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4 Opinión VIERNES 26 11 2004 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca Jefes de área: Jaime González (Opinión) Alberto Pérez (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Mayte Alcaraz (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Pablo Planas (Reportajes- corresponsal político) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Ignacio Sanz IGNACIO CAMACHO UN GOBIERNO SIN CRÉDITO A explicación más aceptable de los problemas que se le están acumulando a Rodríguez Zapatero es que dirige un Gobierno poco competente y sin proyectos definidos. A falta de una agenda ordenada, los ministros se dedican a la improvisación, privando al Gobierno de la naturaleza colegiada que le es propia y sustituyéndola por una reunión de políticos volcados en la propaganda personal. En este contexto de perfil bajo, la grave acusación realizada por el ministro Miguel Ángel Moratinos contra el ex presidente José María Aznar es una más de las pruebas de la impericia colectiva, nada disculpable, que apresa al Gobierno. Experto diplomático, acostumbrado a escenarios de confrontación, como Palestina, debería estar habituado a administrar, mejor que sus compañeros de gabinete, los silencios y las palabras. Sin embargo, demostró que no ha sabido superar el tono general del Gobierno al que pertenece y, al afirmar que Aznar apoyó el golpe contra Chávez en 2002, ha causado la mayor crisis política con la oposición desde el 14- M. El Gobierno está empeñado en sembrar vientos y ya empieza a recoger las primeras tempestades. El PP anunció ayer, a través de su secretario general, Ángel Acebes, que condiciona la colaboración política con el Gobierno, dejando a salvo el pacto antiterrorista, a la rectificación inmediata de las palabras de Moratinos. La respuesta del PP es grave, pero proporcionada a la naturaleza de los hechos, y refleja un punto final en el modo en que ha venido ejerciendo la oposición hasta el momento. La correcta administración de sus razones en este lamentable episodio será fundamental para que la sociedad entienda que el mensaje que el PP ha lanzado al Gobierno trasciende la disputa partidista y afecta a la alarmante deriva política del Ejecutivo. El presidente del Gobierno ha de asumir la cul- L pa de su ministro de Asuntos Exteriores en el origen de esta crisis, que no consiste sólo en la práctica de un ajuste de cuentas inadmisible entre gobiernos democráticos- -el que no se hizo en 1996, por ejemplo- sino en la torpe gestión de la imagen y de los intereses de España ante la comunidad internacional. Pero la autocrítica de Zapatero no debería quedar ahí. El espectáculo ofrecido por su Gobierno y su Grupo parlamentario en el Congreso de los Diputados debería moverle a una reflexión urgente sobre la situación de su mandato. En el estreno legislativo de su Gobierno- -la reforma urgente de la Ley Orgánica del Poder Judicial para ampliar la mayoría necesaria para determinados nombramientos judiciales- el fracaso no ha podido ser más contundente. Faltaron el presidente del Gobierno y cinco miembros de su Ejecutivo, entre ellos la vicepresidenta primera, responsable de la coordinación política con el Grupo parlamentario. También faltaron doce diputados socialistas más y otros de diversas formaciones supuestamente aliadas. Al final, el proyecto que se tramitó por el atajo de la lectura única no salió adelante, porque sólo obtuvo 169 votos, siete menos de los necesarios al tratarse de ley orgánica. El revés aún puede ser mayor si el PSOE pretende que al fracaso le siga la trampa. Según el Reglamento del Congreso, cuando el resultado de la votación del proyecto tramitado en lectura única no es favorable, el texto quedará rechazado Por tanto, sería una manipulación pretender, como ya han anunciado responsables socialistas, una nueva votación del mismo texto sin antes reiniciar el procedimiento legislativo, que, en este caso, podría exigir con toda probabilidad la vuelta al Consejo de Ministros, y no a la Comisión de Justicia del Congreso, donde nunca estuvo el proyecto rechazado. El PSOE se está ganando, él solo, su descrédito. ERC Y LOS TOROS E UCRANIA, AL LÍMITE AL vez la clase política ucraniana heredada de la oligarquía soviética haya pensado que mantenercongelado al país desde la independencia no tendría consecuencias. Después de tantas décadas de régimen comunista, no es de extrañar que acabasen creyendo que la democracia es algo que se administra con las mismas recetas que aprendieron durante los años de la dictadura y naturalmente sin tener en cuenta la sensibilidad de los ciudadanos, de los que solamente se espera que se comporten siempre con la misma mansedumbre que antaño. De esa equivocación ha salido un conflicto extremadamente grave, en el que todos han demostrado falta de sentido común: los unos por corruptos, los otros por irresponsables. Ucrania es, desde su último nacimiento como país independiente, una sociedad poco articulada y llena de tensiones entre las regiones occidentales que se apoyan en el nacionalismo para encontrar T por primera vez un resquicio de libertad y las de población rusa que aún se lamen la herida sin cicatrizar de su separación de Moscú. Rusia, que no es del todo ajena a esta situación, también se duele por lo que interpreta como una nueva puñalada contra su esfera de intereses, después de la ampliación de la UE y la OTAN hasta las repúblicas bálticas. Europa ha tomado la dirección correcta desde un principio defendiendo los criterios democráticos, y al mismo tiempo tratando de no añadir leña al fuego de la inestabilidad. Lo que es verdad en Europa Occidental o Estados Unidos en materia de principios políticos también lo es en Ucrania. Lo malo es que las mismas lecciones que de lo que se ha visto en Kiev son válidas también en Bielorrusia o en la misma Rusia, dos países donde la situación podría llegar a ser muy parecida a la que vemos hoy en Ucrania, porque cuando las cosas no se hacen bien, acaban mal. Tan simple como esto. RC ha abierto la vía legal para la prohibición de las corridas de toros en Cataluña. En el caso de prosperar, sólo se permitirán espectáculos taurinos que excluyan la muerte del animal y la ejecución de las suertes de pica y banderillas. El Ayuntamiento de Barcelona ya se había pronunciado en contra de la Fiesta, aunque su declaración sólo tenía carácter testimonial. La propuesta de ERC, que muy probablemente prosperará dado el apoyo anunciado por CiU e ICV, entraña la prohibición de las corridas de toros en Cataluña. Canarias ha sido la primera Comunidad Autónoma en prohibirlas. Se trata, en definitiva, de romper los lazos afectivos y culturales que para buena parte de la población catalana, emigrada desde otros puntos de España, tiene la Fiesta Nacional, referente histórico de connotaciones asociadas a lo español que ERC pretende borrar utilizando la manida coartada del sufrimiento del toro. La cobertura ideológica es la protección de los derechos de los animales, presuntos derechos que carecen de reconocimiento en nuestro ordenamiento legal, para el que sólo los tienen las personas. Al desliz jurídico se une la ignorancia ideológica de la historia que ha llevado a un representante de ERC a vincular el origen de las corridas con el absolutismo fernandino. El nacionalismo, hostil a la modernidad ilustrada, pretende redimirse de sus culpas mediante la prohibición de las corridas de toros. Y, de paso, distinguirse del resto de España. ICV y CiU, a la vez que critican la inoportunidad y el partidismo de la propuesta, se apresuran a apoyarla. Si Ortega y Gasset afirmó que no podía entender la historia de España de los últimos siglos quien no comprendiera la evolución de las corridas de toros, no es extraño que quienes aspiran a cancelar nuestra historia se apresuren a cegar una de las fuentes de su inteligibilidad. Los argumentos de las dos partes son sobradamente conocidos. Respetando unos y otros, no se alcanza a comprender por qué en este caso no son viables la libertad y la tolerancia. Pero quizá resulte inútil invocar estos valores ante la cerrazón del dogmatismo. La intolerancia antitaurina no es sino un capítulo más de la intolerancia nacionalista, que utiliza la Fiesta Nacional como instrumento al servicio de sus particulares intereses. Pero que nadie se engañe: los toros son sólo el pretexto, la coartada que permite a ERC explotar todas las vías con las que marcar distancias respecto a España y lo español; en suma, hacer de la cultura catana referente del progreso frente a la burda cultura españolista.