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8 Opinión MIÉRCOLES 24 11 2004 ABC ¿Prohibido fumar? Cartas al director Pancarta provocadora Vista tanto por televisión como por la Prensa la pancarta que apareció durante el partido que jugaron el Barcelona y el Real Madrid, mucho me sorprende todo lo que sobre ella se viene hablando, cuando esta pancarta está siempre presente en acontecimientos deportivos de masas que se celebran en Barcelona. Esta pancarta, en dimensiones iguales a la que se exhibió en el Nou Camp, se ha venido viendo en todos los premios de Formula 1 que se celebran en el Circuito de Montmeló. Permanece durante los días del Gran Premio, sin que nadie la retire. Cuánto tenemos que aprender del resto de los países europeos, que en cualquier acto, por pequeño que sea, lucen siempre su escudo o su bandera. Igual que nosotros, los españoles, que si una persona tiene a bien llevar nuestra bandera se le considera un facha. Federico Pérez. Madrid. Pueden dirigir sus cartas a ABC: Por correo: C Juan Ignacio Luca de Tena, 7. 28027 Madrid Por fax: 913.203.356. Por correo electrónico: cartas abc. es En los pasillos de la Facultad de Informática de la UPM hay dos tipos de carteles de prohibido: fumar y sentarse en los muebles del aire acondicionado. Llevo tiempo pendiente de la actuación de los bedeles ante la infracción de ambas prohibiciones, y jamás han dicho nada a nadie por fumar; eso sí, al medio segundo de sentarte en los muebles del aire acondicionado vienen a decir que te bajes. Y si estás fumando y sentado, tan sólo que te bajes. Resulta que los carteles son Prohibido terminantemente sentarse en los muebles del aire acondicionado mientras que en los otros tan sólo Prohibido fumar ¿Si es terminantemente la cosa cambia? Ése es el problema de no castigar el incumplimiento de un prohibido que la gente se lo salta a la torera y hace falta añadir términos para que parezca más contundente. Rodrigo Hernangómez. Madrid. Manipulación Con estas líneas desearía recordar al Gobierno y algunos de sus ilustres miembros (léase señora Valcarce) que prescindan de su cerril manía- -de la que parecen no poder desprenderse- -de decirnos a los españoles lo que tenemos que hacer. Somos muchos los españoles con la suficiente madurez, conocimiento y experiencia, amén de criterio y valores, para saber las decisiones que hemos de tomar cuando llega el momento. Me refiero a la animación- -yo diría intento de manipulación, como si fuéramos menores de edad... -a que no marquemos la casilla destinada a la Iglesia Católica en nuestra declaración de IRPF. ¿Quién se cree la señora Valcarce para tomarse la prerrogativa de decirme lo que debo o no hacer? ¿En qué se basa para pensar que le vamos a obedecer sumisamente, como si no tuviéramos opinión propia? ¿Es ésa la idea de democracia que tienen los miembros de nuestro ilustre Ejecutivo? Pues tomen nota, señora Valcarce y sus ilustres compadres y comadres, de que pondré la cruz donde me apetezca; o sea, en la casilla de la Iglesia Católica. Ya va siendo hora de que nuestros gobernantes aprendan que es el pueblo el que decide, no ellos. Y respeten sus libérrimas decisiones. Y si no les agrada, vayan pensando en cambiar de táctica, o de puesto de trabajo, o de país... Josefina Millán- Hita. Barcelona. Visita de Chávez Como español me avergüenzo de que semejante individuo se permita venir a Madrid e insultarnos, porque este golpista, asesino de ciento y pico venezolanos, debe conocer que diez millones y medio de españoles votamos al Partido Popular, es decir, que está insultando a media España. Por otra parte, es incalificable que Zapatero permita que en nuestras instituciones se nos insulte, y el señor Moratinos, en funciones de anfitrión y ministro de Exteriores, no sólo lo apruebe, sino lo corrobore. ¿A qué espera el PP para convocar una gran manifestación, para poder demostrar nuestro desagrado al golpista venezolano? Ángel Díaz Balmori. Madrid. Laicidad La supresión del festival de villancicos en una escuela pública de Avilés es una manifestación más de la ofensiva laicista que desde ciertas instancias proclives a la izquierda tiene lugar en nuestro país. Lo curioso es que en nombre del pluralismo, la tolerancia y la libertad de expresión se afirme que en un Estado laico no puede haber manifestaciones externas de religiosidad para no ofender a los no creyentes, pero sí se puede ir desnudo por la calle, permitir obras de teatro blasfemas o calumniar a instituciones religiosas en la televisión. Y todavía son peores las manifestaciones de ese laicismo en el ámbito educativo. No se puede llevar el velo y se han de quitar las cruces, pero sí se puede ir con el ombligo al aire y poner máquinas de preservativos. Y todo ello ocurre a pesar de que el 80 por ciento de ciudadanos se de- claren católicos. No me extraña que ante este fundamentalismo laicista e intolerante cada vez haya más padres que opten por la escuela concertada, aunque les cueste más dinero. Josep Prats Carrasco. Gerona. Ucrania Mientras el candidato apoyado por Moscú recibe las bendiciones de Putin por su victoria convincente en los comicios del domingo, en la Rada de Kiev el candidato apoyado por USA se autoproclama presidente electo (acto simbólico ante la falta de la mayoría de diputados afectos al saliente Kuchma) Estamos hablando de Ucrania, segundo país en extensión de Europa y pieza clave en el espacio geoestratégico europeo. La compleja historia de este Estado eslavo, con apenas 13 años de vida y del cual en esta parte del Viejo Continente lo desconocemos todo o casi todo, puede distorsionar una aproximación a la realidad más o menos real de un Estado, el ucraniano, fracturado en dos partes casi irreconciliables y geográficamente bien delimitadas. La crisis desatada tras un fraude anunciado no puede desviar nuestra atención de un hecho fundamental: lo que estaba en juego en estas presidenciales es el futuro como Estado de Ucrania. No podemos obviar que más de un 40 por ciento de este pueblo nunca vio con buenos ojos la desmembración, tras el colapso soviético, de la Gran Rusia. Para los habitantes de las zonas occidentales del país, vinculadas durante siglos a Centroeuropa, y donde la rusofobia es latente, la independencia de Ucrania, aunque sea tutelada por Washington, es su fósil guía. Sólo un serenamiento de los ánimos y una salida consensuada puede evitar una fractura que se antoja aterradora: casi 50 millones de habitantes, con un pie en Varsovia y otro en Moscú. Un golpe no puede ser sustituido por otro. En las cancillerías europeas, salvo tímidas protestas, se permitió el último esperpento de Lukhasenko en la Rusia Blanca. Pero Kiev no es Minsk. Nicolás de Miguel. Larraga (Navarra)