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ABC MARTES 16 11 2004 27 Dos grupos radicales palestinos anuncian una tregua hasta después de las elecciones presidenciales La guerrilla iraquí abre nuevos frentes ante la intensificación de la ofensiva por las fuerzas de EE. UU. Durante los últimos 30 años, Powell advirtió a varios presidentes de los riesgos y responsabilidades del uso de la fuerza militar Un líder con doctrina P. RODRÍGUEZ WASHINGTON. Si la talla de un líder político se mide por la capacidad de transformar el sentido común en doctrina, este hijo de inmigrantes jamaicanos criado en el South Bronx tiene un puesto asegurado entre las figuras estadounidenses más decisivas de la post- Guerra Fría. Partiendo de su experiencia en Vietnam como un joven teniente de Infantería, esta encarnación meteórica del sueño americano es responsable durante las tres últimas décadas de haber advertido a varios ocupantes de la Casa Blanca- -no siempre con éxito- -sobre los peligros y responsabilidades asociadas con el uso de la fuerza militar. La llamada doctrina Powell inspirada por el sufrimiento propio a diferencia de las cómodas y grandilocuentes disquisiciones académicas de los neocons insiste en que solamente vitales intereses nacionales justifican que Estados Unidos se embarque en un conflicto militar más allá de sus fronteras. de moderación con el corolario conocido como la regla de la cacharrería De acuerdo a las revelaciones del último libro del periodista Bob Woodward sobre la invasión de Irak, Colin Powell se reunió a solas con el presidente Bush en el verano del 2002 para advertirle de que Irak era como una delicada vajilla con la implícita responsabilidad de pagar por cada plato roto. Según el aviso del secretario de Estado, al derrocar a Sadam Husein por la fuerza, Bush pasaba a ser el orgulloso dueño de 25 millones de personas con responsabilidad sobre todas sus esperanzas, aspiraciones y problemas Un regusto amargo Esta vez, la regla de la cacharrería de Colin Powell no ha prosperado en una Administración dominada por halcones y donde el uso de la fuerza no está considerado como un último recurso sino como un remedio preventivo. Y con más de mil soldados estadounidenses muertos en Irak, el general reconvertido a la diplomacia se marcha de su puesto con un regusto de amargura que no logra ocultar toda su demostrada fidelidad al presidente George W. Bush. Justo el último día de la Administración Reagan, Colin Powell- -por entonces asesor de seguridad nacional- -se acercó hasta un Despacho Oval casi vacío para decirle a su jefe: Señor presidente, hoy el mundo está tranquilo Pese a su optimismo casi genético, no va a poder decir lo mismo al despedirse de George W. Bush y cerrar una trayectoria de servicio público que empezó luchando en Vietnam. Como tenía buenos músculos, siempre le tocaba cargar con el equipo militar más pesado. Lo que en cierta manera ha sido el leitmotiv de su estelar carrera. Tres reglas de oro REUTERS Para cubrir esta importante vacante diplomática en las filas de Administración Bush, las especulaciones se centran en la actual consejera de seguridad nacional de la Casa Blanca, Condoleezza Rice, pese a sus filtrados deseos por convertirse en la primera mujer al frente del Departamento de Defensa. La quiniela de nombres que circula por Washington también incluye a John Danforth, actual embajador de Estados Unidos ante la ONU, ex senador republicano por Missouri y reverendo episcopaliano. Como gesto bipartidista, también se han mencionado los nombres de demócratas centristas como el senador Richard Lugar o el ex senador Sam Nunn. Junto a la retirada de Powell, ayer lunes también quedaron confirmadas las dimisiones de Ann Venneman, titular del Departamento de Agricultura; Spencer Abraham, de Energía; y Roderick Paige, de Educación. Jubilaciones que se suman a las anunciadas la semana pasada por parte del fiscal general John Ashcroft y el secretario de Comercio, Don Evans. A esta reestructuración de personal más o menos normal tras unos comicios se suma toda una polémica serie de bajas entre altos cargos de la CIA, frustrados con los nuevos responsables políticos nombrados por la Administración Bush. De acuerdo al pensamiento acuñado por este carismático líder, el uso de la fuerza del gigante americano debe ir siempre acampando con respaldo de la opinión público, una estrategia de salida y el empleo de todos los medios militares necesarios para arrollar al enemigo. Estos principios, arropados con grandes dosis de multilateralismo y alternativas no bélicas, se vieron acrisolados durante la liberación de Kuwait en 1991, cuando Colin Powell ocupaba con el rango de general de cuatro estrellas la presidencia de la Junta de Jefes de Estados Mayor del Pentágono. Una década después, ya convertido en secretario de Estado, Powell ha vuelto a insistir en su doctrina