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ABC MIÉRCOLES 17 11 2004 La Tercera LA HORA DE LA LENGUA E L III Congreso Internacional de la Lengua Española, que han organizado el Consejo de Academias de la Lengua y el Instituto Cervantes y que inauguran Sus Majestades los Reyes en Rosario (Argentina) supone un salto cualitativo respecto a los dos que le precedieron, en Zacatecas (México) y en Valladolid. La huella que registra ese salto es que por vez primera se van a presentar resultados concretos de la política de las Academias de la Lengua de toda América y de la Española: el Diccionario Panhispánico de Dudas, y se sentarán bases de discusión sobre el proyecto de la nueva Gramática prevista para el año 2006. El calendario permite asimismo que una vez más sea el Quijote, con una edición de la Academia conmemorativa del IV Centenario, otro vínculo panhispánico, reconocido como la obra representativa, en tanto es la más alta creación literaria que sienten suya todos los hablantes de español en todo el mundo. Aunque en materia de cultura, y la lengua es nervio principal de ella, tengamos que mirar cada avance con la perspectiva sosegada del tiempo, hay que reconocer que hay épocas, momentos de la Historia especialmente fértiles, como si lo que lleva años larvado o latente, de momento explotara. Creo que en lo que respecta al idioma castellano vivimos uno de esos momentos de fertilidad, en que un lento proceso alumbra frutos evidentes. Diría que lo que está ocurriendo con la lengua española en los últimos quince años sólo es parangonable a ese momento de comienzos del siglo XVIII que permitió la magna empresa del Diccionario de Autoridades, el primer Diccionario de la Real Academia, aparecido en 1726. En cuanto a los asuntos de la lengua se refiere, en tan sólo quince años se está avanzando tanto como en los dos últimos siglos. No resulta casual que uno de los responsables del proceso de modernización de la Real Academia, Fernando Lázaro Carreter, dedicara su primer gran estudio, que fue su tesis doctoral, a las ideas lingüísticas del XVIII, o que fuera precisamente el Diccionario de Autoridades la materia de su discurso de ingreso en la Real Academia. Lázaro persigue en su estudio de génesis del gran Diccionario y en los eruditos ilustrados ese mismo afán de renovación cultural que les llevó a él y a quien fue con él Secretario y es desde hace seis años su Director, Víctor García de la Concha, a lanzar a la Academia al desafío de ponerse a la altura de nuestro tiempo. Los viejos académicos del XVIII manejaban un concepto de autoridad como registro literario, e hicieron acompañar cada voz de su diccionario con la autoridad de Fray Luis, de Cervantes o de Quevedo, profusamente citados como fuente. En los últimos años los académicos se dieron cuenta de que las autoridades de la lengua a finales del siglo XX tenían que incorporar dos aliados que sumar a la forja que de ella hacen los grandes escritores: los medios de comunicación, el periodismo en su sentido más amplio, y la informática. Y comprendieron además un gran desafío para la Academia: la relación con las de América, porque la lengua es de quienes la hablan y la escriben, y la mayoría de usuarios está allá, en la otra orilla del Océano. Una lengua tan dispersa geográficamente y pertene- No puede concebirse un diccionario sin estar atento al idioma vivo, y su registro cotidiano vive en el periodismo, nueva fuente de autoridad, tanto como en los escritores antaño y ahora ciente a tantos países que la tienen como lengua materna oficial debía modificar el principio de autoridad que había regido durante siglos. Ni el uso, que, como decía Quintiliano, es fuente primera de autoridad, ni el consenso de los eruditos o estudiosos se bastan por sí solos: era preciso hermanarlos. El uso, yendo a las fuentes en que se registra hoy el verdadero uso, los medios de comunicación, y el consensum eruditorum, buscando el acuerdo, la complicidad con las Academias americanas, en la normativa de una materia que es de todos. La significación mayor del Diccionario Panhispánico de Dudas, que se presenta en este III Congreso Internacional en Rosario, Argentina, está en el prefijo griego Pan, que es inclusivo de todos los hispanismos, de cuantos son usuarios, y se ha hecho con la ayuda de la informática, pero también al cuidado de un amplio equipo bajo la dirección de un experto de la solvencia científica del vicedirector de la Academia, Gregorio Salvador. La informática, internet en concreto, ayuda a fijar las dudas de los hablantes, y los expertos de los diferentes países de nuestra amplia geografía lingüística, a resolverlas. Tampoco es casual el concepto de autoridad sobre el que se edifica el diccionario titulado Redes. Diccionario combinatorio del español contemporáneo, que ha dirigido Ignacio Bosque. Llamo la atención sobre esta magna obra, porque es inédita en el ámbito lingüístico europeo y supone un avance metodólogico que ahora me es imposible calibrar en su justa medida, pero que cabría situar en el mismo venero de fertilidad que supuso en su día el de María Moliner, una de cuyas frases abre el Diccionario de Bosque. Hasta que algunos lingüistas (y Gregorio Salvador se cuenta, por cierto, entre los pioneros en nuestro campo) se dieron cuenta de la importancia que tenía el concepto de solidaridad lexemática, anduvo la lexicografía ciega a los contextos combinatorios de las palabras, y sobre todo tan vedada a las cosas de la gramática como a la inversa: tampoco los gramáticos entendían que eso de las combinaciones y los contextos de frase o locuciones, en que las palabras nacen y desarrollan su sentido, tuvieran que ver con ellos. El de Ignacio Bosque es el primer diccionario que tiene en cuenta ese lugar donde la lengua es al mismo tiempo gramática y vocabulario. Y, por cierto, creatividad a borbotones. Pero vayamos otra vez, de la mano del diccionario Redes, a ese asunto de la autoridad. ¿Qué corpus de combinaciones de palabras ha ordenado? un corpus de 250 millones de usos procedentes de 68 fuentes periodísticas de España y América. Otra vez la lengua en donde se encuentra, en su uso cotidiano en los periódicos como fuente primera, y en ambos lados del Atlántico. Ciertamente, ya se vio en el de Manuel Seco, como lo había visto María Moliner, no puede concebirse un diccionario sin estar atento al idioma vivo, y su registro cotidiano vive en el periodismo, nueva fuente de autoridad, tanto como en los escritores antaño y ahora. Aparte de su novedad metodológica, Redes es una aventura de conocimiento por la que puedes viajar viendo el territorio sin límite de la creación del lenguaje, que es una creación semántica combinatoria y no se limita a la palabra aislada. Por ejemplo, en este diccionario podemos perseguir la voz leer cuando se combina obviamente con verbos de percepción, pero también con consumo: voraz, ávido puede ser un lector, combinación que otros diccionarios no registraban. Por vez primera tenemos a nuestros ojos la evidencia de aquella frase de Du Marsais de que en un día de mercado se oían más metáforas que en una sesión académica, porque los hablantes, depositarios de una cultura fundamentalmente creativa, han combinado las palabras con tal grado de finura, y tantos y diferentes usos figurados hay en esa combinatoria, que ahora podemos saber dónde se halla el secreto de los poetas: haber llevado a registro culto algo que los hablantes hacen de continuo en su uso cotidiano. Lo recordaba Cervantes en su Quijote: todos los poetas escribieron en la lengua que mamaron en la leche y no fueron a buscar en las estranjeras para declarar la alteza de sus conceptos La lengua española, que es cosa de entendimiento y corazón, la poseen esos millones de poetas anónimos que la hablan en las dos orillas del Atlántico, en sus combinaciones, haciendo de ella tales usos que no hay ya mengua posible. Felices son estos años para la lengua de Cervantes. JOSE MARÍA POZUELO YVANCOS Catedrático de la Universidad de Murcia