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12 Nacional LA INVESTIGACIÓN DEL 11- M MIÉRCOLES 17 11 2004 ABC JESÚS CAMPILLO Guardia civil del Servicio de Información que grabó las conversaciones de Lavandero en 2001 Bolinaga es una persona honrada y lista, quizá demasiado inteligente Hablar ante el juez Del Olmo ha sido como una confortadora confesión. Jesús Campillo entró ayer en el juzgado de Instrucción número 6 de la Audiencia nervioso y salió feliz POR LETICIA ÁLVAREZ MADRID. Al fin, Campillo se había deshecho del peso que llevaba encima desde que el 11- M le trajo a la memoria aquellas conversaciones en las que Lavandero le contó cómo dos avilesinos preparaban una importante venta de explosivos. En una entrevista exclusiva al diario gijonés El Comercio perteneciente a Vocento, concedida al salir de la Audiencia Nacional, el agente del Servicio de Información de la Comandancia de Gijón explicó cómo han sido estos últimos días e insinuó cómo serán a partir de ahora. ¿Satisfecho? -Mucho. El juez ha sido muy amable. Me trató fenomenal e, incluso, me ofreció un caramelo en medio de la conversación. Me hizo sentirme muy bien. -Usted es un testigo, no un imputado. -Ya, pero no es un plato de buen gusto tener que ir a un juzgado. Nunca lo es. ¿Qué le contó? -Juan del Olmo ha abierto un secreto sumarial, así que no puedo desvelar mis declaraciones. Sólo puedo decir que conté toda la verdad, todo lo que sé. Escuchamos la grabación, me preguntó una serie de cosas y después firmé mi declaración. ¿Hablaron de la situación en el cuartel de Gijón? -No. En cuanto entré en ese asunto, el magistrado me pidió que nos centráramos en lo que a él le interesa, que no es otra cosa que investigar los atentados. ¿Le explicó que se encuentra de baja psicológica? -Sí. Le dije que desde el 11- M estoy muy afectado. He perdido memoria y me desoriento. Nunca antes había cogido una baja por un motivo psicológico. No me gustan las bajas, pero así me quito de en medio y no me atosigan. Es más, a lo mejor me jubilan. A mí lo único que me atormenta es pensar que en mis manos estuvo evitar la matanza. Cada día que pasa estoy más convencido de ello. ¿Qué le diría a un familiar de alguna de las víctimas de los atentados de Madrid? -Que siento tristeza y pena. Y que cada vez que las imágenes salen de nuevo me como el coco. No hay un solo momento sin esa obsesión. -Se depuran responsabilidades, pero ¿cree que habrá condecoraciones? -No y, si lo dice por mí, mucho menos. A mí las medallas no me gustan. Las únicas que he recibido tienen que ver con la antigüedad. Tengo las de los 15 y los 25 años y, la verdad, no creo que llegue a la de los 35. ¿Por qué? ¿Piensa que a partir de ahora la vida no será igual en el cuartel? -No lo sé. Tendrán que pasar unos días y lo primero que tengo que hacer es mirar por mi salud. Cuando pase un tiempo prudencial, si veo que los mandos se comportan con normalidad, me pondré a trabajar como Dios manda: madrugar y trabajar. Siempre he sido el primero en llegar a la oficina. Si había que estar a las siete de la mañana, yo llegaba a las seis y media. Eso lo saben todos mis compañeros e, incluso, Bolinaga. Primeras medidas -Precisamente la destitución de Bolinaga ha sido la primera consecuencia de las investigaciones internas en la Dirección General de la Guardia Civil. ¿Le satisface esa medida? -Yo no soy quien para contestar a eso. Lo único que me preocupa es que la gente entre en el morbo y saque como única conclusión de todo lo que ha pasado que un guardia raso se ha cargado a un oficial. No es eso. El guardia civil Campillo, durante la entrevista ayer en Madrid -Pero, ¿cree que Bolinaga cumplió con su deber cuando llegó a sus manos la cinta con las grabaciones? -Sólo sé que esa cinta debió estar en Interior o en la Audiencia Nacional y que él no la mandó a ninguno de los dos sitios. Sólo la guardó en una caja fuerte. -No me ha contestado. -Algunas asociaciones insisten en Apretón de manos con Lavandero Perdóname L. A. R. Eran las once menos cuarto de la mañana cuando Campillo entraba en la sala de la Audiencia Nacional donde aguardaba el juez. Lo que el agente de la Guardia Civil no sabía con seguridad era si en el despacho se encontraría con Francisco Javier Lavandero su confidente. Había pasado un año desde la última vez que se vieron de manera fortuita y tres, desde que se produjeron los primeros contactos entre ambos. En medio de todo ese tiempo, el pasado 11 de marzo, suce- dió el peor atentado de la historia de Europa. Nunca, a pesar de la información que sobre la venta de la dinamita tenían, imaginaron que algo tan vil pudiera suceder. ¿Cómo se mirarían a la cara en ese primer encuentro? Esa pregunta rondó por la cabeza de Campillo durante los 50 minutos que duró el vuelo 479 de Iberia. Su preocupación tenía que ver con la grabación secreta que hizo de esas confidencias y que, tras una filtración, han salido a la luz dejando en evidencia la figura de Lavandero No sé si me quitará la cara o por el contrario nos daremos un abrazo comentó. No hubo abrazo, pero sí un sincero apretón de manos Del Olmo estaba delante. Al entrar en la sala, Lavandero estaba sentado, Campillo le miró y le dijo: Perdóname El gijonés que domesticaba serpientes le tendió la mano. Los dos escucharon la cinta, juntos, y en presencia del juez, la fiscal del caso y un escribiente. Cuando la cinta concluyó, Del Olmo les hizo varias preguntas. Después, ordenó a Campillo salir y, cuando volvió, Lavandero ya no estaba. Su futuro va a ser complicado admitió Campillo. Tengo la conciencia tranquila porque las grabadoras son oficiales, son una herramienta de trabajo, pero sé que su vida va a cambiar para siempre Lo ha convertido, sin quererlo, en testigo protegido; sin embargo, eso no le avergüenza: Cuando me ponía colorado era cuando preguntaba por cómo iba la operación serpiente y no podía responderle nada