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ABC VIERNES 26 11 2004 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Dice Pepiño que no podemos seguir una política de sumisión a USA. Claro que no. Hagamos una política de sumisión a Carod- Rovira ALLÁ EN EL RANCHO GRANDE C CARLOS HERRERA Si algún ministro no puede juguetear con el jarrón chino de la dinastía Ming o Ching que heredamos de la bisabuela, es el de Exteriores. Un jefe de la diplomacia de cualquier país es el que con más prudencia debe coordinar su cerebro y su lengua EL PARACAIDISTA I Chávez te deja un paracaídas para que te lances al vacío sobre un campo de cactus y ortigas, resulta conveniente que se lo pruebe primero un muñeco porque te lo puede dar vacío o sellado con silicona. Moratinos, vestido de excursionista dominguero, se calzó el paracaídas, se tiró del avión... y el paracaídas no se abrió. Una vez estrellado el ministro, el paracaidista vocinglero y canturreador ya estaba en Libia pegándole voces en el oído a Gadafi y animando a los bereberes a continuar en la revolución permanente y el tránsito desértico hacia el nuevo horizonte mundial. Ahora a ver quién le quita las espinas de su respetable culo a un hombre, por otra parte, acostumbrado largamente a los escenarios difíciles. Si algún ministro no puede juguetear con el jarrón chino de la dinastía Ming o Ching o Ting que heredamos de la bisabuela, es el de Exteriores. Un jefe de la diplomacia de cualquier país es, forzosamente, el que con más prudencia debe coordinar su cerebro y su lengua. Las tonterías, de las que cualquier ministro no está exento, son algo más disculpables en titulares de otras carteras: en la de Exteriores no. Lamentablemente, nuestro canciller ha dado muestras en los últimos días de una incontinencia no excesivamente propia de alguien que debe pensárselo dos veces antes de toser en público. José Luis, entre tanto, sigue con sus cantitos, coge su guitarra y una vez más nos entona aquello de la alianza de civilizaciones En lugar de arreglar lo que está estropeado, el presidente y su gobierno se empeñan en crear problemas nuevos, siempre ayudados de cerca por un hatajo de sectarios que igual le da medallas a Chávez en la Complutense que fleta autobuses con dinero público del Ayuntamiento de Sevilla para jalear revolucionariamente al líder bolivariano en su paseo triunfante por Madrid. Cuando menos, inquietante. Es el signo de los tiempos, otra vez. Le ha correspondido a España vestirse, de nuevo, con la pana y las ga- S fas Lennon, con el cesto de mimbre en bandolera y los pañuelos en la cabeza. Nunca hubo tantos idealistas como entonces, de acuerdo, pero tampoco tantos tontos. Como acostumbra a señalar acertadamente José María Calleja en sus brillantes entregas, estamos en horas de pasiones tristes que serían aquellas que consumen de forma tonta las horas que deberían ser dedicadas al progreso político y su traducción social. Los enfrentamientos absurdos que se establecen por cuestiones extravagantes e innecesarias nos devuelven a una posición superada en la rueda de los años. Que a estas alturas del nuevo siglo estemos encerrados en vicios dialécticos propios de los años de facultad nos acaba abocando, inevitablemente, a la melancolía. Viene a España un energúmeno que debería ser recibido sólo por los bravucones trasnochados como él y monta un tiberio de campeonato: llega, agita y, cuando la cosa revienta, se va con la música a otra parte, dejando la fiesta hecha unos zorros. Sus siguientes destinos clarifican comparativamente el papel marginal de nuestra estrategia: Libia, Qatar, Rusia, Irán... ¿Somos de esa cuerda? ¿es el futuro de nuestro enclave en el mundo? Y el Rey, entre tanto, teniendo que comer pavo para que las aguas vuelvan al cauce debido: ¿cómo es posible que esté el Jefe del Estado poniendo vendas allá en el Rancho Grande y, a la par, esté nuestro Gobierno bailándole el agua y riéndole las gracias a un botarate chillón vestido de rebelde que se ha pasado la estancia soltando pestes de los norteamericanos? Esperemos al miércoles próximo: parece que será entonces cuando Moratinos dará las debidas explicaciones acerca de este carajal errático en el que cabalgamos. Alguien debería darle urgentemente un cursillo de paracaidismo deportivo y explicarle a este experimentado diplomático la diferencia entre tirar de la anilla y tirar de la cadena. www. carlosherrera. com UANDO algún periodista ha preguntado si el Rey había llevado a Bush un recado de Rodríguez Zapatero, alguien de la Zarzuela ha respondido que el Rey no es Miguel Strogoff, el correo del zar. Mejor así, porque si no recuerdo mal, a Miguel Strogoff le pasaron un hierro candente por los ojos. No le dejaron ciego gracias a la abundancia de lágrimas. Bueno, aquí, entre lo que llaman violencia de género la pornografía infantil y las declaraciones de Moratinos no faltan motivos para el llanto. Ni el Rey es Miguel Strogoff ni Rodríguez Zapatero es el zar, que si lo fuera, Gaspar Llamazares ya le habría dado matarile, a él, a doña Sonsoles y a las dos inocentes niñas para acabar con la dinastía de los Zapatero. Allá en el rancho grande, mientras se subía a la ranchera y ante los periodistas yanquis, Bush II ha dicho que España es un gran país y un buen amigo y con eso ya podemos deducir que las sandeces antiamericanas y las sansiroladas de Zapatero no han enturbiado la consideración y la amistad del presidente de los Estados Unidos hacia España. Hombre, un gran país sí que lo somos, aunque hay por ahí algunos españoles medievales y cavernícolas que quieren hacerlo pedazos. Y un buen amigo de EE. UU. podríamos serlo si el Gobierno no lo impide, aunque no estoy yo muy seguro de que no lo impida, o al menos de que no intente impedirlo, tanto con su predicación como con su conducta. Ya nos ha advertido a los españoles esa lumbrera llamada Pepiño Blanco, ese genio de la ciencia política, ese Saavedra Fajardo del siglo XXI, que España no va a seguir una política exterior de sumisión a los Estados Unidos. Pues claro que no. Mucho menos cuando el pueblo americano no le ha hecho caso a Zapatero y no ha votado a Kerry para presidente. Aquí, la política que hay que seguir es la política de sumisión a Carod- Rovira. Esa sí que es una política moderna, justa y conveniente, y ese Rovira sí que merece la sumisión más dócil. Y si hubiera que inclinarse ante alguien, ahí están Fidel Castro, que no acaban con él ni los escalones, y Hugo Chávez, el bolivariano, los dos dechados insuperables de la democracia del Caribe. El nuevo grito de esta España levantada de Zapatero es éste: Por Castro y Chávez hacia la democracia Otros gritos de lucha podrían ser, por ejemplo, los siguientes: Por Rovira, Cataluña se las pira Por Maragall, al Estado federal y Por Ibarreche, nos daremos una leche Además, con Estados Unidos no queremos nada, ni siquiera el saludo, hasta que el The Wall Street Journal no rectifique. Ese periódico se ha permitido publicar una observación ofensiva para Zapatero. Ha afirmado que es un presidente por accidente Estos periódicos americanos se han creído que pueden publicar todo lo que les venga en gana, y eso no puede ser. O las autoridades toman cartas en el asunto, o que nombren un Consejo Deontológico que meta en cintura a estos campmanys trasatlánticos. Y como dice Norma Duval: Libertad de expresión, sí; pero que no se mienta