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62 Los domingos DOMINGO 21 11 2004 ABC REGRESO A LA RUTA DEL FUEL Muxía parece un pueblo recién estrenado, pulcro. En el litoral rocoso de Camelle, sin embargo, aún son evidentes las huellas de la tragedia En Finisterre todavía llega algún pesquero con los aparejos manchados, pero lo que más preocupa es que algún cascarón rompa en el cercano corredor marítimo 2004 2002 Distintas cosechas. Inocencio Suárez, patrón mayor de Corme, selecciona los mejillones. Abajo, un marinero entre el chapapote (Viene de la página anterior) pues Los percebeiros de Corme, aquellos que se ponían en primera línea de fuego contra el fuel, vuelven a pensar que hay futuro. Milagro en Muxía La zona cero es un hervidero. Cincuenta pequeñas figuras se han dispersado en la playa del Coído con las herramientas en la mano: cubos, palas y rastrillos. La escena resulta extrañamente familiar, pero no, no se trata de una cuadrilla de voluntarios quitando chapapote, sino de los alumnos del Colegio Virgen de la Barca, de Muxía, felices porque el recreo de hoy ha sido especial. En el lugar que resumió la tragedia de Galicia en 2002, el epicentro del apocalipsis, donde centenares de voluntarios se sintieron actores de una broma macabra (se retiraban agotados después de sacar toneladas de Mientras continúen pasando barcos por la Costa de la Muerte, habrá naufragios, y no es fatalismo gallego, es pura estadística chapapote y, unas horas después, les sorprendía otro amanecer negro) hoy es posible ver a unos nenos de entre tres y cinco años haciendo castillos con arena limpia y recolectando pequeños moluscos entre las piedras. Los niños no son tontos. Veían a sus padres apesadumbrados en casa, sin poder salir a pescar, y lo pasaban mal explica María Luisa Domínguez, la directora del centro. Muxía tiene ahora un gran aspecto, porque la Administración se volcó aquí con los dineros y se limpió el Coído roca a roca con agua caliente a presión. Había un interés especial en que el pueblo y su entorno quedaran como una patena. Pero no se ha producido el empujón turístico que se esperaba. Durante un tiempo vinieron muchos curiosos, pero de paso, porque les daba morbo ver cómo había quedado la llamada zona cero Recuerdo que en 2002 los voluntarios se despedían de nosotros diciendo: Volveremos en vacaciones para poder disfrutar de este hermoso lugar en lugar de padecerlo A la mayoría todavía los estamos esperando, aunque, bueno, es normal... La casa de María Luisa tiene vistas al mar. De vez en cuando, cuando se asoma por la ventana, aún le parece ver en el horizonte aquel petrolero maldito que estuvo a las puertas de Muxía, como lanzando una advertencia de lo que vendría después. Al día siguiente, un temporal de olas negras arrasó la playa, el paseo marítimo y los corazones de los habitantes. Hoy el pueblo parece recién estrenado. En el cercano cabo Touriñán, donde se vivieron escenas dignas de una película de catástrofes- -helicópteros, camiones, excavadoras y cientos de extras rodeados de espumas negras- los percebeiros que entonces se jugaban la vida sacando chapapote hoy se la juegan ganándose el jornal. En días de temporal, el mar parece aquí un monstruo que se infla, que golpea, que forma remolinos, y cualquiera que se asome al borde del precipicio puede sentir la narcosis del vértigo. Hoy está en relativa calma, pero sigue imponiendo. Mar bravo equivale a percebes testos En otros lugares son alargados y con menos carne; como sueltan agua, reciben el nombre de mexons (meones) Los mariscadores se descuelgan con cuerdas o saltan de roca en roca hasta llegar a su presa, y desde arriba parece que alguna ola acabará engulléndolos. El mar es el mar En Finisterre, la estación final de la ruta del fuel de la Costa de la Muerte, continúan mirando de reojo el horizonte. El Prestige es historia, o casi- -todavía vuelve a puerto algún pesquero con los aparejos manchados de restos de fuel- pero 24 millas más allá del cabo, en el corredor marítimo, siguen pasando enormes buques, aunque aquellos que llevan la panza llena de mercancías peligrosas utilizan una vía que está a 40 millas. El mar es el mar, no nos vamos a engañar comenta José Manuel Martínez, Manolete para sus paisanos y para muchos de los que vieron y contaron lo que aquí se coció hace dos años. Entre noviembre