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26 Internacional LUNES 22 11 2004 ABC Echan por tierra la reforma de la CIA a la que se oponía Rumsfeld A. A. NUEVA YORK. El secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, sigue confiando en que el presidente George W. Bush le renueve la confianza y le mantenga al frente del Pentágono. El sábado logró un inesperado espaldarazo de los líderes republicanos de la Cámara de Representantes, que echaron por tierra la reforma del espionaje. A pesar de que el propio Bush y su vicepresidente, Dick Cheney, habían pedido a los representantes que apoyaran la reforma de los servicios de inteligencia y el nombramiento de un responsable con categoría de secretario de Estado (ministro) la Cámara de Representantes hizo que el paquete legal entrara en vía muerta. Rumsfeld y la cúpula del Pentágono se resistían a perder el control del 80 por ciento de los 40.000 millones anuales que el Gobierno destina a espionaje. Los líderes políticos de la Cámara Baja del Congreso bloquearon el sábado la votación tras una suerte de revuelta del sector más conservador de la Cámara de Representantes, estrechamente aliado con el Pentágono. AP Lagos no transige y Bush se queda sin cena de gala en Santiago El presidente norteamericano, George W. Bush- -en la imagen, de espaldas, a la izquierda- tuvo que intervenir personalmente para rescatar a uno de sus guardaespaldas cuando forcejeaba con policías chilenos a su llegada, en Santiago, a la cena oficial de los líderes que asistían a la Cumbre del Foro Asia- Pacífico (APEC) Bush se quedó sin cena de gala en el palacio de La Moneda, porque el Gobierno del presidente Ricardo Lagos decidió no ceder ante el servicio secreto del mandatario estadounidense, que exigía hacer pasar por una estricta y bochornosa inspección de metales a lo más selecto de Chile y a sus invitados a la cumbre. La Casa Blanca amasa argumentos para una posible acción contra Teherán Una parte de la Prensa evoca los prolegómenos de la guerra de Irak b Israel ya ha dejado caer en los oídos de los halcones en Washington que puede no restar sino la fuerza para reducir a escombros la infraestructura nuclear de Irán ALFONSO ARMADA. CORRESPONSAL NUEVA YORK. Mientras en Washington y Nueva York se especula sobre la orientación de la política exterior en el segundo mandato de George W. Bush y sobre la personalidad de Condoleezza Rice, la sustituta de Colin Powell al frente del Departamento de Estado, la amenaza de Irán y su presunta obsesión por hacerse con la bomba atómica no abandonan la boca del presidente ni la del secretario de Estado saliente. Para sectores liberales eso significa que los halcones volverán a dominar la política internacional de un líder galvanizado por su victoria electoral. La ocupación a sangre y fuego del reducto de Faluya no ha despejado el camino en Irak, donde el Ejército tensa los límites de su dominio global. Pero Bush parece fiel a la hoja de ruta con tres hitos que trazó antes del cataclismo del 11 de septiembre: el eje del mal. Si Sadam Husein ha sido decapitado políticamente y Corea del Norte ha logrado dotarse ya de ingenios atómicos, es hora de actuar contra Teherán antes de que sea demasiado tarde. Bush ha aprovechado su reunión con sus socios de la cuenca del Pacífico en Santiago de Chile para dar pistas de sus intenciones internacionales y demandar una voz unánime contra las peores amenazas para la seguridad a ojos de su Gobierno: no el terrorismo, sino las ambiciones nucleares de dos regímenes canallas todavía vivos en el eje del mal sambenito geopolítico que pretendía traer al imaginario contemporáneo otro eje atroz, el que fraguaron Alemania, Japón e Italia y encendió la Segunda Guerra Mundial. Suenan las alarmas El New York Times hizo sonar el sábado las alarmas liberales con un contundente editorial que arrancaba con un acertijo: Párenos si ha oído esto antes. La Administración Bush crea una falsa sensación de urgencia sobre una amenaza nuclear de un país de Oriente Próximo. Halcones hablan de las conexiones de ese país con el terrorismo. Presentan los esfuerzos diplomáticos europeos para diluir la tensión como un inconsciente intento de apaciguar a una estado canalla en cuya palabra nunca cabe confiar. El secretario de Estado Colin Powell se hace eco de ominosas amenazas basadas en nuevos datos de espionaje, que se han revelado como dudosos Un punto y aparte después, el diario ofrecía la solución: Así es cómo el pre- sidente Bush lanzó al país hacia un innecesario conflicto con Irak en su primer mandato, y hemos estado viendo a lo largo de toda la semana inquietantes señales respecto a Irán El editorial acaba reclamando de la Casa Blanca que haga de la lucha contra la proliferación nuclear el elemento clave de su agenda exterior, un objetivo que sólo se puede lograr mediante la diplomacia multilateral, en la cual EE. UU. trabaje codo a codo con sus aliados europeos, en vez de intentar minarles Para ello, las potencias occidentales deben estar dispuestas a cerrar filas detrás de Washington y a enarbolar sanciones económicas creíbles si es necesario. El caso iraní, a juicio del Times, no justifica en ningún caso que altos responsables políticos hayan empezado a hablar en Washington de la opción militar Todavía sin despejar el nombre de quién será el segundo de a bordo de la ex consejera nacional de Seguridad en el Departamento de Estado, el subsecretario de Powell, Richard L. Armitage, jugó sobre un tapete de Chile las cartas del policía bueno (Europa) y el policía malo (Estados Unidos) mientras los críticos de Powell recordaron su intervención del 5 de febrero de 2003 en el Consejo de Seguridad de la ONU, en la que para justificar la invasión de Irak ofreció datos de espionaje que al final eran falsos.