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16 Nacional LUNES 22 11 2004 ABC Rajoy define el reparto de papeles en Valencia y pide a Zaplana que se dedique al Congreso El portavoz parlamentario niega haber promovido que una cuarta parte del PP regional no avalase a Camps b El presidente nacional cierra el cónclave del PP- CV con la petición a los militantes y dirigentes del partido de que apoyen a Camps tanto como a él mismo I. BLASCO CASTELLÓN. El cierre, ayer, del cónclave regional que los populares han celebrado este fin de semana en Castellón y, sobre todo, la intervención en él del presidente nacional de la formación, Mariano Rajoy, han contribuido a configurar la nueva hoja de ruta para definir los cauces por los que, ahora que se avecinan otros episodios congresuales calientes y de acuerdo con el criterio de la dirección nacional del PP, debe discurrir una formación que ha venido nutriendo buena parte del músculo electoral del partido durante los últimos diez años. Francisco Camps en Valencia, como líder de los populares valencianos; Eduardo Zaplana, estrictamente dedicadado a su labor parlamentaria como portavoz del grupo popular en el Congreso de los Diputados. El reparto de papeles dictaminado por Mariano Rajoy no pudo ser más claro ante el plenario del PP reunido en el Palacio de Congresos castellonense. Su garantía de transparencia fue por delante antes de formular una petición a los militantes y dirigentes de la formación. Os pido que apoyéis incondicionalmente a Paco Camps dijo. Y ligó este ruego a su propio destino político. Pido para él lo mismo que para mí. Ni más ni menos Lo demás sería una equivocación, pero sé que no me váis a defrau- Rajoy, Camps y Zaplana conversan durante el cierre del Congreso regional del PP, celebrado en Castellón dar porque me lo habéis prometido Recordó que el hecho de que la candidatura liderada por Camps recibiera el pasado sábado el apoyo mayoritario (78 de los delegados de las tres provincias valencianas es razón sufuciente para que nadie cuestione el liderazgo del presidente regional, cuyo reconocimiento hizo extensivo a toda la dirección ejecutiva nacional del PP. Esta conjura esgrimida por Rajoy contra las injerencias en la vida orgánica de la formación regional cristalizó en medio del discurso en un consejo dirigido a Eduardo Zaplana, que en una intervención previa se permitió calificar de mentiras que algunos cuentan la atribución de ese 22 de votos en blanco a la candidatura de Camps a una acción promovida por su sector. A Zaplana le he nombrado lo más que yo le podía nombrar. Es el por- PAU BELLIDO tavoz del PP en el Congreso y le pido que se dedique a ser portavoz parlamentario del PP Reconvención a la gallega Una manera, muy gallega (pese a que habló de ser muy claro de sugerir que acaso el ex ministro no ha puesto en el pasado todo el énfasis preciso en sus tareas en el Congreso; también, que su implicación en los asuntos in- GERMÁN YANKE OTRA VEZ LA NACIÓN tra vez a vueltas con la nación. El presidente Rodríguez Zapatero, en la sesión de control celebrada en el Senado, dio una muestra más de una actitud personal que ya es habitual ante cualquier problema: afirmar, para empezar, que el asunto no es para tanto. No es para tanto, así, eso de la nación española que el PP sostiene, un partido al que, por el contrario, se le puede reprochar que convierta en fundamental lo que es discutible (y de hecho discutido) y que quiera, con ello, convertir una opción partidista en un concepto de validez general. Si eso de la nación no es para tanto, si no es más que un vago continente de un proyecto común, no vamos a poner- O nos trágicos e intolerantes ahora, en esta época de nuevo e inmejorable talante. Así podrá hablar Rodríguez Zapatero, cuando le plazca, como podrá hacerlo Mariano Rajoy de nación española y no habrá inconveniente, al mismo tiempo, para que Pasquall Maragall y los suyos incluyan en el nuevo Estatuto catalán el término nación catalana De igual modo, si eso de la nación no es para tanto, no hay necesidad de que se constituya en el elemento común entre los catalanes y el resto de los españoles, algo que podría sustituirse por procedimientos administrativos y pactos políticos. Desde su punto de vista, al parecer, es tal la eficacia de este planteamiento (para evitar roces y para asegurar la estabilidad de un gobierno que necesita constantes apoyos) que se completa con una sorprendente definición de quienes se empeñan en que eso de la nación sí es para tanto. Sorprendente, porque afecta sólo a la nación española. Si el PP, e incluso sectores del socialismo español, consideran que el concepto de nación española es irrenunciable, caen en el nacionalismo, un nacionalismo español que se presenta como el gran veneno de la convivencia. Sólo una parte de los que defienden una unívoca nación catalana son nacionalistas e, incluso en ese caso, no deben ser demonizados. O, lo que es lo mismo, sólo la contraposición o los recelos a admitir que algunas comunidades autónomas actuales, o parte de ellas, o varias de ellas juntas, son naciones constituye nacionalismo La oposición a lo que hasta ahora hemos conocido como nación española es, sencillamente, que el asunto no es para tanto. Sin embargo, lo que conocemos co- mo nación española desde la Constitución de 1978 responde al concepto de nación democrática, es decir, una nación de ciudadanos en la que las libertades individuales son parte fundamental de la nación. Se rompía así con una nación entendida como un pueblo de vaporosas características, étnicas o seudohistóricas, siempre administradas por los gobernantes, y se sustituía por una nación que fuera el basamento del Estado de Derecho. La paradoja es que las supuestas naciones que se oponen o se sienten incómodas en la española se aproximan demasiado a la que la Constitución sustituyó. Demasiado a menudo, en el devenir de los nacionalismos que se ha dado en llamar periféricos se sustituye la ciudadanía por el pueblo, la libertad por la formulación de un determinado futuro, la igualdad por los privilegios. Quizá, para convivir con ellos, para sostener el Gobierno con su apoyo, para delimitar fronteras con la oposición conservadora, convenga insistir en que esto de la nación no es para tanto.