta varios miles de años después cuando la actividad depredadora de los seres humanos ejerció una presión tan grave sobre los bisontes y otros mamíferos de Norteamérica, como algunas especies de osos y caballos salvaje que desaparecieron hace tiempo. Hasta ahora, la mayoría de los investigadores sostenía que el único factor que empujó a los bisontes a la extinción fue la caza masiva de ejemplares en distintas regiones a la vez. Pero este nuevo estudio demuestra que los factores desencadenantes fueron varios.