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56 Cultura MARTES 16 11 2004 ABC El arquitecto japonés Yoshio Taniguchi convierte el MoMA en una catedral del arte moderno El museo reabre sus puertas el viernes aplicando un precio astronómico a las entradas: 20 dólares de las vanguardias cristaliza en un museo luminoso que, con una inversión de 425 millones de dólares, ha duplicado su sede en Manhattan ALFONSO ARMADA CORRESPONSAL NUEVA YORK. El arquitecto japonés Yoshio Taniguchi cumplió con creces lo prometido a los riquísimos miembros del Patronato del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) Captad un montón de dinero para mí y os daré buena arquitectura. Captad mucho más dinero y haré que la arquitectura desaparezca Con una inversión de 425 millones de dólares y una recaudación de fondos de casi el doble, el MoMA ha casi duplicado su sede en el corazón de Manhattan y fabricado una deslumbrante catedral para la más asombrosa colección jamás amasada del arte moderno. Taniguchi ha creado un museo luminoso, con vertiginosas paredes de cristal que se asoman y establecen un diálogo de mutuo reconocimiento entre las vanguardias consagradas y la capital del siglo XX. De catedral invisible lo califica en la revista New Yorker John Updike: la presencia y la ausencia parecen balancearse en espacios de impoluta blancura en los que la luz natural y el recogimiento se convierten en los mejores condimentos para la comunión artística en un tiempo de hambre de grandes certezas. Algo de templo laico atesora este museo fundado en 1929 por la esposa de John D. Rockefeller y las de otros dos potentados neoyorquinos para exponer su colección de postimpresionistas, piezas que hoy son, con los Nenúfares de Monet y Las señoritas de Aviñón de Picasso, los evangelios de un museo que en menos de cuatro años ha completado su mayor renovación y ampliación. b La consagración Una mujer contempla a través de un ventanal parte de las instalaciones ampliadas y remozadas del MoMA Taniguchi ha logrado ensamblar con una elegancia celebrada por la crítica arquitectónica las diferentes etapas de la historia del museo, desde el International Stylye con el que Philip L. Goodwin y Edward Durrell Stone crearon en 1939 su primer edificio, pensado para acoger una colección que no ha dejado de crecer, hasta las sucesivas ampliaciones realizadas por Philip Johnson en 1951 (su jardín de esculturas, construido en 1953, cobra ahora un majestuoso esplendor) y la expansión de Cesar Pelli en 1984. A tiempo para celebrar su 75 aniversario, este viernes reabre el MoMA sus puertas, con astronómicas entradas a 20 dólares para el culto. Taniguchi ha trazado un nuevo corredor urbano entre las calles 53 y 54, al fabricar una doble entrada que se prolonga en T con el jardín de las esculturas: mientras desde dentro un formidable mural de Joan Miró recibía ayer rayos directos del sol del noviembre, la famosa cabra de bronce picassiana ramoneaba mármol en el jardín. La catedral disuelta en la trama urbana del corazón de Manhattan está coronada por un sexto piso formado por dos descomunales salas con tragaluces por los que se cuela tanto el cielo de Manhattan como rascacielos vecinos, y que estará dedicado a exposiciones temporales. Glenn Lowry, el director del museo, no ocultaba ayer su entusiasmo y fervor, aunque insistía, como un disidente de las escrituras, en que la lectura REUTERS 60.000 metros cuadrados Con cerca de 60.000 metros cuadrados y un nuevo espacio distribuido a lo largo de seis pisos que jerarquizan las etapas del arte moderno y palpan el contemporáneo, las nuevas galerías amplían de 8.000 metros cuadrados a 11.600 los disponibles para exhibición. Incluido un atrio de 10 metros de altura, donde un Obelisco roto de Barnett Newman, se mide con los Nenúfares de Monet, que parece el leit motiv secreto que ha guiado a Taniguchi. Muchos de los vertiginosos cortes practicados en los muros sirven para que el visitante no pierda la orientación- -tanto en el mamapundi del arte moderno como en la parrilla urbana de Manhattan- y de marco para fragmentos de Nueva York, cuadros vivos corregidos por la luz y el tiempo, una traducción arquitectónica del empeño que Monet puso en reflejar todos los cambios posibles de la realidad. Taniguchi ha trazado un nuevo corredor urbano entre las calles 53 y 54 al fabricar una doble entrada Las nuevas galerías amplían de 8.000 metros cuadrados a 11.600 el espacio disponible para exhibición Glenn Lowry, director del museo, no ocultaba ayer su entusiasmo y fervor por ver concluida la ampliación del arte hecha por el nuevo MoMA redivivo era provisional Desde inquietantes barandillas que se asoman al atrio central se ven los estratos de la historia artística del siglo XX: si en la quinta planta brillan con luz propia viejos amigos, como Las señoritas de Aviñón o la Noche estrellada además de obras a las que los devotos han echado de menos estos años de exilio en Queens, como piezas maestras de Munch, Rousseau, Gauguin, Matisse, Chagall, Klee, los relojes blandos de Dalí, Duchamp, Malevich y Giacometti, en un jordán inagotable, la cuarta abarca a Louise Bourgeoise, Pollock, Rothko, Warhol y Jasper Johns; la tercera está dedicada a la fotografía, el diseño, la arquitectura y el dibujo, mientras que en la segunda triunfa el acaso ya mal llamado arte contemporáneo, desde la pizarra de garabatos Cy Twombly a un fragmento de casa de Gordon Matta Clark, Clemente y los lienzos grises de Gerhard Richter. Doble altura para las preguntas que el arte se quiere seguir haciendo a pesar de que el MoMA parece haberse convertido ya en un nuevo vaticano de la vanguardia, una blanca y maravillosa catedral de la admiración.