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30 Madrid LOS EFECTOS DEL APAGÓN EL DÍA DESPUÉS SÁBADO 20 11 2004 ABC (Viene de la página anterior) REACCIONES Pedro Calvo Concejal de Seguridad Hay que investigar por qué se repiten los incendios en subestaciones nuevas, fuera de la ley de probabilidades Rafael Simancas Portavoz del PSOE en la Asamblea Aguirre debe dar explicaciones e impulsar una ley que sancione a las compañías eléctricas Antonio Beteta Portavoz del PP en la Asamblea Simancas es un irresponsable; no hemos estado ausentes en la resolución del problema Fausto Fernández Portavoz de IU en la Asamblea Las eléctricas no invierten en modernizarse lo suficiente, lo que provoca fallos de distribución Los afectados hicieron cola en las oficinas de atención, como ésta de Retama y cámaras de fotos. Los Bomberos continuaban con su labor. El responsable de la extinción del fuego, Juan Redondo, comentaba que seguían refrescando la zona quemada. Está todo controlado, y ya no hay peligro añadió, cuando sus hombres lanzaban espuma y agua pulverizada para bajar la temperatura del recinto. Aún estaba actuando una autobomba con ocho bomberos. Afortunadamente- -comentó- los transformadores tienen su propio mecanismo de extinción automático Fuentes del Samur- Protección Civil desmintieron que en las subestaciones de la calle de Ayala y de Moratalaz se produjeran el jueves por la noche sendos incendios: Sólo fueron conatos afirmaron. do eléctrico los paneles informativos que dan servicio a la estación Sur de autobuses. Los empresarios, por boca de la patronal Cepyme, fueron los primeros en lanzar una cantidad concreta: 16.250.000 euros de pérdidas en el sector. Por ello, evaluó este menoscabo económico en no menos de 500 euros por actividad económica. Por ello, Cepyme reclamó al Gobierno regional una compensación mínima de 300 euros para cada negocio. Por su parte, los pequeños comerciantes agrupados en Cecoma amenazaron a Unión Fenosa con llevarla a los tribunales si no se hace cargo de las pérdidas sufridas por los 10.000 comerciantes afectados. El Ejecutivo regional anunció la misma noche del incendio la apertura de un expediente informativo para averiguar las causas del incidente. Si los vecinos de Madrid sufrieron, principalmente, incomodidades, muchos comerciantes tuvieron que echar el cierre en pleno apogeo de compras. Tal es el caso de Antonia Zamora, propietaria de la cafetería Enzo, en Méndez Álvaro. Ayer por la mañana aún no había visto restablecido el servicio en su negocio. Según informó Unión Fenosa, a las 13.35 horas todo Madrid tenía ya electricidad. Sin embargo, ya era tarde para los encargados de Enzo, que vieron cómo las pérdidas alcanzaban los 3.000 euros, en concepto de los 120 desayunos y 170 almuerzos que, diariamente, sirven. Los helados se descongelaron, la cafetera no funcionaba y los alimentos se estropearon relató. Ya no hay peligro La visita, ayer por la mañana, al lugar de los hechos no podía ser más clarividente de lo que allí había ocurrido tan sólo un puñado de horas antes. Un retén de Bomberos vigilaba a los pies del transformador siniestrado, lanzando espuma sobre la zona afectada, mientras que una unidad del Samur- Protección Civil permanecía al acecho y los trabajadores de Unión Fenosa volvían a sus menesteres. Fuera, ojos curiosos Un comerciante muestra el género que se echó a perder en su establecimiento MADRID. La guasa que dan la impotencia y la sensación de estar siendo objeto de una maligna burla se apoderó ayer de la cola que guardaban decenas de personas en la calle de la Retama, donde Unión Fenosa ha instalado una furgoneta que intenta hacer las veces de oficina de información y reclamaciones. Había de todo. Mucha gente mayor, la que peor parada ha salido del suceso: no en vano, 300 personas han sido atendidas a causa de este asunto por el Samur Social Tal era el caso de Fernando y Josefa, un matrimonio septuagenario de El Pozo del Tío Raimundo que echó mano de su origen andaluz para esbozar una sonrisa entre tanta mala leche. Tenemos que ir a comer a un centro comercial, pero la cafetería está en la quinta planta y no funcionan las escaleras mecánicas. Cuando lleguemos a casa, nos meteremos en la cama, para no pasar frío. No nos hemos podido luchar, por lo que pronto iremos apestando comentaba Josefa. Los testimonios, a pie de cola para reclamar, confirmaban el desasosiego de quienes sufrieron en sus carnes el apagón ¡Esto es como Biafra! TEXTO: CARLOS HIDALGO Con menos humor se lo tomaba Manuel, vecino de Pacífico de 72 años: Esto es una vergüenza. Sólo hay una persona atendiendo a quienes estamos en la cola. Llevamos aquí 20 minutos y aún no nos hemos movido del sitio. La calefacción de casa no funcionaba, porque la caldera va por luz; la vitro tampoco funciona. Ayer por el jueves me acosté a las siete de la tarde, porque ya no sabía qué hacer, y la luz no volvió hasta las dos o dos y cuarto de la madrugada. Para colmo, vivo en un quinto piso, y mi mujer está operada de las dos rodillas. ¡Estamos a la altura de Biafra! se quejaba. Otro señor, éste, de mediana edad y residente en Delicias, hacía números mientras esperaba su turno en la calle de la Retama. Estamos intentado reclamar algunos de los daños. Compramos linternas, pilas, la nevera se ha parado, la comida se estropeó... Calculo que en casa nos hemos gastado a cuenta del apagón unos 300 euros aseguraba. Además, hemos pasado la noche en casa de unos familiares, porque tenemos un bebé de 3 meses, y la calefac- ción de casa es eléctrica concluía. ¿Y la otra cara de la jornada, la de los empresarios? Nada mejor que acercarse a la zona comercial más cercana, la avenida de la Albufera, en Puente de Vallecas. Allí, el empleado de una tienda de menaje para el hogar afirmaba que el jueves tuvo que echar la cancela a las seis, con las consiguientes pérdidas equivalentes a la mitad de la venta de por la tarde aunque no supo precisar a cuánto ascendía la cuantía. Cerca de allí, las innumerables luces de un salón de juegos delataban que el dueño del negocio debió de pasarlo mal, muy mal, el jueves por la tarde. El jefe de sala así lo corroboró: Tuvimos que cerrar a las cinco de la tarde, lo que supone unas pérdidas de alrededor de 2.000 euros. Tuvimos que cerrar sin la puerta de emergencia y sin la de atrás, con el consiguiente peligro de robos, así que se tuvo que quedar aquí una persona toda la noche vigilando