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4 Opinión MIÉRCOLES 24 11 2004 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca Jefes de área: Jaime González (Opinión) Alberto Pérez (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Mayte Alcaraz (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Pablo Planas (Reportajes- corresponsal político) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Ignacio Sanz IGNACIO CAMACHO DIPLOMACIA DE GUAYABERA OR si alguno lo hubiera olvidado: España es una sociedad abierta comprometida con las coordenadas que delimitan geoestratégicamente al mundo occidental. España es un país con crédito internacional al haber conseguido situarse entre las naciones punteras de Europa y Occidente. Desde 1978, España se ha tomado con seriedad y responsabilidad democráticas su presencia en el mundo. Lo avalan las decisiones que han adoptado los diversos Gobiernos que se han ido sucediendo desde entonces. Esto, que tendría que ser una obviedad, empieza a verse seriamente comprometido. Las decisiones en política exterior del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero han situado a España en un escenario inédito en las últimas décadas. En realidad, la duda está en saber si asistimos a un cúmulo de decisiones sin criterio o si, por el contrario, se busca deliberadamente la marginalidad internacional de España, ubicándonos en la órbita de los países no alineados, con tal de colocarse en las antípodas del anterior Ejecutivo del Partido Popular. Si la política exterior del Gobierno no responde a otra estrategia que marcar distancias sobre la anterior etapa, habrá que concluir que no existe un programa concreto y meditado, y que las actuaciones del ministro Miguel Ángel Moratinos obedecerían sólo a movimientos meramente reactivos, fruto de la incapacidad para gestionar el departamento que dirige. Pero cuando el jefe de la diplomacia española, en un programa de debate en televisión, asegura alegremente que Aznar apoyó el golpe de Estado en Venezuela, vierte una acusación tan indecorosa que no cabe hablar de impericia o de insolvencia, sino de mala fe, aderezada por unas formas desaliñadas y una argumentación caótica. Tanto si el desalentador panorama se debe a su incapacidad o a su intención de erosionar gratuitamente la imagen de Aznar, cabría preguntarse si Moratinos es el hom- HABLA LA IGLESIA P bre adecuado para llevar las riendas de la diplomacia española. No es el momento de enumerar los errores de la política exterior. El alocado cambio de rumbo ha dibujado un panorama que llena de inquietud. ¿Hacia dónde vamos? ¿Dónde está el límite? El ejemplo más nítido del desbarajuste exterior se traduce en el hecho de que mientras el Rey se reúne hoy con George Bush para tratar de recomponer la situación creada tras las absurdas afrentas a los EE. UU. el Ejecutivo socialista se vuelca con el presidente de Venezuela, que aprovecha su visita a España para insultar a Estados Unidos. ¿Acaso la política exterior de España en Iberoamérica debe pivotar sobre el eje que forman Cuba y Venezuela? Está por ver el provecho que obtiene nuestro país con esta diplomacia de guayabera. Que el responsable de la diplomacia española sostenga que el Gobierno de Aznar dio instrucciones de apoyar el golpe de Estado que trató de desalojar del poder a Chávez en abril de 2002 es una gravísima irresponsabilidad que compromete nuestra imagen exterior, como coincidieron ayer en señalar Durán Lleida o el propio Anasagasti. Primero, porque supone acusar al Ejecutivo anterior de propiciar una asonada en un país amigo, con el que España tiene vínculos históricos e intereses económicos de primer nivel. Segundo, porque los hechos conocidos son otros, al menos al nivel de las declaraciones oficiales, tal y como consta en las actas del Congreso y en los comunicados que en aquellas fechas hicieron públicos el Gobierno, la UE y el propio Chávez. Urge que Zapatero dé explicaciones convincentes a la vista de lo dicho por un ministro que ha adoptado maneras y actitudes que serían propias de un miembro del Gobierno chavista. Un comportamiento que resulta desolador y con el que, nadie se equivoque, sólo pierde España. N EL CAMPO, ENCENDIDO D EBERÍA ser más comprensivo el Ministerio de Agricultura con las legítimas protestas de los agricultores; no sólo por las razones esgrimidas para sus reivindicaciones, sino porque el número dos del departamento, Fernando Moraleda, fue hasta su entrada en el Gobierno secretario general de una organización agraria, UPA, lo que habría de darle un conocimiento adicional del problema. No debería tampoco olvidar que la UPA organizó no pocas veces, muchas de ellas con razón, protestas como la vivida ayer en Madrid. Miles de agricultores, convocados por Asaja, pidieron ayudas para el sector, especialmente afectado por el alto precio del gasóleo. Las pérdidas estimadas alcanzan unos 250 millones de euros en lo que va de año, mientras que las medidas ya aprobadas por el Gobierno (la rebaja de seis céntimos de euro por litro de gasóleo) no alcanzan a compensar ni la mitad de esa merma, según los convocantes. Piden los agricultores más ayudas, compatibles con el ordenamiento comunitario y ya aplicadas en otros países de la Unión Europea. Entre ellas destaca reducir o eximir el pago del impuesto sobre hidrocarburos, rebajas en el IRPF, la bajada del IVA del 16 al 6 por ciento y la subida del porcentaje de ese mismo impuesto que pueden repercutir los agricultores. El campo lleva ya años soportando un claro abandono y una sistemática eliminación de ayudas que agravará la actual reforma de la PAC, en la que la defensa de los intereses españoles en Bruselas por parte de la ministra Espinosa deja bastante que desear. Cada vez que acude a negociar a la UE, vuelve con una derrota que al final siempre pagan los agricultores. O todas las consecuencias de la llegada del PSOE al poder iban a ser negativas para la Iglesia católica. La política deenfrentamiento y hostilidad que está practicando el Gobierno de Rodríguez Zapatero empieza a dar un fruto con el que no contaban los diseñadores de este talante anticlerical: el empeño de la Iglesia en buscar definitivamente su posición en una sociedad laica y compleja, como la española. Y lo está haciendo con un esfuerzo encomiable de autocrítica y compromiso, realizado con audacia ante una opinión pública habituada a tratar a la Iglesia como una realidad monolítica e impermeable a los cambios de los tiempos. Hace unos días, Fernando Sebastián, arzobispo de Pamplona y vicepresidente de la Conferencia Episcopal, apelaba a la sinceridad de los católicos y denunciaba la mediocridad espiritual de la Iglesia española. Todo un ejemplo para tanto laicista incapaz de asumir una revisión de sus propios postulados, muchos caducos y trasnochados. La actitud de Sebastián marca el camino para que la Iglesia ejerza el liderazgo espiritual que le corresponde, defendiendo una moral religiosa que también ha dado lugar a una ética social. Por eso, elGobierno debe atender el ofrecimiento de diálogo que expuso el presidente del Episcopado, monseñor Rouco, porque no todo depende sólo de los votos parlamentarios, sino también del entendimiento con una institución que cuenta con el activo de su autoridad espiritual, convertible, llegado el caso, en una fuerza de convocatoria social. La Conferencia Episcopal no escondió los principios de su oferta de diálogo, que conforman el magisterio de la Iglesia sobre cuestiones irrenunciables para su doctrina, como el matrimonio heterosexual, la condena del aborto o la eutanasia activa o la libertad de enseñanza. En los momentos de confrontación es cuando personas y instituciones se muestran auténticas. Y la Iglesia lo está haciendo porque cree que es el tiempo de defender sus principios. Nadie puede reprochárselo, y sólo una veta autoritaria y jacobina explica las reacciones amenazadoras que piden silencio a la Iglesia a cambio de dinero. Este pobre criterio es el que demostró la secretaria de Estado para Asuntos Sociales, Amparo Valcarce, quien después de escuchar a Rouco llegó a la conclusión de que la mejor respuesta era invitar a los españoles a no marcar la casilla reservada a la Iglesia en sus declaraciones tributarias. Será porque Valcarce, que luego trató de matizar tarde y mal su arranque de sinceridad, ya sabe- -debe de ser la única- -cómo va a asumir el Estado la colosal labor humanitaria, educativa, asistencial y social que ejerce la Iglesia con recursos económicos mínimos, pero con la extraordinaria vocación de servicio de religiosos y laicos volcados con el bien común.