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36 Madrid MIÉRCOLES 17 11 2004 ABC MADRID AL DÍA ESQUELAS MANUEL MARÍA MESEGUER D urante un tiempo, un empecinado lector de este diario me atrajo a su manía de empezar la lectura mañanera del ABC por las esquelas y el camposanto de los fallecidos en Madrid. No era ninguna novedad, pues menudean los lectores para los que la simple constatación de no encontrar su nombre entre los recuadros de orla negra tiene el mismo efecto que un latigazo de aguardiente en el desayuno. Pero afición tan necrófila acarreaba algunas consecuencias no deseadas, sobre todo si al comienzo de la lista aparecía alguien con una edad cercana a la del obseso. Ocurría lo mismo que a quienes no creen en los horóscopos y se deprimen si el de su signo le asegura una jornada repleta de penalidades. Por el contrario, si la lista de fallecidos comenzaba con un nonagenario y en un vistazo rápido, en diagonal, aparecían más ochentas y noventas que edades más tiernas entonces la lectura era presagio de que la jornada se iba a desarrollar de modo armónico y sin interferencias maléficas. La estadística del movimiento natural de la población madrileña en 2002 (básicamente del más acá al Más Allá) nos enseña que si se es varón de 76 años y se está casado, se tienen grandes probabilidades de aparecer en el obituario abecedario tan pronto uno se descuide en enero o en marzo, que son los meses más mortales del año. Por el contrario, si se es viuda de 87 años, las papeletas vuelan a su regazo. Los madrileños que fallecen al cabo del año vienen a distribuirse por igual entre cada sexo. En 2002 murieron en Madrid 13.155 casados y 11.089 viudas, la mayoría de ellos pasada la setentena. Al final fueron casi veinte mil por cada lado. La diferencia radica tan solo en la línea de meta, aunque mandan mucho las convicciones y el lugar al que uno aspira en el mundo. Una esposa aseguraba seriamente delante de su esposo que falleciera quien falleciera el primero, ella se iría a su chalé de El Escorial. Otra, que había pasado a la situación de viuda desde la de separada, confiaba a sus amigas que la calidad de vida de las viudas era muy superior a las de las separadas. ¡Dónde va a parar! exclamaba, cargada de razón. DIMES Y DIRETES LUIS MARTÍ MINGARRO DECANO DEL COLEGIO DE ABOGADOS DE MADRID LA RATIFICACIÓN DE NUESTRA VOCACIÓN EUROPEA a Constitución para Europa tendrá que ser ratificada próximamente por cada uno de los países de la Unión según sus propias normas constitucionales, mediante procedimiento parlamentario o por referéndum. Se trata de un texto que sirve de estandarte para cuantos tienen asumida la tarea de consolidar la integración europea. España forma parte de la actual vanguardia de las vocaciones europeas y en ese sentido la nueva Constitución es una buena palanca para seguir adelante, sin retrocesos y con las menores vacilaciones posibles. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que es una Constitución por su rótulo, pero un Tratado entre Estados por su rango. El Gobierno de la Nación, en afortunado consenso con el principal partido de la oposición, afronta el proceso de ratificación a través del tamiz de un referéndum, con objeto de legitimar, mediante la voluntad popular, el cambio en la cúspide de nuestras leyes. El nacimiento de nuevas normas, y más si pretenden ser normas de coronación del ordenamiento jurídico, L comporta cambios que transmiten impulsos renovadores a todo el sistema normativo y a su interpretación y aplicación. El repertorio científico y argumental de los juristas quedará significativamente renovado en la medida en que cambien cosas importantes: centros de poder y sus sistemas de control; organización institucional y objetivos políticos, con novedades importantes en la acción exterior. Así que será bueno que todos lo órganos constitucionales, y especialmente el más Alto de ellos, que es el Tribunal Constitucional, depuren el sistema técnico de integración de la Constitución Europea con la Constitución Española. Los abogados sabemos que no es novedosa la primacía del derecho comunitario sobre el derecho interno. Pero será necesario que la pirámide normativa que resulte tenga definidos con toda claridad sus contornos, sus escalones y su cúspide. Hay que evitar dudas y debates tardíos, cuando la cosa ya no tuviera remedio. Creo que la redacción de la Parte II Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión y, concretamente, de sus Títulos V Ciudadanía y VI Justicia sobre todo éste, es demasiado genérica. Se reconoce el respeto a los derechos de la defensa como no podía por menos de suceder; pero al no concretarse todo su contenido básico, los ciudadanos pierden unos estándares que muchos países teníamos ya consagrados: por ejemplo, la asistencia letrada al detenido desde el primer momento de su detención y los parámetros específicos del Art. 24 de la Constitución Española, que en la Constitución Europea quedan más gaseosos y desdibujados y nos han de obligar a un no pequeño esfuerzo de extensión interpretativa. El Colegio de Abogados de Madrid ya está haciendo sus deberes en materia de divulgación: tenemos convocado un Congreso sobre Constitución Europea y Extranjería que pondrá sobre el tapete la palpitante realidad de la emigración a la luz del nuevo marco constitucional europeo. Y, en coordinación con el Consejo General de la Abogacía, estamos diseñando la convocatoria de jornadas sobre la Constitución Europea que pongan al alcance de los juristas una visión suficiente de la misma. Es mejor ser ahora eurocríticos que no mañana euroescépticos Una de las grandes pretensiones de esta Constitución para Europa es consolidar la conformación de un espacio común de libertad, de seguridad y de justicia para, entre otras cosas, combatir más eficazmente el terrorismo, aplicar una política común sobre inmigración y asilo y avanzar sustancialmente en materia de cooperación judicial y policial. Si la Constitución Europea llega a ser Ley, trabajo sobrado tendremos todos para aplicarla. Hay que prepararse.