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64 Los domingos DOMINGO 21 11 2004 ABC UNA DE ESPÍAS Dos momentos de Paesa. A la derecha, poco antes de morir a la izquierda, de joven Siempre fue un hombre fashion amante del esquí y sus lujos. En la foto, en Suiza Paesa. Francisco Paesa. Un personaje de novela, o de novelón. Agente, espía, amante de las transacciones económicas... cómo diríamos: ¿turbias? Trabajó para el Gobierno español- -el último gobierno socialista- -que le encargó engañar a Roldán. Luego se murió. Pero no mucho El fugitivo ro, de verdad, ¿alguien se creyó alguna vez que Paesa estaba muerto? En España, la gente calla pero no es tan tonta. Sabe sumar dos y dos, y como desconfía de las versiones oficiales, suele acertar. Otra cosa es que la azarosa vida de Francisco Paesa Sánchez, Paco para los amigos, tenga un buen argumento novelesco, como resulta fácil de demostrar. Pe POR FERNANDO MARTÍNEZ LAÍNEZ. Escritor y periodista Imaginemos: Amigo de jerarcas y prebostes del orden y la ley. Participa en la fuga de Roldán, y después negocia su entrega en un lugar exótico: Tailandia, por ejemplo. Le dan trescientos kilos de la época. Roldán le confía sus ahorros. Mil ochocientos millones de pesetas transferidos desde el Aresbank de Madrid a Singapur. El dinero desaparece. O todos ganan o alguien ha hecho el primo. No acude a una citación judicial donde se investigan 1.500 millones que Roldán guardaba en Suiza. Sueña con dedicarse a la política. Ministro, aunque sea de Marina, o por lo menos secretario de Estado. El personaje anuncia su defunción en la prensa. Fuentes legales solventes certifican que ha fallecido por infarto de miocardio. El toque genial, de auténtico artista del embeleco: un mes de misas gregorianas por su alma en la iglesia de San Pedro de Cardeña, escenario épico del Cid Campeador, el héroe que ganaba batallas después de muerto. Imaginemos: Descubierto vivo seis años después (Paesa, no el Cid) en Luxemburgo, donde lleva vida de financiero y rentista con falsa identidad argentina y oficinas en el meollo de la ciudad, la plaza de Armas, donde los Tercios españoles pasaban revista. Una prueba fehaciente de la resurrección de la carne, y de que existe la vida en el más allá. Curioso: hay noticias de que, después de su defunción anunciada, ya había sido localizado por lo menos en dos ocasiones. Una en París y otra en Las Rozas, Madrid, donde tenía un chalé. Silencio. No hay que perturbar el sueño de los muertos. Como todo termina saliendo a la luz se sabe que el personaje vive protegido por antiguos agentes de la Stasi (la temible policía secreta de la RDA) y ha viajado como Pedro por su casa por toda Europa y China. Empresas fantasmas en Panamá y las islas Vírgenes. Colaborador de los servicios secretos francés y suizo. Parece que ha timado a una de las bandas mafiosas más peligrosas de Rusia. Si es así, hay que reconocerle valor suicida, de Cruz de Hierro de primera clase por lo menos... Y la saga continúa. ¿Qué novelista, por torpe que sea, no armaría un thriller con estos mimbres? El problema es la clave, en qué Imaginemos: Un personaje, amigo del presidente guineano Macías, consigue que le nombren director del Banco Nacional de Guinea y el dinero del banco desaparece. Imaginemos: El mismo personaje en Ginebra, metido en actividades financieras, monta otro banco. Acusado de estafa. Cárcel. Comienza a trabajar de espía. Imaginemos: El personaje dedicado ahora al tráfico de armas. Vende unos lanzamisiles trucados a ETA, lo que permite la localización de un importante centro de almacenamiento de armas y archivos de la banda. Un buen punto en su haber. Ha sido descubierto vivo seis años después de su muerte con incineración y misas gregorianas Imaginemos: El personaje obtiene la inmunidad para eludir a la Justicia española. Pasaporte diplomático de Santo Tomé y Príncipe (buscar en los mapas) Orden de busca e ingreso en prisión. Expulsión de Suiza sin consecuencias. Se presenta en la Audiencia Nacional. Exculpado. ¿Por qué se esconde Paesa? La Interpol dejó de buscarle y las causas que se le imputan en España han prescrito clave escribirlo. Juan Alberto Belloch, que debe de haber soñado alguna noche con el espectro de Paesa, es quien mejor lo ha visto: Todo lo que envuelve a Paesa es una tomadura de pelo y certeramente ha señalado algo elemental, querido Watson: Si se publica dónde está es normal que se fugue Un dato que la policía profesional conoce. Lo malo es que se le adelantaron en la localización los detectives privados de una agencia de nombre filosofal: Método 3, y el finado- -como el conde Drácula- -desapareció de nuevo en su ataúd. La luz del día no es buena para los muertos vivientes de colmillo afilado cuya figura no se refleja en los espejos.