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ABC JUEVES 18 11 2004 Opinión 7 JAIME CAMPMANY En sentencia del Supremo, el magistrado Auger enseña al periodista José Luis Gutiérrez a titular noticias. Toma nísperos LIBERTAD DE EXPRESIÓN A DARÍO VALCÁRCEL Los granjeros, nacionales o europeos, son chantajeados. Las milicias de Gbagbo exigen pruebas de marfilinidad a quienes aspiren a explotar plantaciones: amenazan al que no aporte pruebas de pureza de sangre UNA EXPLOSIÓN EN COSTA DE MARFIL NA nueva crisis, grave en potencia, llega de África Occidental. Desde su independencia en 1960, Costa de Marfil había avanzado a duras penas: estado ordenado y próspero, apoyado en un hombre providencial (esto siempre es peligroso) y en una abundante producción de cacao y café. Pero las instituciones son una riqueza mayor que el cacao. Mientras gobernó Félix Houphouët- Boigny, 1960- 93, el país avanzó como pudo, partido único. A su muerte las cosas cambiaron: golpes de estado, demagogia creciente... Años después, un presidente, Laurent Gbagbo, despliega unas dotes inversas a lo que el país necesita, aventurerismo, pasión por el secreto... La presión demográfica del norte- -Malí, Burkina Faso- -se hace sentir. Son sobre todo los trabajadores burquineses quienes sacan adelante las plantaciones: esforzados, poco pagados. Los demagogos del sur se manifiestan pero no trabajan. Alientan a Gbagbo, que los alienta: esta retroacción desemboca en la quiebra. El domingo, los manifestantes rugían: Será peor que Vietnam Los granjeros, nacionales o europeos, son perseguidos, acosados, chantajeados. Las milicias de Gbagbo, en el sur, exigen pruebas de marfilinidad -ivoirité- -a quienes quieran explotar las plantaciones: con el respaldo del nuevo presidente, amenazan al que no aporte pruebas genealógicas impecables. Sin pureza de sangre, prohibido ser propietario. Parece una broma y no lo es. Naciones Unidas interviene. Naciones Unidas no tiene ejército: Kofi Annan sabe que Francia no fallará. Francia aspira legítimamente a mantener una influencia en la zona pero carece de toda agenda secreta Además de un destacamento en Costa de Marfil, las fuerzas francesas tienen bases en Senegal, Gabón, Malí, Djibouti. Las fuerzas de Naciones Unidas, en su mayor parte francesas, se despliegan de este a oeste, dividiendo en dos al país (el norte, dominado por guerrillas anti- Gbagbo) U Ésta es la situación cuando el día 6 dos aviones de la fuerza aérea marfileña con pilotos de Ucrania bombardean una posición de las Naciones Unidas en Bouaké, centro del país: nueve soldados franceses mueren. Quince minutos después, el Estado mayor francés manda destruir los aviones atacantes. Chirac ordena que la respuesta se extienda a la totalidad de la fuerza aérea marfileña, cinco aviones y seis helicópteros, incluyendo el de Gbagbo, chatarra en el jardín presidencial. Sin un helicóptero al que subir, un presidente se vacía de poder. El general norteamericano Charles Waid, responsable de las tropas norteamericanas en Europa y África, habla de inmediato: Los franceses han hecho exactamente lo que tenían que hacer Antes de dimitir, el secretario de Estado, Colin Powell, respalda a las Naciones Unidas y a nuestros amigos franceses en Costa de Marfil Hay lealtades más profundas que las manifestaciones de los taberneros de Memphis (vaciaban en el Mississippi botellas de Borgoña) y más serias que los desplantes de Bush, reelegido tras la intervención de Bin Laden, algunos millones de votos del miedo. Los presidentes pasan, los pueblos permanecen. El lunes, el Consejo de Seguridad votaba un total embargo de armas a Costa de Marfil por unanimidad: con el voto de los países de la Unión Africana. Un estado moderno debe proteger a todos sus ciudadanos. Cuando un presidente se sitúa en las antípodas del estado moderno, defiende a la tribu y al territorio de la tribu. En estado límite, la tribu da caza al pobre individuo aislado, aterrorizado. La tribu es valerosa mientras forma una masa. La ferocidad termina cuando el hombre tribal vuelve a su condición de individuo. Hay un África mediterránea y blanca, próxima a Europa, civilizada por griegos y romanos. Y hay un continente bajo el Sáhara, enteramente otro. mí que me explique González Urbaneja, presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, con qué se come ese Consejo Deontológico que se ha sacado de la manga como los ases de los tramposos. Y si no me lo explica él, le rogaré la explicación a mis amigos Luis Martín Mingarro, decano del Colegio de Abogados, y Antonio Fontán, profesor emérito y editor, que se han incorporado a ese Consejo Deontológico, vigilante ilustre de periodistas. Como he tenido que escribir durante tantos años en libertad vigilada, cada vez que alguien quiereadoctrinarme de deontología o aconsejarme acerca de los límites de mi libertad de expresión, se pone a gritar el ordenador. Me he quemado los ojos en la lectura de textos de moralistas de todo tipo, y ahora, a los más de sesenta años de escribir en los periódicos, no voy a conformarme con la vigilancia de estos deontólogos espontáneos. Cuando en el ejercicio de mi profesión violente la ley, que vengan los jueces y que me castiguen. Y si no me salto la norma legal, entonces los vivos y los muertos, los hombres, las mujeres y los mediopensionistas, civiles y militares, clérigos y políticos, que se aguanten con lo que me pete decir, les guste o les disguste, les plazca o les escueza. Ya tenemos bastante los periodistas con quedar bajo el imperio de los jueces, que a veces se equivocan como cada hijo de vecino. Ahí tienen el caso de mi colegui, y sin embargo amigo José Luis Gutiérrez, que arrastra un calvario por los tribunales de justicia hasta dar con sus alegacionesen el Tribunal Constitucional. El Supremo le ha condenado porque en aquel Diario 16 que dirigió apareció una noticia en la que se informaba que en una furgoneta del rey Hassan II se había encontrado droga. El rey moro se querelló contra el periodista y los jueces comprobaron que la furgoneta era verdad y la droga también. Pero condenaron porque el titular que encabezaba la noticia no les pareció el adecuado. Enuna sentencia del Supremo, el magistrado ponente Clemente Auger enseña al periodista José Luis Gutiérrez cómo no se debe titular una noticia en la que sale una furgoneta, un alijo de droga y un rey de Marruecos. Toma nísperos. Claro es que con los jueces corre uno el riesgo de que se equivoquen. Errar es de humanos, que dijo el santo. Ignoro lo que a José Luis Gutiérrez le harán pagar en concepto de reparación a los herederos de Hassan II, ya en el seno de Alá, si los ropones del Constitucional dejan las cosas como están, por más que hayan clamado contra la sentencia casi todas las asociaciones mundiales en defensa de la Libertad de Expresión. Siempre será excesivo. No lo diré como consuelo del colegui, sino como abundancia. Un servidor, modesto periodista, tuvo que pagar unos cuantos millones a Alberto Alcocer, supermillonario y estafador, porque en la revista que dirigí apareció una afirmación cuya veracidad nadie negó. El magistrado ponente del Constitucional Rafael de Mendizábal entendió que lo que se decía allí era verdad, pero innecesario ¿Qué es eso de la verdad innecesaria? La verdad alaba a Dios y tacharla de innecesaria es un contradiós. Bueno, pues con todo, prefiero los jueces a los deontólogos espontáneos. ¡Gutiérrez, absolución!