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4 Opinión MIÉRCOLES 17 11 2004 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca Jefes de área: Jaime González (Opinión) Alberto Pérez (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Mayte Alcaraz (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Pablo Planas (Reportajes- corresponsal político) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Ignacio Sanz IGNACIO CAMACHO LAS REFLEXIONES, EN VOZ BAJA L A vicepresidenta del Gobierno calificó ayer de simple reflexión- ¿sería posible que el Ejecutivo reflexionara alguna vez en voz baja? -la propuesta del secretario de Estado de Hacienda, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, de eliminar gradualmente los beneficios fiscales de los planes de pensiones. Si efectivamente es sólo una reflexión, no puede ser más inoportuna, pues coincide con el período en el que las familias están haciendo su planificación fiscal, y las instituciones financieras, todo su esfuerzo publicitario para captar ahorro. Pero todo apunta a que se trata de otro debate público entre los miembros del Gobierno que añade desconcierto y confusión a unos agentes económicos y sociales no precisamente ávidos de incertidumbres. Hacienda justifica la irreflexiva propuesta en tres consideraciones. En primer lugar, que son los ricos los que más se desgravan. Lo cual, aparte de pura demagogia, es una simpleza. Porque los ricos a los que se refiere Ordóñez son españoles de clase media, profesionales que han de dedicar una mayor cantidad de su renta a asegurarse el nivel de vida tras la jubilación. Además, llamar ricos a los titulares de los más de siete millones de planes de pensiones que hay en España es un exceso verbal, porque, como sabe bien Fernández Ordóñez, los ricos cotizan por el impuesto de sociedades y la desgravación fiscal se incluye en el IRPF. Salvo que queramos hacer pagar el populismo a la clase media que disfruta de buenos salarios. En segundo lugar, se apela a la neutralidad entre las distintas formas de ahorro, lo que es un objetivo loable, pero los planes de pensiones no son un instrumento de inversión, sino de previsión, de ahorro a largo plazo. Como inversión son notablemente rígidos e inflexibles, lo que los hace muy poco atractivos en comparación, por ejemplo, con los fondos de inversión. Y ésa es la causa de un tratamiento fiscal favorable, que por otra parte es común a las economías de mercado más avanzadas y recomendado por todos los organismos internacionales. Se trata de incentivar a los individuos a responsabilizarse parcialmente de su jubilación y ayudar mediante el sistema público a aquellos que no han podido hacerlo porque sus ingresos en el ciclo vital no se lo han permitido. Pero el secretario de Estado parece preferir otra opción, como es la de incentivar los planes de pensiones de empresa, que todavía no cuentan en nuestro país con el suficiente nivel de penetración, en parte porque empresarios y trabajadores son poco partidarios de que sus ahorros sean administrados por organizaciones que tienen objetivos distintos al de la estricta rentabilidad. Por último, Fernández Ordóñez y la propia vicepresidenta aludieron a la esperada reforma integral del impuesto sobre la renta y al tratamiento de la vivienda. Ya hemos dicho en estas páginas que la eliminación gradual de la desgravación fiscal a la vivienda respetando plenamente los derechos adquiridos sería una medida que habría que analizar con sosiego y cautela, y que sólo debería anunciarse una vez decidida. Pero la gente también invierte en pisos para ahorrar a largo plazo. Si se elimina el atractivo de otras formas de ahorro previsional, irá más dinero al ladrillo, como gusta decir el Gobierno, y habrá más peligro de que explote la burbuja. La conveniente simplificación del IRPF tiene muchos problemas para su concreción si se quiere hacer sin merma de recaudación y sin una subida del impuesto a las plusvalías que ponga en peligro el ahorro, y por tanto el crecimiento y la creación de empleo. Prepare el Gobierno un Libro Blanco sobre la Reforma sin partidismos ni demagogias. Pero no reflexione en voz alta hasta que tenga las ideas claras. LA MEJOR RESPUESTA D EL ADIÓS DE POWELL OLIN Powell ha oficializado lo que se sabía en Washington desde hace semanas: que no va a seguir al frente de la Secretaría de Estado. El anuncio puede generar cierta ansiedad en las cancillerías europeas, donde se ha creado la imagen de un Powell más europeo que norteamericano, el menos bushita de la administración Bush. Sin embargo, su relevo puede enmarcarse en el deseo presidencial de impulsar la agenda política de su segundo mandato con savia nueva. Pero no desconocida, pues Condoleeza Rice presenta un perfil político reconocible y muy distinto al de su antecesor. Con todo, el anuncio de Powell y el todavía silencio de Rumsfeld no dejan de ser significativos. Los europeos han visto en la confrontación de estos dos pesos pesados la tradicional división entre halcones y palomas en política internacional. En realidad la división era otra: el secretario de Estado creía que la misión en el mun- C do de los EE. UU. pasaba por el mantenimiento del status quo en regiones como el Oriente Próximo, mientras que el de Defensa se alineaba más estrechamente con el presidente, para quien el cambio, no la estabilidad, era lo primordial para la seguridad internacional y de los norteamericanos después del 11- S. La salida de Powell no es sólo una satisfacción para Rumsfeld y el equipo del Pentágono. También puede interpretarse como un signo de las preocupaciones que rondan a Bush en su segundo mandato. Primero, acabar con éxito la tarea en Irak, dejando allí un gobierno constitucional, elegido y que funcione; segundo, seguir combatiendo al terrorismo islámico; tercero, promover un profundo cambio en Oriente Próximo, como fórmula para acabar con el odio que alimenta a los terroristas, y, por último, la lucha contra la proliferación de armas de destrucción masiva. Y Powell no encajaba en esos planes. ÍAS antes del acto público en Anoeta, el dirigente proetarra Arnaldo Otegi declaraba que ETA tiene total disposición a que las armas callen Hasta el momento, si las armas no han hablado no ha sido por falta de voluntad de los terroristas, sino por la anticipación de las Fuerzas de Seguridad del Estado, que están golpeando sucesivamente la estructura de la banda etarra. La última operación realizada en el País Vasco y Navarra, durante la madrugada de ayer, es un ejemplo más de la necesidad de mantener la presión sobre ETA y no ceder a las especulaciones sobre treguas o ceses de violencia. Es evidente que el nacionalismo vasco está empeñado en prepararle a ETA una pista de aterrizaje y no en señalarle el camino de la cárcel, como haría todo demócrata que se preciara de serlo. ETA sigue siendo todavía una amenaza real e inminente para la sociedad y el Estado. La eficaz operación policial realizada contra una red que servía, según el ministro del Interior, José Antonio Alonso, de ojos y oídos de los terroristas vuelve a poner de manifiesto que aún queda trabajo por hacer contra ETA. Su estructura está dañada, la sustitución de los detenidos es menos eficaz y el conocimiento policial de su organización se amplía con cada operación antiterrorista. Aun así, ETA puede seguir atentando y las conjeturas sobre horizontes ficticios de tregua y diálogo sólo conducen a reafirmar a los terroristas en la eficacia de su violencia y a subastar al alza la paz con más terrorismo. La estrategia de Batasuna y del nacionalismo es hacer creer que la paz dependerá, en última instancia, de un acto de voluntad de los terroristas. La estrategia del Estado debe servir para demostrar que la paz sólo será el resultado de derrotar a los terroristas. Tras el espejismo que algunos han creído ver en la propuesta batasuna lanzada en San Sebastián, el domingo pasado, la realidad se impone: seguimos ante los mismos terroristas y ante los mismos cómplices. Por eso, el Gobierno y el PP deben seguir, como exige la mejor respuesta a la publicidad engañosa de ETA y sus secuaces, manteniendo la misma unidad de acción que pactaron en el Acuerdo por las Libertades y Contra el Terrorismo. Este consenso, la Ley de Partidos, la reivindicación de las víctimas y el rearme legal del Estado de Derecho han sido decisiones estratégicas determinantes de la situación actual de regresión del terrorismo. La gran operación policial de ayer es el contrapunto realista a tanta ingenuidad sobre la voluntad pacificadora de Batasuna y ETA.