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56 Sociedad DOMINGO 21 11 2004 ABC Jiménez de Parga ayer, en el congreso Católicos y Vida Pública ANGEL DE ANTONIO EUROPA, SÉ TÚ MISMA JOSÉ MARÍA BENEYTO on motivo del centenario de Goethe, escribió Ortega en 1932 uno de sus ensayos más conocidos, Pidiendo un Goethe desde dentro El filósofo madrileño, del que celebraremos el cincuentenario de su muerte el año que viene, reclamaba un Goethe auténtico una llamada a recuperar, a confrontarse ante la dimensión más profunda de la biografía individual o colectiva. Europa vuelve a encontrarse en uno de esos momentos de coyuntura, de decisión. Momentos que, por su propia naturaleza creativa, son de inquietud, de zozobra. Ortega hablaría de una Europa para náufragos náufragos que reconocen su situación, y empiezan a nadar, y acaban arribando a tierra firme. Hay una fecha a tener en cuenta en esta nueva travesía europea. Es el mes de mayo de 2000, en el momento en que se cumplen los cincuenta años de la famosa Declaración de Robert Schuman que dio origen a la construcción de la Europa integrada como hoy la conocemos. Schuman hace público lo que desde entonces se ha llamado el método comunitario de integración. Para llevar a cabo la reconciliación de Alemania con sus vecinos y superar la guerra civil europea que, a través de tres sucesivos y encarnizados enfrentamientos, ha asolado y dividido al Continente, es preciso poner en común las soberanías, desarrollar solidaridades concretas a través de políticas e instituciones comunitarias, crear un método progresivo de integración; todo ello como instrumento para recuperar la conciencia de pertenencia a una identidad común. Pocos meses antes, Ortega, como otros muchos de los espíritus más lúcidos de la época, lo había expresado con claridad en sus conferencias en Alemania: por debajo de las naciones europeas late el sustrato de una identidad cultural y espiritual común, lo mejor de la propia historia nacional y el referente al que volver en los momentos de crisis. Sólo a través de la Europa unida podrán los países europeos volver a tener presen- C cia histórica, recuperar su realidad más radical: cualquier retroceso en esa tarea es condenar a Europa a los márgenes de la historia universal. En ese mayo de 2000, el ministro alemán de Asuntos Exteriores, Joschka Fischer, propone revitalizar los objetivos de Schuman señalando un nuevo horizonte para los próximos años: poner por escrito en un texto constitucional lo que los europeos quieren seguir haciendo juntos, otorgar un marco formal al proceso de constitucionalización de Europa. Es mucho lo que los europeos han hecho juntos hasta ese momento, hasta esa conferencia del ministro Fischer en la Universidad Humboldt de Berlín, situada en un lugar tan simbólico como la avenida Unter den Linden, el centro neurálgico de la Alemania de antes de la guerra y de la Alemania del Este, hoy la arteria más representativa del nuevo Berlín. Hasta ese momento, los europeos han constituido un mercado común de bienes, servicios, personas y capitales; han llevado a cabo políticas comunes, solidaridades concretas en sectores muy amplios, como la agricultura, el comercio internacional, la protección de los consumidores, el medio ambiente, la política regional y social, la libre competencia, la cooperación industrial, la educación, además han eliminado la posibilidad de una guerra interna europea y perciben de nuevo su responsabilidad respecto al conjunto del Continente y al resto del mundo. Bajo el contraste de la imagen de Ortega proponiendo la unidad de Europa en Munich y Hamburgo, ante una multitud de estudiantes rodeados de ruinas y cascotes, poco después de acabada la guerra, los europeos pueden estar orgullosos de haber logrado la paz y eliminado prácticamente la posibilidad de enfrentamientos sangrientos entre ellos. La diplomacia, la prosperidad y el bienestar económico han sustituido a la guerra y el hambre. Historia suficientemente conocida, pero no siempre actualizada, que necesita ser revivida en ca- da generación, como una memoria viva del Continente. Fischer propone entonces dar un salto adelante. Hay que llevar a término la Europa política, poner en marcha definitivamente una política exterior y de seguridad común, reformar las instituciones, intensificar la cooperación judicial, culminar la ampliación al Este, fijar definitivamente la imagen y contornos de esa Europa unida. Para ello hace falta una Constitución, un texto que delimite con claridad las competencias de los Estados miembros y de la Unión, que incorpore la Carta de los derechos fundamentales de sus ciudadanos, que refuerce y haga más eficaz cada una de las instituciones, reconociendo al Consejo Europeo- -junto a la Comisión, el Parlamento y el Tribunal de Justicia- -el papel central de coordinación que está llamado a desempeñar. Reconocer también una mayor influencia a los parlamentos nacionales, sobre la base de un principio de subsidiariedad que debe ser efectivamente aplicado y no sólo anunciado de forma más o menos retórica. A pesar de las aparentes dificultades, lógicas por otra parte en un proceso de tal complejidad como es la integración, el debate sobre la Constitución- y la crisis paralela que se vive como consecuencia de las disensiones sobre Irakhan puesto sobre la mesa con particular lucidez hasta qué punto la pervivencia y el futuro de la construcción de la unidad del Continente europeo depende de tres presupuestos básicos e inconmovibles. El primero es la indivisibilidad entre europeísmo y atlantismo. Cualquier brecha en la relación atlántica es también una hendidura en la solidaridad y unidad de los países europeos. A este doble principio respondía el consenso europeísta de post- guerra y sigue estando plenamente vigente. La relación atlántica ha sido y continúa siendo el más firme eslabón de la unidad interna del Continente. El segundo, es el diálogo, que ahora se replantea, entre los Estados miembros y la Unión, entre las Constituciones nacionales y el nuevo Tratado Constitucional. Una primacía del derecho comunitario que no debe ser interpretada en un sentido jerárquico, sino como principio de coordinación, dentro de una interconexión creciente de órganos nacionales y comunitarios a todos los niveles, hasta llegar a una genuina Constitución integrada. Y el tercer presupuesto es la reviviscencia de la común identidad europea. Si algo ha puesto de manifiesto el debate sobre el preámbulo de la Constitución es que sin la recuperación de las raíces culturales y espirituales de los europeos los logros alcanzados con la integración pueden acabar entre las ruedas de un do ut des burocrático y nacionalista, permanentemente amenazados por el riesgo de caer en los peores momentos de los pesos y contrapesos de la añeja diplomacia europea de los equilibrios de poder. Sin duda, Europa debe responder a los intereses inmediatos de sus Estados miembros y de sus ciudadanos. Pero hace falta, una y otra vez, recordar la llamada de esperanza de Juan Pablo II en Compostela: Europa, de nuevo sé tú misma El PP denuncia el acoso a la libertad religiosa en España b El catedrático Michael Schooyans alentó a los asistentes al congreso Católicos y Vida Pública a manifestarse contra los proyectos de ley del PSOE JESÚS BASTANTE MADRID. El portavoz de Educación del Partido Popular en el Congreso de los Diputados, Eugenio Nasarre, denunció durante su intervención en el congreso Católicos y Vida Pública una poderosa corriente de opinión pública que cuestiona el vigente sistema constitucional en materia religiosa y, en particular, contra el estatus de la Iglesia católica Nasarre, que participó en una mesa redonda sobre Laicidad, libertad religiosa y escuela pública criticó el acoso del Gobierno socialista contra el actual sistema educativo, que prevé la enseñanza religiosa escolar para aquellos alumnos que así lo pidan. La revisión constitucional en materia religiosa supondría un sacrificio grave de la libertad religiosa, y graves consecuencias para la convivencia de la sociedad española manifestó Nasarre, quien condenó el enfoque netamente separatista propugnado desde el Gobierno. Analfabetismo religioso Junto a las trabas y obstáculos puestos a la implantación de la asignatura de la Religión católica en la escuela, el portavoz de Educación del PP también señaló el intento por debilitar y casi anular el carácter propio de los centros educativos de iniciativa social y recordó que un Estado aconfesional, en virtud incluso de su propia laicidad tiene el deber de evitar que exista el analfabetismo religioso Por su parte, el catedrático de la Universidad Católica de Lovaina, Michael Schooyans, condenó con dureza las leyes en favor del aborto vigentes en los países miembros de la Unión Europea, indicando que el legislador mata a través de la ley, y se convierte en el actor principal en la guerra contra el ser vivo más inocente Para Schooyans, cada día se demuestra que los legisladores europeos tratan los derechos humanos como productos sometidos a negociación Finalmente, el catedrático animó a los movimientos católicos y a los ciudadanos presentes en el congreso a hacer más visible su oposición a los proyectos de ley que el PSOE ha planteado en materia de matrimonio, familia y educación. Debemos organizarnos, federar los movimientos españoles que luchan por la vida y por la familia par que los cristianos tengan más visibilidad política y así construir una nueva Europa de valores