Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
58 Cultura MARTES 23 11 2004 ABC CLÁSICA Ibermúsica Wagner: La valkiria (acto I) El ocaso de los dioses (escena final) Int. Susan Anthony, Stephen Gould, Jyrki Korhonen, Gabriele Schnaut. Orquesta de la Deutsche Oper Berlin. Dir. Christian Thielemann. Lugar: Auditorio Nacional. Fecha: 18- XI MANDA EL KAISER ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE e ha escrito que con Christian Thielemann resucitan las viejas glorias de la música alemana. Dicho en otras palabras, perdida la supuesta grandeza de tiempos pasados y tras vivir inmersos en la nostalgia cabe felicitarse por el advenimiento del mesías. O sea, que Furtwangler, Knappertsbusch y Nikisch, qué decir de Wagner o Strauss, pueden descansar tranquilos. Todo en orden. Y como corresponde, a Thielemann no parece pesarle tanta responsabilidad. Es más, tiene genio para eso y mucho otro. También algunos gestos que no le hacen especialmente simpático. Muchas ganas de mandar, cierta soberbia en la mirada, arrebato en las reacciones, firmeza marcial en el andar e inflexibilidad suficiente como para permitirse regañar a aquél del público que ose chistar. A los directores los conocemos por sus maneras y luego por la bondad de su música. En Thielemann aquéllas son algo desagradables y ésta alcanza a ser enorme. Thielemann ha pasado por Madrid al frente de la orquesta de la Deutsche Oper de Berlín. Fue un programa sinfónico dedicado a Wagner, más allá de la propia naturaleza orquestal del primer acto de La valquiria o el final de El ocaso de los dioses Sencillamente porque Thielemann le dio bríos más que sobrados a una orquesta que, con ser grande, interesa más por su densidad sonora y la capacidad para desentrañar aquellas partituras por su pureza instrumental y aun exquisitez. El chorro instrumental fue, en mucho, responsabilidad de Thielemann, quien supo extraer más sustancia de El ocaso quizá sin alcanzar ese punto de tensión que nace por crecimiento del discurso, y desde luego la versión tuvo presencia y anduvo sin premuras. Y aún así, lo contundente dejó espacio a la mezzo Gabriele Schnaut para mostrar sus propósitos interpretativos por encima de las propias condiciones. Antes, en la primera parte, Susan Anthony, Stephen Gould y Jyrki Korhonen sucumbieron al tormentón instrumental, poniendo sangre la primera, aplomo y medido heroísmo el segundo y dotes baritonales antes que peso y gravedad el tercero. Thielemann fue el protagonista de la sesión, levantó de la butaca a buena parte del público y provocó la discusión. Eso sí que es algo que se ha recuperado gracias al director alemán. S Antonio Burgos (en la imagen con su amigo Remo) afirma que los mininos le han elegido como su asesor de imagen DÍAZ JAPÓN Para Antonio Burgos, ningún animal más políticamente incorrecto que el gato Con Alegatos de los gatos continúa la senda de Gatos sin fronteras tengan siete vidas es una de las mayores mentiras que la humanidad soporta. El columnista de ABC se ha consagrado a desmontar la falsedad JOSÉ LANDI CÁDIZ. Su última obra- Alegatos de los gatos (La Esfera de los Libros) de la que Los Domingos de ABC ofreció un adelanto- -es la prueba documental del embuste. Estos felinos tienen miles de vidas, tantas como ejemplares sobre la tierra, y quizá por eso le ha dedicado sus dos últimas obras. En Gatos sin fronteras terminaba con un truco literario, que consistía en que Remo me arrebataba el ordenador para afirmar que los gatos deben hablar de ellos mismos, de sus vidas y la de los humanos que les rodean- -explica Antonio Burgos- Eso es lo que hago ahora, dejar que hablen ¿Y qué dicen los gatos de un mundo de lobos? -Tienen centenares de historias. A raíz de la publicación del libro anterior, comenzaron a llegarme cartas y mensajes, a centenares, en los que muchas personas me hablaban de sus gatos. Cada dueño de gato cree que el suyo es el mejor del mundo, así que los he leído a todos y he hecho una pequeña selección. ¿Está anunciando una nueva entrega? ¿Una trilogía gatuna? -Es muy posible. Está en proyecto y, si Dios quiere, puede ser una realidad para el próximo año. ¿Teme desvelar un mundo secreb Que los gatos to, como el de los gatos, asociado a la magia, los cementerios, lo esotérico, la soledad y el silencio? -Es que los gatos me han nombrado su asesor de imagen. Es un animal que no tiene prestigio social. Tiene fama de arisco. En la Edad Media tenían cierta leyenda maldita, se les asocia a la brujas. No es como un perro, que se luce por la calle porque cuesta un dineral, como si fuera un BMW. Los gatos son de otra forma. Al gato no se le puede sacar a la calle. ¿Y sus dueños? -No quiero ofender a nadie, pero creo que la gente que tiene gatos es más reflexiva, más culta, más tranquila, el gato es un animal más literario que el perro. Los que tienen gatos son los españoles que más suenan a ingleses, a ritual y a ceremonia. -Dice usted que los gatófilos empiezan a salir del armario ¿De qué se ocultaban? -Es que el amor a los gatos es más privado, menos público que el que se profesa a los perros. Se lleva más en silencio, en casa, de ahí algunos tópicos como el de animal de compañía de solteronas, viudas o solitarios. -Es un animal muy literario, con protagonismo histórico, al que le cantaron Bécquer o Neruda. El amor a los gatos es más privado, menos público que el que se profesa a los perros. Se lleva más en silencio, en casa afirma Burgos -Es que llegó a ser una divinidad en Egipto. Eran tratados como dioses, tenían su propia representación divina y se les otorgaban facultades espirituales. Siempre ha estado presente en la literatura, en la historia, en la magia. -Uno de los relatos más impactantes del libro es el de Truchi, que aún espera a su joven dueña Angélica, que murió el 11- M. -Con esa historia se demuestra que los gatos también sienten la ausencia, que son leales que se aferran a sus dueños. Truchi sale cada tarde, a la hora a la que Angélica volvía de la Universidad, y cuando comprueba que no llega, se va a, triste, al cuarto de la niña a oler sus cosas. ¿Los gatos de su obra también viven historias alegres? -Por supuesto. Hay gatos muy golfos. Son animales muy promiscuos, muy libres. Hay uno en el Aljarafe, Trompo, que se va de botellón todos los viernes a la misma hora y no aparece hasta el lunes, siempre a la misma hora. También está en Alegatos de los gatos la novela de Adriano, un felino anarquista, como Fermín Salvoechea... Hay gatos pensadores, vividores... -En algunos de los apartados de la obra se asegura que los gatos no son de derechas y que, ni siquiera, se llevan mal con los perros. -Respecto a la primera afirmación, es evidente. Ningún animal más políticamente incorrecto que el gato, que nunca halaga, siempre es sincero. Respecto a lo de los perros, es una falsedad. Conozco muchas historias de cachorros de gato amamantados por perras y al revés. Se respetan y conviven.