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26 Internacional SÁBADO 20 11 2004 ABC Francia deberá reformar su Constitución para aprobar la de la UE J. P. QUIÑONERO. CORRESPONSAL PARÍS. El Consejo Constitucional decidió anoche que Francia deberá reformar su Constitución antes de ratificar el Tratado constitucional europeo, con transferencias de poder en terrenos capitales para la soberanía nacional. Según éste Consejo, la Constitución europea limita la soberanía en capítulos esenciales para todos los Estados, como son la seguridad interior y exterior, la diplomacia, la defensa y la justicia. La decisión del Consejo Constitucional introduce un importante desequilibrio cuando el Partido Socialista ha convertido el referéndum sobre la Constitución europea en un debate explosivo. Profundamente divididos, los socialistas han convocado un referéndum interno para sus afiliados y militantes el 1 de diciembre sobre la Constitución europea, que irá a consulta nacional el próximo año. La decisión socialista podría influir de manera determinante en el referéndum. De ahí que los argumentos del Consejo Constitucional introduzcan nueva controversia al subrayar que la Constitución europea recortará la soberanía nacional de todos los Estados. La izquierda socialista, el PCF y la extrema derecha coinciden en denunciar la deriva liberal de la UE. La derecha y los socialistas moderados defienden la Constitución en nombre de un nueva arquitectura diplomática continental. COMPETITIVIDAD Y COHESIÓN, LAS CLAVES DEL ÉXITO EUROPEO JACQUES BARROT. Comisario europeo de Política Regional Berlusconi amenaza con elecciones anticipadas J. V. BOO. CORRESPONSAL ROMA. Las sombras amenazadoras del regreso de Prodi a la política y de una posible condena de ocho años de cárcel por soborno a jueces hicieron saltar los nervios de Silvio Berlusconi, que amenazó a sus aliados de Gobierno con forzar elecciones y presentarse en solitario. La amenaza cayó como una bomba en una Roma sobrecargada por dos novedades en el proceso a Berlusconi por presunto soborno a jueces, que ha entrado en su última fase en Milán, donde la fiscal Ilda Bocassini pide ocho años de cárcel para el actual primer ministro. Al día siguiente de nombrar a Gianfranco Fini ministro de Asuntos Exteriores a cambio de su apoyo al recorte fiscal en 2006, Berlusconi advirtió que si no hay rebaja de impuestos en el 2005, Forza Italia pedirá elecciones anticipadas hora que dejo mi cargo de comisario de Política Regional Europea, en el que sustituí a Michel Barnier, quiero dar testimonio de la eficacia de esta política de cohesión y alejar la tentación de abandonarla que hoy surge aquí y allá. Esta política marca la originalidad del modelo europeo. Cuando Estados Unidos formó una unión con Canadá y México, omitió esta política de solidaridad a la europea: sin duda, es la razón por la que la distancia entre EE. UU. y México sigue incrementándose mientras que se ha reducido entre España y Alemania o entre Irlanda y el Reino Unido. En efecto, para la Unión Europea, la política de cohesión se ha convertido en el acompañante indispensable de la dinámica del mercado único. No se trata de pedir a unos que ayuden a los otros, sino permitir que todos, estados ricos y pobres, grandes y pequeños, se beneficien de la integración económica. Visto el balance, se puede decir ya que esta política es un verdadero éxito que ha contribuido no sólo a una mayor solidaridad entre todos los europeos sino también a incrementar mucho la competitividad global de la Unión. Irlanda, que se ha beneficiado en gran medida de las ayudas europeas, logró duplicar su Producto Interior Bruto (PIB) por habitante entre 1988 y 2001: ahora es el segundo estado miembro más rico tras haber sido el país más pobre en el momento de su adhesión. Desde 1994, España, Portugal y Grecia han tenido un nivel de crecimiento un punto por encima del nivel de crecimiento medio de la Unión. Recordemos el miedo a que se produjeran deslocalizaciones en las zonas más ricas en el momento de estas ampliaciones históricas que la política de cohesión ha ayudado a llevar a buen puerto. Y, sin embargo, resulta que ahora surgen dos tentaciones. En primer lugar, algunos estados miembros contribuyentes se inquietan por tener que participar en la financiación de esta política y se oponen a la propuesta de la Comisión de dedicar el 1,14 del PIB al presupuesto europeo durante el período 2007- 2013. Dentro de esta partida, la política de cohesión propiamente dicha moviliza el 0,41 de los ingresos brutos de la Unión. Es el mismo porcentaje que hace seis años. ¿Cómo se puede contestar el deber de ayudar a los nuevos estados miembros y de reforzar la competitividad del conjunto de las regiones europeas a un coste que, a fin de cuentas, representa el mismo esfuerzo que hace seis años para cada uno de los estados miembros? La búsqueda de una Europa competitiva tiene este precio. Además, algunas personas bienintencionadas proponen suprimir una parte de esta política, aquella de la que se beneficiarán los antiguos estados A miembros. Los partidarios de esta racionalización olvidan el valor añadido de una política regional europea. Quiero que Europa prosiga su solidaridad con aquellos que sufren transiciones económicas, inclusive en Francia, en Alemania y en otros países. Recordemos algunas de sus ventajas: los fondos europeos tienen un efecto de palanca. Permiten la movilización de créditos nacionales y regionales: en Austria y en Suecia, han llevado a los gobiernos a aumentar sus contribuciones nacionales en un 36 y en un 14 respectivamente. Por otro lado, los Fondos Europeos han permitido financiar la formación de más de 3,5 millones de personas entre 1994 y 1999. Han estimulado la creación de polos de excelencia tanto en materia de investigación como en materia de innovación, además en regiones de reconversión industrial como el Nord Pas- deCalais, el noroeste de Inglaterra o Sajonia. Estos avances cuantitativos se han visto acompañados de un avance cualitativo en la forma de gobernar los estados miembros: los fondos europeos han conducido al establecimiento de un sistema administrativo y financiero capaz de movilizar fondos para una duración suficiente y capaz de invertir en aquello que permite un crecimiento sostenido: innovación, investigación, formación profesional, redes de transporte, energía y telecomunicaciones. Así, los 40.000 millones en fondos europeos que se invirtieron entre 1994 y 2001 permitieron la construcción de cerca de 5.000 kilómetros de autopista en Portugal de norte a sur. La programación plurianual garantiza una estabilidad del gasto público. Esto sitúa las inversiones deseadas a salvo de las contingencias políticas o económicas de cada uno de los estados miembros y garantiza que lleguen a buen puerto. La UE tiene una necesidad aún mayor de una política de cohesión fuerte frente a los nuevos retos, como el éxito de la ampliación y el aumento de su La nueva política regional de la Unión Europea será mucho más participativa, más atenta a las necesidades locales, más sencilla de aplicar y será evaluada y controlada muy de cerca, evitando los controles puntillosos y demasiado abundantes competitividad global. La reunificación de Europa y esta gran ampliación que trae consigo han causado nuevas disparidades en la Unión. Antes, el 10 de las regiones más pobres de la Unión a Quince tenían una renta equivalente al 60 de la media europea. Hoy, el 10 de las regiones más pobres de la Unión tienen una renta equivalente a alrededor del 30 de la media europea. Estas disparidades pueden comprometer el éxito de la ampliación en detrimento de los nuevos estados miembros, pero también de los antiguos al privarles de las ventajas de un mercado más amplio y más pujante. Para evitarlo, es necesario consentir los esfuerzos de inversión necesarios para auparlos a un nivel de desarrollo comparable al del resto de la Unión. A medida que el crecimiento de los nuevos estados miembros se acelere, los demás no tardarán en descubrir las ventajas: entre el 15 y el 40 de la ayuda recibida se traduce ya en encargos públicos para las empresas de los estados miembros más desarrollados. Segundo reto, incrementar la competitividad global de la Unión. Para recuperar un fuerte crecimiento económico, la Unión necesita movilizar todas las energías posibles. Para ello, es indispensable estimular a todas las regiones europeas que lo necesitan, aunque sea en los antiguos estados miembros. Éste es el sentido del célebre Objetivo 2, titulado política de competitividad en los reglamentos que propuse el 14 de julio. En relación con estos dos desafíos, la continuación de la política de cohesión parece caer por su propio peso. En el pasado se pudo reprochar a la política regional europea cierta diseminación y dispersión con la financiación de piscinas y equipamiento de ocio. Ahora, los programas regionales de la nueva generación van a estar totalmente orientados sobre todo hacia el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, hacia la innovación y hacia una nueva política urbanística capaz de acabar poco a poco con los guetos que se crean en el corazón de nuestras ciudades. Al mismo tiempo, los nuevos reglamentos propuestos por la Comisión el 14 de julio han paliado los inconvenientes de una política europea en ocasiones demasiado compleja. La nueva política regional será mucho más participativa, más atenta a las necesidades locales, será más sencilla de aplicar y será evaluada y controlada muy de cerca, evitando los controles puntillosos y demasiado abundantes. Con plena confianza paso el testigo de la negociación a mi sucesora, Danuta Hübner, que ya ha demostrado su fuerza de convicción y sabrá lograr el apoyo de todos nuestros estados miembros. De todo ello depende este ideal de solidaridad y fraternidad que ha permitido reconciliar a los pueblos europeos. De ello depende el desarrollo de nuevos estados miembros y también de regiones que se enfrentan a la necesidad de reconversiones difíciles. De ello depende, para los europeos, una mayor igualdad de oportunidades sin la cual no podría existir un verdadero modelo europeo.