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32 Madrid SÁBADO 20 11 2004 ABC MADRID AL DÍA ESCAPAR DE LA VIDA SANTIAGO TENA H e tenido un par de noches de ligero pánico en los últimos meses. No sé si os pasa a vosotros. Antes de dormirme del todo, ya empiezo a soñar, y el pensamiento y la imaginación se entretienen en asuntos peregrinos y sin importancia, y las personas más o menos conocidas desfilan ante mis ojos en situaciones que luego, despierto, no recuerdo. En dos o tres de estas semivigilias recientes, alguna voz me ha dicho que voy a morir, como si fuera algo que va a suceder dentro de poco. No he querido contárselo a nadie, por no asustar y por no traer la tragedia a la normalidad. Todas mis creencias sobre la muerte se tambalearon. Yo pensaba que la muerte no existía, que era solo apariencia, que uno muere solo a los ojos de los demás pero que sigue viviendo a los propios. Pero ante la inminencia, ya no estaba tan seguro. En un libro que estaba escribiendo puse estos versos: Saber que no hay vigilia más allá de este sueño, que solo hay otro sueño Concebía yo la vida como un sueño en el que no mandan para nada las supuestamente inmutables leyes de la realidad. Y mantenía que nunca se despierta de este sueño, que al sueño de la vida sigue el sueño de otra vida quién sabe si distinta o similar más allá de la muerte, que la materia no existe más allá del pensamiento, y que las cosas suceden según nos conviene, que todo existe solo por nosotros. Poco a poco he ido recordando mis conversaciones de adolescente sobre los símbolos oníricos. Decíamos entonces que cuando sueñas con la muerte es señal de una vida más intensa. Quizá lo que va a morir es el yo actual y esa muerte que viene es en realidad una renovación espiritual, un despertar, como el hombre viejo que tiene que morir y renacer del Evangelio de San Juan, o como la iluminación del budismo Zen, como escapar del samsara. Total, que he optado por creer esto último. Mi vida no va tan mal como para querer morirme, y en cambio sí me apetece renovarme y ser mejor, madurar y vivir con más naturalidad. No quiero morir. DIMES Y DIRETES ANTONIO SÁENZ DE MIERA PRESIDENTE DE AMIGOS DEL GUADARRAMA EL MANIFIESTO SE DEMUESTRA ANDANDO E sa fue mi posición cuando nos reunimos los de Allende Sierra para organizar la Marcha de Otoño. Algunos de los organizadores proponían distribuir un manifiesto entre los asistentes. Otros, la mayoría, pensábamos que no era necesario. La marcha en sí misma, esta de ahora y las otras tres que ya se habían celebrado, constituían el mejor manifiesto posible; un manifiesto en el que todos estábamos de acuerdo: defender la Sierra de Guadarrama, sin pararnos en frases o matices que nos podían llevar a discusiones estériles. Las trescientas y pico personas que subimos desde el pueblo segoviano al Puerto de Navafría y descendimos por el antiguo camino de herradura hasta el pueblo madrileño de Lozoya, estábamos mostrando a las claras nuestro compromiso con la defensa a ultranza de nuestra Sierra. No conocía Navafría. ¡Qué bien se conserva el antiguo municipio segoviano! Nada que ver con los pueblos de la vertiente sur. Miedo da pensar que los de la vertiente norte puedan llegar a convertirse en esos pequeños monstruos que hemos creado en la Sierra madrileña. Mientras caminábamos, en la mañana fría y clara, de un lado a otro del Puerto, estábamos manifestando, creo yo, ese miedo y otros miedos por lo que se nos pueda venir encima si no estamos alerta, si no nos movemos pacífica y civilizadamente para evitar males irreparables. Porque la amenaza de Madrid sobre el Guadarrama es muy grande. La pujanza de nuestra Comunidad y su previsible futuro inmediato son tan admirables como preocupantes. Con una extensión territorial que representa solo el 1,6 del total del país, Madrid concentra más del 13 de la población y el 17 del PIB. La renta anual que genera cada kilómetro cuadrado de nuestra comunidad es, con gran diferencia, la más alta de España: 1.100 frente a los 446 del País Vasco que es quien nos sigue. Según las previsiones del Grupo Prospectiva 2015 la Región de Madrid podrá seguir creciendo a buen ritmo, algo que es por supuesto deseable... Si somos capaces de conciliar razonablemente el difícil equilibrio entre crecimiento y calidad de vida: aire puro, agua, tranquilidad, paisaje, nuestra sierra de Guadarrama... Porque no es sólo que la población de Madrid pueda aumentar un millón de habitantes, según las previsiones del grupo citado, lo peor es que con independencia de la presión que tal crecimiento pueda tener sobre los recursos naturales del Guadarrama, la mayor parte de los municipios serranos también quieren expandirse: Cercedilla aspira a ser como Guadarrama, Guadarrama pretende ser como Villalba, Villalba como no sé qué, y Madrid ya lo hemos visto. Raro es que cuando se habla de ordenación del territorio no se esté diciendo construcción de viviendas. ¿Para qué necesitan estos pueblos más viviendas? Para que sus vecinos no tengan que emigrar se dice, cuando resulta que en ellos predominan las segundas residencias y muchos se han convertido ya, o están en trance de convertirse, en ciudades dormitorios. Utilizar para esas viviendas los prados serranos no parece preocupar demasiado a las autoridades locales. No es cierto que el crecimiento por sí mismo aumente realmente el bienestar económico y social de estos pueblos; la realidad es que en muchas ocasiones lo que no se va en lágrimas, se va en suspiros. Explicar estas cosas no es tan fácil como sentirlas. Se corre siempre el riesgo de crear malentendidos, de interferir en el debate político, de tocar intereses... Pero no es una utopía pensar que estamos en condiciones de hacer compatible un Madrid en vanguardia con un Madrid más amable, más humano, más serrano Eso es lo que Allende Sierra está tratando de decir. Andando, andando, paso a paso... sin exigir aparentemente nada, lo está exigiendo todo. cuadernodelguadarram hotmail. com