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20 Nacional DOMINGO 21 11 2004 ABC Los escindidos de UPL ponen en bandeja al PP la alcaldía de la ciudad de Zapatero Uno de los concejales implicados reconoce que el PSOE de León le ofreció un retiro dorado b Según denunció el edil Rodrí- guez de Francisco, la estrategia de los socialistas era que abandonara el Ayuntamiento para dejar paso a otro concejal, afín al PSOE JOSÉ LUIS MARTÍN BELÉN MOLLEDA SALAMANCA LEÓN. El concejal leonés José María Rodríguez de Francisco, ex miembro de la Unión del Pueblo Leonés (UPL) ofreció ayer al PP un pacto para desbancar a los socialistas del Ayuntamiento de esa ciudad. El edil aseguró que no pondrá objección a que el ex alcalde Mario Amilivia regrese al frente de la Corporación porque fue el candidato del PP, partido más votado en las pasadas elecciones locales. El PP obtuvo en las pasadas elecciones municipales doce concejales, diez el PSOE y cinco UPL, partido este último que se dividió en dos bloques a finales del pasado junio, cuando dos ediles- -ahora no adscritos- -lo abandonaron, dejando sin mayoría absoluta a la Corporación municipal, gobernada por PSOE y UPL con trece concejales. El edil aseguró que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, le ha defraudado porque cuando ganó las elecciones generales pensé que le había tocado la lotería a León pero al final no le tocó ni la pedrea Confirmó un rumor muy extendido sobre que si yo me voy a ir de León, porque se me ha buscado un refugio dorado o alguien me quiere eliminar de la política con mi consentimiento y agregó que es verdad que ha ocurrido, que yo tenía un acomodo laboral al cual aseguró renunciar. Se refirió a la supuesta oferta laboral que le hizo el alcalde socialista de León, Francisco Fernández, en una empresa a cambio de renunciar a su acta de concejal y así dejar paso al siguiente de la lista de UPL, que daría el concejal número 14 al equipo de gobierno y, por tanto, la mayoría absoluta. Esta oferta laboral desvelada por ABC fue confirmada por los propios leonesistas. Mi voluntad, mi decencia y mi honestidad no la vendo por nada ni por 40, la cual es una cifra casual (en alu- Rodríguez de Francisco y Zapatero en una imagen de archivo sión al rumor de que se le ofrecieron 40 millones de pesetas anuales por trabajar en una empresa) ni por 40.000 dijo De Francisco, que agregó que no pago el tributo de las cien doncellas a nadie a cambio de que no invadan mi reino MANU DE LA FUENTE PSOE: Es un tránsfuga Sobre esta supuesta oferta laboral, de la que hasta ahora no se había pronunciado, indicó que la verdad es que he participado en el juego para comprobar que esto puede ocurrir en la vida La noticia sobre el ofrecimiento de De Francisco capitalizó ayer el congreso regional del PP Castellano- leonés, celebrado en Salamanca. El portavoz popular en el Ayuntamiento de León, Mario Amilivia, no descartó abrir negociaciones, mientras el presidente de la Junta y del PP regional, Juan Vicente Herrera, calificó de flagrante caso de corrupción política el ofrecimiento del PSOE a De Francisco. Mientras, el ministro de Trabajo, Jesús Caldera, pidió al PP que haga honor a sus compromisos y no se aproveche de un tránsfuga, algo que calificó de gravísimo ÁLVARO DELGADO- GAL LA NACIÓN EN SU CONTEXTO l miércoles último, en el Senado, Zapatero se metió en un jardín. Afirmó que el concepto nación española es discutido y discutible y tras intercambiar unos golpes con Pío García- Escudero, quien le había preguntado si seguía comprometido con el modelo nacional que consagra la Carta Magna, remató su alocución diciendo que había sido contrario, desde pequeñito, a las afirmaciones categóricas, indubitadas y que rezuman fundamentalismo Todo lingüista sabe lo que es la pragmática. La pragmática no estudia las palabras en sí mismas, sino su uso en un contexto concreto. Por ejemplo: fuego es, gramaticalmente, un sustantivo. Declamado sin embargo en una sala de cine atestada de espectadores, será, además, una señal de alarma, de efectos potencialmente catastróficos. Lo que vale para las palabras, vale igualmente para los discursos. Ponga el lector que se está celebrando un seminario de filosofía política en la universidad, qué sé yo, de Yale. Entraría en el régimen normal de la vida académica que un catedrático adscrito a la universidad diera inicio a su intervención po- E niendo en cuestión el concepto de derecho individual. En efecto, forma parte de la profesión de filósofo el no atenerse a los dogmas o lugares comunes recibidos, por venerables que sean. No estaríamos en las mismas si se desmarcara de la Bill of Rights un miembro del Tribunal Supremo de los Estados Unidos. ¿Por qué? Porque el cuestionamiento de los derechos constitucionales, formulado por quien debe garantizarlos, introduciría una inseguridad jurídica radical en el país. Cabría resumir la situación diciendo que las enunciaciones de un juez no equivalen, pragmáticamente, a las de un profesor de filosofía. O también, que las reflexiones de un profesor de filosofía cambian de valor cuando son exteriorizadas por un juez. Lo que pasa en el primer caso es que se está ejerciendo la libertad de cátedra. Lo que pasa en el segundo, es que se está incurriendo en una irresponsabilidad manifiesta. Se puede aplicar el cuento a nuestro presidente. El término nación no es un adorno, o un remate decorativo, o una pura efusión verbal de la Ley de leyes. Es un concepto clave que legitima y sostiene el edificio del Estado y del que se derivan una serie de derechos y obligaciones. Insistir en la índole provisional o discutible de la nación, no se reduce sólo, por tanto, a una muestra de sano escepticismo especulativo. Cuando es el presidente del Gobierno el autor de la especulación, más de uno pensará que se pretende abrir, de modo confuso y por lo mismo peligroso, un proceso constituyente. Un proceso constituyente articulado, o al menos orientado en una dirección específica, representa ya una aventura enorme, que no debe iniciarse nunca sin infinitas cautelas. Un proceso constituyente sólo insinuado es una receta infalible para el desmadre total. Me ha impresionado peculiarmente, en la comparecencia presidencial, un factor retórico, y más que retórico. Me refiero a la presencia contaminante del doublethink orwelliano que desde hace tiempo gastan los nacionalistas. Centrémonos en el adjetivo fundamentalista enarbolado contra los que defienden las reglas de juego que se pactaron en el 78. Los que hablan del españolismo fundamentalista como si fuera una enfermedad de la piel, no expresan una oposición genérica a la idea de nación. Sólo se pronuncian contra el orden nacional español, cosa compatible con la celebración y hasta santificación de los órdenes nacionales de formato más pequeño. Es comprensible que los nacionalistas, cuyas aspiraciones no se verían colmadas si persistiese una soberanía indivisa del pueblo español, sesguen el significado de las palabras a su gusto y conveniencia. Pero se comprende mucho peor que el presidente del Gobierno acepte giros, construcciones, derivadas de una visión de las cosas y de una estrategia que no puede compartir. Existe la eximente, claro, de su dificultad objetiva para maniobrar. Con arreglo a la cuenta de la lechera que se hacen algunos, Zapatero variará de rumbo tan pronto las circunstancias le permitan manumitirse del marcaje de Esquerra, y acaso, acaso, de Maragall. El Zapatero anfibiológico de ahora reemergería, llegado el momento oportuno, como un amigo sincero de la Constitución, una Constitución a la que se dará una mano de pintura, aunque sin alterarla en esencia. Esta conjetura, sin embargo, es sólo eso, una conjetura, montada sobre la premisa de que el presidente logrará desbordar por las bandas a sus socios actuales, con la ayuda del votante. Está, por tanto, todo en el aire, y envuelto en un lenguaje que no induce al sosiego. Una observación última sobre el fundamentalismo llamado español y sus alternativas periféricas. Los desafueros del primero se reducen a exigir el mantenimiento del Estado, con las cotas altísimas de autogobierno autonómico que a la sazón existen y libertad completa para promover las culturas minoritarias. El nacionalismo periférico postula una reinvención del Estado, o de los estados, lo que jamás podría llevarse a cabo sin una revolución política. ¿Quién es aquí el más fundamentalista?