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ABC JUEVES 25 11 2004 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Ya se sabe que Chávez está de mala uva con la estatua de Colón como Llamazares con la de Franco, y quieren echarlas todas abajo EL DIPLOMÁTICO Y LA SEÑORA E DARÍO VALCÁRCEL En la primera guerra del Golfo, 1991, la proporción de contratos privados en el ejército era de 1 a 50. Con Bush hijo, es de 1 a 10. La privatización de una parte de los ejércitos contamina el monopolio de la violencia, propio del Estado. Lo cual es útil a los terroristas LUCRO Y PRIVATIZACIÓN DE LOS EJÉRCITOS D ESDE Nueva York, Felix Rohatyn da la voz de alarma: el Pentágono traspasa cada vez más funciones militares clave a compañías privadas. Tendencia peligrosa, poco o nada explicada. Rohatyn fue embajador de Estados Unidos en Francia entre 1997 y 2001. Conoce algunos secretos de Estado. Hoy es un valeroso observador. Aunque sirviera al anterior presidente, descubrió ya esa tendencia en el entorno de Clinton. El afán privatizador viene de lejos: en los años 1950 Eisenhower hizo observaciones duras sobre el complejo industrial- militar. Aunque deba distinguirse la contratación abusiva de sistemas de armas caras e inútiles, en beneficio de algunas empresas fabricantes, de la contratación directa de servicios- -ingenierías, diseños, hombres- -que no actúan bajo la bandera de un Estado, sino como entes privados sujetos a un contrato temporal. Durante la presidencia de Bush padre, primera guerra del Golfo, 1991, la proporción de contratos privados en el ejército americano era de 1 a 50. En 2003, con Bush hijo, es de 1 a 10, según escribe Rohatyn en el Financial Times de 17 de noviembre. La tendencia puede llevar a problemas incontrolables: la privatización de una parte de los ejércitos difumina la línea que separa a los soldados de quienes no lo son. Se contamina así el monopolio de la violencia, propio del Estado. Esa línea más y más borrosa es muy útil para los terroristas. Si una red de compañías privadas hace servicios de naturaleza militar, contratada por un Estado... ¿por qué no reconocer el trabajo de otras redes privadas? Los mercenarios han existido desde siempre. Pero Rohatyn señala dos nuevos peligros: el derivado de la pública cotización en las bolsas de compañías privadas encargadas de dirigir operaciones militares. Y la globalización de los mercados bélicos (problemas de transparencia, de acatamiento de las leyes... Los occi- dentales han inventado a lo largo de los siglos un lenguaje, el de los códigos con poco margen para el equívoco. El hombre deforma su pensamiento inevitablemente. Pero muchos hombres tratan de mentir lo menos posible, de no caer en la voluntaria deformación, de mantener un cierto respeto a la realidad. La administración Bush sostiene que la privatización ahorra costes, reduce tropas y logra mejores niveles de eficacia. Cuando hay muertos, dice, la opinión pública acepta mejor que se trate de personal privado. Entre tanto, el Pentágono esquiva con mayor facilidad sus comparecencias ante el Congreso cuando vende a otros gobiernos esos servicios privados, cuyo fin es la guerra. ¿Se ahorra dinero público? No. Parece ser que los mercados bélicos son poco competitivos: los contratos suelen decidirse sin publicidad ni concurso. Por ello son cada vez más caros (como promedio, se paga más del doble a los contratados que a los soldados voluntarios) Nuevas empresas rusas, chinas o paquistaníes han visto el negocio y buscan su parte. Aunque el precedente deje que desear: Abu Ghraib indica el peligro de contratar a empresas no encuadradas en el aparato militar. El asunto del Yakolev 42- -relacionado de lejos con la cuestión aquí tratada- -se complica también por esa razón. El traslado de militares españoles destinados en Afganistán hubiera merecido, según voces solventes, un avión de la Fuerza Aérea española. El ahorro, en este caso, era desproporcionadamente bajo. No se trata de caer en la demagogia sino de distinguir entre lo que es vital y lo que no lo es. Sabemos que el entonces número dos del ministerio de Defensa, el abogado del Estado Fernando Díez Moreno, se opuso con indignación al irrelevante ahorro, pero ya era tarde. Algunos burócratas militares acababan de firmar el contrato del Yakolev. STE Miguel Ángel Moratinos es una mina. Ayer me proporcionaba material para mi columna y hoy ya está otra vez en danza. La verdad es que en mi narración del programa 59 segundos de la primera cadena de TVE no quise recoger su grave acusación, aplaudida inmediatamente por el comunista Felipe Alcaraz y por el socialista López Garrido, de que José María Aznar había apoyado el golpe de Estado de abril en Venezuela. Supuse que en las horas siguientes, antes de la salida del periódico, el ministro habría rectificado. Pero no. Estos socialistas nuestros no siempre rectifican y por eso insisten tanto en el error. Este Moratinos, a pesar de salir de la carrière, queda fuera del conocido cuento del diplomático y la señora. Es posible que lo conozcan muchos de mis lectores, o todos, pero lo repetiré por si acaso. Cuando un diplomático dice sí quiere decir que tal vez Cuando dice tal vez quiere decir que no Y si dice que no es que no es un diplomático. Por el contrario, cuando una señora dice que no quiere decir tal vez Cuando dice tal vez quiere decir que sí Y si dice que sí es que no es una señora Bueno, pues Moratinos pone cara de querubín y no se sabe si dice que no, que sí, que tal vez, y no queda ni como un diplomático ni como una señora. Naturalmente, el primero que lanza contra Aznar esas acusaciones de apoyo al golpismo venezolano es Hugo Chávez, que yo creo que por eso lo ha invitado Zapatero. Por eso y para que eche piropos a su España antiamericana y levantada que le faltó poco para decir que arriba España. Menos mal que no ha movilizado a la tropa que lo jaleaba para irse a tirar las estatuas de Colón en Madrid y en Barcelona. Ya se sabe que Chávez está de mala uva con la estatua de Colón como Llamazares está con la de Franco, que estatua de Colón que ve el uno, o estatua de Franco que ve el otro, estatua que quieren echar abajo. Y Chávez la echa. Zapatero ha prometido que Moratinos comparecerá en el Congreso y dará allí explicaciones suficientes No es que las promesas de Zapatero sean palabras de rey, ni siquiera palabras de un Bambi, el rey de la selva, pero a lo mejor esta promesa se cumple, no hay que ponerle límites a la Divina Providencia. Que las explicaciones sean suficientes es otra cosa, pero Zapatero ya sabe que lo serán. Al menos, para él. Lo más probable es que no diga ni que sí, ni que no, ni que tal vez, sino todo lo contrario, y que los señores diputados se queden a la sombra de un guindo, sin diplomático, sin señora y sin explicaciones. En cierta ocasión, un diputado, creo que de la minoría lerrouxista, ofreció explicaciones en el Congreso por determinadas palabras suyas que habían ofendido a los diputados de otro grupo, y que el presidente le exhortó con vehemencia a que rectificara. El lerrouxista se extendió durante varios minutos en un parlamento oscuro, prolijo y confuso. Al terminar se volvió hacia los escaños de los diputados que exigían una explicación, y preguntó con énfasis retórico: Señores, ¿está claro? De aquellos bancos brotó una voz categórica: ¡Qué coño va a estar claro! A lo mejor, con Moratinos estaremos en las mismas.