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ABC VIERNES 19 11 2004 Espectáculos 67 VIERNES DE ESTRENO Un toque de canela Hasta donde los pies me lleven Mi gran cena griega FEDERICO MARÍN BELLÓN La madre de todas las fugas F. M. B. Un joven griego nacido en Estambul crece en Atenas, donde desarrolla sus dos pasiones: la astrofísica y la cocina. Décadas después, Georges Corraface regresa a Estambul para reencontrarse con su abuelo y con su primer amor. Esta hermosísima película se encuadra en la inagotable tradición de buen cine gastronómico. Divertida y dramática, Un toque de canela contiene innumerables enseñanzas, que se pegan al paladar de la memoria como los sabores de la infancia. Inolvidables son las clases de (g) astronomía que imparte el abuelo, tan brillantes como la lección de geología de José Sacristán en Un lugar en el mundo Hasta el tío viajero se suma al festín de sabiduría y divide a las personas en dos tipos, las que parten y las que retornan. Las primeras miran el mapa, las segundas miran al espejo. El trágico descubrimiento del protagonista, cuyo personaje es una carrera de relevos que culmina Corraface, será averiguar que, con lo buen cocinero que llegó a ser, nunca acertó con el punto de sal en su vida. La película, que lleva camino de convertirse en el mayor éxito griego de la historia- -quizás la veamos competir contra Mar adentro en los Os- Georges Corraface Dirección: Tassos Boulmetis Intérpretes: Georges Corraface, Ieroklis Michailidis Nacionalidad: Grecia, 2003 Duración: 108 minutos Calificación: car- deslumbra no sólo al calor de los calderos sino en el modo inteligente y sutil con que narra la difícil relación entre dos rivales de toda la vida. Tassos Boulmetis, quien también fue deportado de pequeño, critica al pueblo turco, pero se muestra mucho más ácido con la incomprensión griega, que lo convirtió en extranjero de sí mismo. Quédense con el aroma de esta excelente obra, llena de humor y cargada de especias, que entra por los sentidos y ensancha el conocimiento. Hardy Martins cuenta la epopeya del soldado alemán Clemens Forell, capturado por los rusos en la II guerra mundial y enviado a un campo de concentración siberiano. El andarín título no ofrece duda alguna sobre las intenciones del protagonista; esta vez el interés no descansa sobre la planificación de la fuga, sino en las gigantescas dificultades de la huida en una región donde la brizna de hierba más cercana tirita a mil kilómetros. Basada en un best seller de Josef Martin Bauer, la historia permite al cine alemán dar un rodeo a su eterno sentimiento de culpa sin caer en el revisionismo. El héroe es nazi, por supuesto, no esconde la esvástica pero tampoco la lleva de paseo más de lo necesario, con lo que pesa. Lo que cuenta es la lucha del hombre por la supervivencia. Bernhard Bettermann (excelente y creíble a cada paso, y pueden creer que da unos cuantos) mata por sobrevivir si es preciso, pero no es menos compasivo, desde luego, que el enemigo estalinista. Sólo el personaje judío es absolutamente bueno, aunque su mirada parece velada por la ambigüedad. Como ya ocurría en El submarino de Petersen, acercarse a la historia desde el bando derrotado permite Bernhard Bettermann Dirección: Hardy Martins Intérpretes: Bernhard Bettermann, Michael Mendl, Anatoly Kotenyov Nacionalidad: Alemania, 2001 Duración: 158 minutos Calificación: una gama más rica de matices. Con una paleta tan amplia, Hardy Martins pinta una película emocionante, donde el metraje, más largo que un invierno en Siberia, se justifica por la necesidad de que la narración no cojee. Todo en esta producción está a la altura de la empresa y justifica el éxito de la película en su país. En el nuestro, con un número de copias miserable, será más difícil que la propia huida del protagonista.