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52 Sociedad LA RUTA DEL ENVEJECIMIENTO DOMINGO 21 11 2004 ABC Ocho de los diez municipios más envejecidos de España hablan con deje gallego. Nacen pocos y mueren demasiados: eterna ecuación que adentra al rural interior de Galicia en el final del camino A Galicia le pesan los años TEXTO: ÉRIKA MONTAÑÉS FOTOS: MIGUEL MUÑIZ LA VEGA (ORENSE) Dice el conocido chiste que el gallego, al detenerse en mitad de una escalera, no se sabe si sube o si baja. El tiempo, indomable, que ha venido impacientándose en los últimos años por tal vacilación, ha acabado por empujar de forma irrebatible hacia arriba al gallego, quien ahora asciende paulatinamente por los cada vez más numerosos peldaños de la escalera. Las cifras condecoran al vencedor del pulso: ocho de los diez municipios más envejecidos de España están en Galicia, enclavados en Lugo y Orense. Galicia profunda, medio rural, habitantes desperdigados en diminutos núcleos de población de enormidad geográfica, regresión demográfica a flor de arrugada piel, orografía accidentada, paleta de ocres e idílicos parajes. Huele ya a La Vega. Es este municipio orensano la puerta de entrada al techo gallego, la Peña Trevinca, con 2.127 metros de altitud. Los surcos que han ido dibujando sobre la frondosa vegetación agrestes ríos como el Xares han dado cobijo a las 28 parroquias (nombre que en estos lares se les da a las agrupaciones de núcleos de población) y al final del cauce, en lo profundo del valle, a la cabecera, La Vega. Actualizado este mismo mes de noviembre, el padrón municipal cuantifica 1.292 habitantes esparcidos en 291 kilómetros cuadrados, una de las superficies municipales más amplias de Galicia. El porcentaje de personas mayores de 65 años supera el 47 por ciento. De ellas, tres de cada diez viven solas- se han producido varias muertes en las aldeas y hasta pasados unos días no los ha encontrado nadie recuerdan los vecinos- La edad media alcanza los 56 años y medio. 305 vecinos viven en La Vega. Se trata, por supuesto, del hermano mayor. El resto bien pudiera llamarse, por ejemplo, Santa Cristina. Manuela y Pa- Dos inquilinos de la residencia de Santa María de La Vega: Nemesio Cotado, coqueto, posa sin su boina; y a su lado, Josefa García, la rompecorazones del centro co son dos de los 22 inquilinos de esta recreación de la tradicional arquitectura popular gallega: viviendas construidas con sillar visto y madera con cubierta de losa bruta y escalera exterior de piedra. Acompañados por Marisol, una de las tres asistentes a domicilio, el sonido de los coches alerta a dos vecinos- -peinan canas que no logra contener la boina- quienes, presurosos, aciertan a sonreír ante uno de esos raros chismes modernos y apenas esgrimen un ¿turistas? No están acostumbrados, en plena época otoñal, a las visitas. Los inviernos aquí son muy largos, infernales, mientras que en verano llega a triplicarse la población había comentado minutos antes el alcalde de la La Vega, Edesio Yáñez. meras lágrimas recordando a sus hijos, todos trabajan fuera en grandes urbes. Por ese, entre otros muchos motivos, en los nueve años que ahora cumple la discapacidad de su marido, la menuda y frágil apariencia de Manuela sobraba para cargarlo, bañarlo o recostarlo en el dormitorio. En los últimos doce meses, la teleasistencia y Marisol han echado el resto. Al explicarlo, se crece orgullosa de haber podido servir de bastón hasta ver venir las 84 muescas en el calenda- Manuela y Paco, Paco y Manuela Una reacción sorpresiva en la que reinciden Manuela y Paco, Paco y Manuela. El orden de los factores no altera, mucho menos en este caso, el producto; pues lo aislado de la aldea, lo alejado de sus hijos y la minusvalía de Paco han hecho de estas dos partes un completo todo. Quizás sean ese apoyo y amor incondicional los que auspicien la perenne sonrisa de Paco y el afecto desbordante de Manuela. Pícaro, Paco habla de que él tiene una hija periodista y ésta- -dice señalando a su esposa- ésta tiene otra hija periodista Su mujer ríe la gracia, pero pronto saca un pañuelo para enjugarse las pri- Como Ángela, muchos ancianos prefieren vivir en una situación infrahumana antes que abandonar su hogar Casi la mitad de los vecinos de La Vega tiene más de 65 años, el 30 por ciento de estos mayores viven solos Paradójica imagen: los niños no se pelean por una plaza en la escuela