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56 Espectáculos SÁBADO 20 11 2004 ABC CLÁSICA Orquesta Reina Sofía Obras de J. S. Bach y P. I. Chaikovski. Intérpretes: Orquesta de Cámara Reina Sofía. Director y solista: N. Chumachenco. Lugar: Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid TEATRO Himmelweg Autor: Juan Mayorga. Dirección: Antoni Simón. Escenografía: Jon Berrondo. Vestuario: Alejandro Andújar. Iluminación: Albert Faura. Música: Luis Delgado. Intérpretes: Alberto Jiménez, Pere Ponce, José Pedro Carrión, Eva Trancón, Gerardo Quintana, Sara Illán y Tamara Bautista, entre otros. Lugar: Teatro María Guerrero. Madrid BRILLANTE ANIVERSARIO ANTONIO IGLESIAS MIRAR SIN VER JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN rimero en su Sala Guitarte, después en el Salón de Actos, la Orquesta de Cámara Reina Sofía acaba de conmemorar brillantemente sus veinte años de existencia. Una mesa en la que, Tomás Marco ejerció como moderador del acto de presentación del documentado libro Veinte años de música de nuestro querido compañero José Luis García del Busto, quien explicó con sumo tino las características del volumen que es, entre otras cosas, testigo de la efeméride que se festejaba. Tras sus palabras, Humberto Orán hablaría, en su calidad de vicepresidente de la Fundación de la Orquesta, poniendo el punto final el presidente, Jaime Carvajal Urquijo. Luego, el concierto que, presidido por S. M. la Reina Doña Sofía (a su lado la Princesa Irene, la ministra de Educación y el director de la Real Academia de Bellas Artes, entre otras personalidades) constaba de sólo dos obras, señeras y conocidísimas de todos; el Segundo concierto para violín, BWV 1042 de Johann Sebastian Bach, y la Serenata para cuerda, Op. 48 de Piotr Illich Chaikovski, interpretadas por Chumachenco y sus diecisiete profesores, compañeros magníficos en la Orquesta Reina Sofía. Bien puede decirse que lograron la versión ideal de ambas composiciones, de alta manera apasionada, pero sin incurrir en edulcoraciones al uso, sino concebidas dentro de unos cánones serios, musicales al ciento por ciento, aunque lo fuese por el criterio tantas veces alabado en el prestigioso Chumachenco, que estimo innecesario recordar que, además, es un violinista de cuerpo entero. El éxito fue enorme- -ejemplo de entusiasmo el de Su Majestad la Reina, la última en cerrar el aplauso- -y hubo de rubricarse con la concesión de dos propinas. Ni aún aquí hubo lugar para una referencia a la música española, ni siquiera la socorrida Oración del torero de Joaquín Turina. Creo que la espléndida jornada no debió olvidar a nuestros compositores y lo manifiesto sin desconocer que la agrupación hizo, hace y hará encargos, y que sus programas no descuidan la música de España. Pero, ¿por qué no en jornada tan importante y espléndidamente organizada? De todos modos, bravo, enhorabuena y a esperar sus prontas Bodas de Plata. P uan Mayorga devana una historia sobre los campos de exterminio nazis y bajo las pavesas de unos hechos terribles nos sirve las ascuas de un subtexto aún más estremecedor, la constatación de una de las grandes tragedias del hombre contemporáneo: su incapacidad para advertir a tiempo las formas del horror agazapadas tras las apariencias de normalidad, la predisposición a empedrar con buenas intenciones cualquier infierno presentado bajo el nombre de cielo. Mayorga abre la temporada del Centro Dramático Nacional, y la nueva etapa de la entidad dirigida por Gerardo Vera, con un texto mayor, una indagación sobre la maldad que comienza con una implacable y acongojada confesión y concluye con un viaje hacia la muerte, de sobrecogedora dignidad y de una belleza que duele. El formidable argumento encuentra referencias en un suceso real: la visita de un representante de la Cruz Roja a un campo de exterminio nazi durante la Segunda Guerra Mundial. La obra arranca con el relato del delegado de la institución benéfica internacional, un hombre preocupado por el sufrimiento de sus prójimos pero incapaz de advertir en su momento que la ciudad ideal que le presentaban era un campo de concentración maquillado especialmente en su honor. Cuando recuerda esos momentos al volver al escenario de la iniquidad, donde después ha sido plantado un bosque, repasa las piezas de la maquinaria del simulacro, abrumado por la culpa insondable y sin remedio de sentirse cómplice del horror. Un desgarrado introito en forma de largo monólogo de intensidad brutal, sabia, dolorosamente interpretado por Alberto Jiménez. La acción se traslada luego a los días de preparación de la falsa ciudad y coloca frente a frente al comandante del campo, un nazi refinado que recita a Shakespeare, y a Gottfried, el judío culto que han designado como interlocutor y que habrá de encargarse de escoger entre los prisioneros a los intérpretes de la farsa: una pareja de enamorados, ciudadanos entregados a las tareas de su fingida cotidianidad, niños que J Alberto Jiménez, en un momento de la representación de la obra juegan... y él mismo como alcalde del pueblo idílico. Un verdugo perfeccionista y una víctima colocada en la tesitura de elegir a quienes hipotéticamente podrían salvarse del destino que todos intuyen: ascender por la rampa demoninada himmelweg (literalmente, camino del cielo) y que lleva a una eufemísticamente denominada enfermería de la que nadie vuelve. Una bestia exquisita obsesionada por lograr que su espectáculo tenga la verosimiltud adecuada para salvar el reto con eficacia, lo que le lleva a reflexionar sobre las diferencias entre verdad teatral y realidad, y un ser humano angustiado por su forzada complidad y por impedir que bajo las costuras de la representación irrumpan las delatoras señales de la desolación real en la que viven. Vida y teatro, un pacto diabólico amasado con miedo, rabia, sumisión, astucia... El espectador asiste a un pulso de altura entre Pere Ponce, que viste a su oficial nazi con la profesionalidad desdeñosa de un esteta inconmovible, y José Pedro Carrión, en un Gottfried que lo devuelve a sus registros de enorme actor para realizar una interpretación medida, volcánica, humilde y tierna, todo a un tiempo. Himmelweg es un gran espectáculo en todos los sentidos. Bien dirigido por Antoni Simón y con una impresionante escenografía fáustica de Jon Berrondo, que lleva a cabo probablemente su mejor trabajo hasta la fecha: un espacio circular, un bosque suspendido, el humo de los hornos crematorios, los raíles que conducen a la muerte en el trencito de la bruja mientras suena una canción infantil. ROS RIBAS TOROS HISPANOAMÉRICA Rincón sigue su triunfal campaña con dos orejas y rabo en Maracaibo ABC MARACAIBO (VENEZUELA) César Rincón cortó las dos orejas y el rabo a un toro de Rancho Grande en la corrida que estrenó la Feria de la Chinita de Maracaibo, según informa mundotoro. Rincón sigue en sones de triunfo tras su última comparecencia en la Monumental de México, donde dejó el sello de su maestría. Su intensa campaña americana- -toreará en torno a veinticinco tardes- -lleva camino de ser una continuación de la española, durante la que se ha proclamado triunfador de las ferias de Abril de Sevilla y de la de San Jaime de Valencia o Nimes. El balance de la corrida fue el siguiente: con lleno en los tendidos, se lidió un toro de Los Aranguez para rejones, cinco de Rancho Grande y uno de El Prado (en segundo lugar) el cuarto fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre. El rejoneador Luis Augusto Rodríguez, silencio. César Rincón, palmas y dos orejas y rabo. Leonardo Benítez, dos orejas y silencio. Vicente Barrera, oreja y silencio. Himmelweg (literalmente, camino del cielo) lleva a una eufemísticamente denominada enfermería de la que nadie vuelve